Víctor Hugo Granados Zapata

Un breve recordatorio

La crisis educativa apenas comienza a visibilizarse en la opinión pública, principalmente por aquellos medios que transmiten los testimonios de madres y padres de familia, preocupados por las condiciones en que están las escuelas, tanto a nivel estatal como a nivel federal. Tenemos múltiples desafíos al frente, comenzando por la difícil tarea de sostener un regreso a clases presencial, con todos los problemas que traer consigo: sentimientos encontrados entre autoridades escolares y las familias, falta de recursos e infraestructura educativa y la necesidad de generar nuevas alternativas. Sin embargo, el alza en el número de contagios también impacta en el ánimo de planear un regreso presencial ¿qué tan necesario es el regreso? ¿Acaso no funciona el modelo de aprendizaje a distancia? A pesar de que ya he mencionado en este espacio las consecuencias que ha traído la pandemia a la educación en nuestro país y en Aguascalientes, necesitamos un breve recordatorio que nos refresque la memoria, sobre todo en estos momentos donde cualquier decisión en torno a la educación de las niñas y niños puede ser crucial para su futuro.

Salieron del sistema educativo, según cifras de la encuesta realizada por el INEGI Ecovid-Ed, 5.2 millones de estudiantes desde inicios de la pandemia hasta que se publicó este informe a mediados de febrero. Dentro de esta cifra, 1.8 millones de estudiantes salieron a consecuencia de temas relacionados por el COVID-19 (muerte de un familiar, cuidados del hogar, etc.) sin mencionar que esta cifra podría haberse ampliado desde que se publicó este trabajo hasta el día de hoy que usted está leyendo esta columna. Ahora, este fenómeno es un problema que ha afectado a todos los países del mundo, por ejemplo, según cifras del Banco Mundial, en 13 meses que estuvo frenada la educación presencial aproximadamente 120 millones de niñas y niños en toda América Latina y el Caribe podrían llegar a perder un año completo de estudios (a partir de los conocimientos que no lograron adquirir durante este tiempo), por lo mismo es que esta misma institución exhorta a los países latinoamericanos a reabrir las escuelas cuanto antes.

Por otra parte, la Secretaría de Educación Pública no logró desempeñar bien su tarea al momento de darle continuidad al programa de “Aprende en Casa”. Con un costo inicial de 450 millones de pesos, esta ha sido la política educativa más ineficaz que hemos tenido en los últimos años, dejando de lado las cifras que mencionamos anteriormente sobre deserción, según este mismo estudio del INEGI menos del 6% de los estudiantes de educación básica (ciclo escolar 2020-2021), en todo el país, tomaban sus clases de los programas de televisión. Se le cuestionó a la SEP esta decisión, desde academia hasta la sociedad civil, y aun así prefirieron continuar con este programa que solamente postergaba lo inevitable: el regreso presencial.

En un esfuerzo por adelantar el regreso presencial, a mediados de abril e inicios de mayo de este año (mucho tiempo después del que debían), se implementó la vacunación masiva a docentes en todo el país, tanto del sector público como del sector privado. Lo anterior fue cuestionado debido a la “preferencia” que se le dio al magisterio (aunado también a que la actual titular de la SEP, la maestra Delfina Gómez, es miembro del SNTE) sobre otros trabajos que tenían un mayor nivel de exposición al COVID-19 (policías, conductores de transporte público, funcionarios públicos de primer contacto, etc.), pero la urgencia por regresar a las aulas está totalmente justificada. De esta forma es como llegamos al regreso presencial que se dio hace dos semanas.

Así es como cerramos este ciclo escolar tan ajetreado, sobre todo para las y los estudiantes, quienes al final somos los que resentimos las improvisaciones y la falta de diálogo entre las diferentes voces en el sistema educativo (academia, sociedad civil e incluso las propuestas estudiantiles). Por obvias razones, el regreso presencial podría provocar que algunos estudiantes lleguen a contagiarse, pero debemos dejar la idea de cerrar las aulas y comenzar a pensar en:

  • Exigir mejores condiciones de salubridad en las escuelas, desde contar con agua en todas las instituciones educativas hasta gel antibacterial, así como monitorear el cumplimiento estricto de las medidas de sanidad.
  • Indagar posibles alternativas para evitar el regreso a la educación en línea, es decir, probar con modelos híbridos de aprendizaje y sesiones de nivelación.

El Instituto de Educación de Aguascalientes ha realizado diferentes labores para garantizar la infraestructura básica en las escuelas, desde la realización de convenios con otros entes públicos para garantizar servicios básicos hasta la inversión de 50 millones de pesos para el acondicionamiento de las escuelas, pero esto no será suficiente. Se vienen retos enormes para el siguiente ciclo escolar, sobre todo para realizar las evaluaciones diagnósticas y elaborar políticas públicas enfocadas a mejorar la calidad educativa, combatir el abandono escolar y reducir la brecha educativa. Hay que unir esfuerzos, entre la sociedad, la academia y los gobiernos para impulsar una pronta recuperación de esta crisis educativa, por el bien de las y los estudiantes de Aguascalientes y de todo el país.