Este lunes se anunció un nuevo aumento al salario mínimo en nuestro país, que viene muy acorde a la apuesta del nuevo Gobierno Federal de combatir fuertemente el problema de desigualdad que históricamente hemos visto en México. En términos porcentuales el aumento al salario mínimo será del 5% en la zona de la frontera norte, y del 20% en el resto del país (las dos áreas en las que se diferencia este indicador).

El aumento al salario mínimo sin duda representa una acción positiva pues intenta, de a poco, que los trabajadores más desfavorecidos dentro del sector formal de la economía puedan tener un nivel de ingreso superior a las líneas de bienestar y así poder salir de una situación de pobreza.

Por el otro lado, el tema de incrementos por decreto al salario ha sido siempre controversial y causante de mucha polémica y opiniones divididas. El hecho de incrementar el salario meramente por decreto y no por un incremento en productividad o por algún incremento en la demanda de cierta mano de obra, abre la posibilidad de generar un efecto inflacionario o en su defecto una reducción en la demanda de mano de obra. Esto es porque, al no haber una causa endógena que exiga un mayor precio del salario, el simple hecho de incrementar el pago al trabajo (manteniendo todo lo demás constante) generaría naturalmente afectaciones en las diferentes variables del entorno económico.

En este sentido es posible que un incremento salarial por mero decreto genere efectos inflacionarios en la economía (al elevar automáticamente el ingreso de los trabajadores y por ende sus niveles de consumo o ahorro, o que genere un efecto negativo en la demanda de dicha mano de obra (al tener que pagar salarios más altos por la misma mano de obra y sin ser más productiva, los empleadores que demandan mano de obra ahora serán capaces de contratar menos personal).

Sin embargo la otra postura, que es igual de lógica e igual de congruente, sugiera que un incremento por decreto al salario se debe implementar cuando el mismo salario ha tenido una depreciación en su valor real a través del tiempo. Esto se da básicamente porque la tasa a la que ha crecido el salario ha sido menor a la tasa de crecimiento en los niveles generales de precios dentro de la economía. Para el caso de México podríamos decir que juegan hasta cierto punto las dos posturas y que podríamos ver los dos escenarios de manera simultánea.

Sin embargo, creo que para nuestro caso particular tiene un mayor peso la segunda postura, y que difícilmente habremos de ver un efecto inflacionario o una caída en la demanda por mano de obra, que sean causados meramente por el incremento al salario mínimo general de nuestro país. Esto es porque, por un lado, el salario mínimo general ha tenido una caída pronunciada en su valor real durante los últimos 25 años. Esto se explica porque desde 1994 hasta el año pasado, el salario mínimo tuvo un incremento total acumulado del 479%, mientras que la inflación total acumulada en el mismo período fue del 593%, que se traduce en una pérdida cercana al 20% en su valor real.

Por otro lado, es importante mencionar que desde hace algunos años, el salario mínimo dejó de ser una unidad de referencia para salarios mayores, multas, pagos y cálculo de créditos, por lo que un incremento no tendría necesariamente un impacto directo en estos precios, y además de esto es importante mencionar que la fracción de trabajadores formales que recibirán este aumento es realmente baja, pues se estima solamente cerca de 3 millones de trabajadores en el país reciben ingresos equivalentes a uno o dos salarios mínimos al mes.

Sin embargo, y sin descartar la posibilidad de que a futuro exista una inflación general en los salarios del sector formal o desaceleración en la demanda por mano de obra, habremos de seguir muy de cerca la evolución del mercado laboral formal en México durante el próximo año cuando entre en vigor este fuerte aumento al salario mínimo. Por un lado, se espera que se mantenga un nivel bajo de inflación como ha sucedido en el último par de años, pero por el otro lado se antoja difícil que la creación de empleos en el sector formal puedan corregir la tendencia negativa que ha mostrado en el último año.

Lo que sí es claro es que se necesitaba un incremento en el salario mínimo después de que ha perdido su valor en términos reales, y que esto sin duda podría recortar el porcentaje de personas que al día de hoy se encuentran en situación de pobreza.

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@1ricardovargas