Por J. Jesús López García

59. Arbotante de la Plaza de ArmasDentro de la categoría expresada como “mobiliario y equipo” se incluyen una serie de objetos que van haciendo más amable el uso del espacio urbano: una banca a la sombra de un árbol, un arbotante del alumbrado que brinda su luz para propiciar ámbitos más funcionales y seguros, un basurero o un buzón que acercan el servicio público a los habitantes.

Lo anterior es sólo una muestra de lo que puede encontrarse en la ciudad. De hecho, la urbe es la propiciatoria de la aparición de esos elementos cuyo papel ha sido complementar con su empleo una cotidianeidad urbana cada vez más compleja. Algunos se han convertido en emblemas o iconos de sus capitales respectivas como las “bocas de metro” parisinas realizadas en estilo Art Nouveau por el arquitecto Héctor Guimard, o las casetas telefónicas londinenses diseñadas por sir Giles Gilbert Scott, autor también de la planta eléctrica de Battersea en Londres, famosa entre otras cosas, por aparecer en la portada del disco Animals del grupo Pink Floyd.

A los ejemplos citados, que son referentes en sus metrópolis y materia de postales, se agregan fuentes públicas, algunas como la del Manneken Pis en Bruselas coronada por la figura de un niño pequeño orinando, son todo un motivo de visita y orgullo de su comunidad, así como otras esculturas cuyo destino es fortalecer la unión de la colectividad entorno a un evento o un concepto que ella misma tiene sobre sí, como La Sirenita de Copenhague, El Ángel –Monumento a la Independencia- en Paseo de la Reforma y la figura de Juárez en el Hemiciclo de la Alameda Central en la Ciudad de México.

El diseño de los elementos más apegados al uso cotidiano, obedece a su utilidad práctica que varía de acuerdo a las épocas, a los ciclos y a las circunstancias del lugar: por ejemplo, los bebederos públicos actualmente no los encontramos funcionando en la ciudad, contenedores y basureros varían de acuerdo a su adecuación a las modalidades de su servicio, otros como bancas o arriates perduran más tiempo; algunos como los buzones -en otros tiempos pre-internet- característicos de la urbanidad moderna, ahora son cada vez más escasos.

A diferencia de objetos de reciente aparición que han ido proliferando, baste citar los aparatos para ejercicio en parques públicos, los modelos de algunos arbotantes que portan las lámparas de la ciudad así como los bolardos que protegen las áreas peatonales del arroyo de tránsito rodado o los paraderos de autobús, van desarrollándose conforme a pautas de diseño que varían de acuerdo a etapas de renovación.

Estos componentes surgieron de la complejidad creciente de la vida urbana, pero fuesen de carácter meramente utilitario o con una connotación social, histórica, cultural o política, muchos de ellos van sedimentándose en el imaginario colectivo aún después de haber desaparecido ¿Quién en Aguascalientes vio personalmente los leones de la entonces Avenida Madero? ¿O el platón a manera de pebetero que coronaba la columna de la Plaza de la Patria anterior al águila que hoy ocupa su lugar? Indudablemente esas piezas tuvieron y tienen una resonancia simbólica mucho mayor a una banca o un basurero y su ubicación actual es desconocida; aún así, todavía pueden ubicarse a lo largo de la calle La Alameda –desde el templo La Purísima hasta las vías del ferrocarril- y en la Avenida Revolución –desde las vías del ferrocarril hasta los Baños de Ojo Caliente-, esculturas, con sus bien logrados zócalos, reubicadas ahí desde otros puntos de la geografía citadina, o en varios puntos de la ciudad, las lámparas de los años cincuenta que se localizaban en las cuatro esquinas de la vieja Plaza de Armas.

Ciertas piezas al sustraerlos de su contexto han perdido su carácter representativo, algo de su significación, más el hecho de que aún varias existen y que siguen siendo parte del mobiliario o el equipo urbanos es muestra del orgullo de su proyecto, dignidad en objetos que transmite pundonor a la ciudad que los reúne, de donde se desprende el esmerado diseño que en tantas ciudades sigue vigente en la materialización y efectismo de su creación y emplazamiento.

Contando en un inicio con el trabajo de los arquitectos para producir los objetos que hacen más habitable el espacio público, por ejemplo los accesos parisinos del metro o las casetas londinenses, actualmente la ciudad participa de la concurrencia de múltiples disciplinas para esa acción. Hay que valorar el cuidado que una comunidad tiene en las piezas que componen su ciudad tanto en su producción como en el uso, finalmente esto es reflejo del esmero que la misma población tiene por sí misma.