Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Cuando el presidente expresó en su homilía mañanera que la pandemia le había caído a la 4T como “anillo al dedo”, muchos pensamos que se trataba de un dislate de los muchos en que ha incurrido y de los que ha sido absuelto por el pueblo sabio, por la circunstancia evidente de que es menos sabio de lo que él dice y mucho menos de lo que en general se suponía. Poco a poco se ha ido viendo de que no fue una estupidez sino solamente un lapsus, dijo lo que pensaba, lo que no era políticamente decirlo en ese momento y que, sin embargo el “pueblo sabio” dispuesto a exonerarlo de cualquier culpa y convencido de su recta intención, aunque un poco menos de su capacidad y definitivamente menos de la preparación y conocimientos de los integrantes de su equipo, todavía transcurre en el periodo de la negación. No quiero aceptar que me equivoqué, no puedo aceptar que me equivoqué, es la primera etapa del duelo. No lo quiero aceptar porque aceptarlo implica renunciar a la esperanza que fue la primera motivación para votar por el predictador. La esperanza dice el dicho, muere al último y será lo último a lo que renuncie el pueblo sabio luego de haberla perdido con los gobiernos del PRI y no haber alcanzado a cimentarla con los gobiernos del PAN. El PRD fue una llamarada de petate que el propio predictador se encargó de participar en su extinción.

Si el manejo total de la pandemia ha sido tan faccioso que raya en lo criminal, la forma en que se ha tratado en los medios por el gobierno de la República el asunto de la vacuna contra el COVID, ha sido verdaderamente deleznable. No hay necesidad de recurrir ni a declaraciones ni a datos de la oposición que sigue siendo pequeñita, pequeñita en presencia y pequeñita en resultados, sino que basta con la

propia publicidad gubernamental para apreciar la desfachatez y el cinismo con el que se falsean los hechos y la manera en que se muestran como grandes logros lo que no es sino un manejo medianamente burocrático, que se ha aprovechado también para dar publicidad a una empresa de paquetería y propiciar foros para los gobiernos estatales más o menos tolerados y poner en la picota nuevamente a los aborrecidos.

El presidente anunció en cadena nacional y acompañado por una blusa Gucci portada por la no primera, el “milagro” de la llegada de la vacuna, lo que emocionó a muchos. Ya se sabe la habilidad que tiene para manejarse y manejar al pueblo sabio, no hay más que recordar cómo se conmovió al anunciar la muerte de Manzanero, aunque, hay que decirlo de repente la soberbia lo pierde, como cuando se burló del número de muertes por la COVID, considerando los datos como exagerados. No hay tal milagro, ha sido un trabajo arduo, a marchas forzadas de las naciones neoliberales, las que lo son abiertamente y las que lo son disfrazadas, como es el caso de las dictaduras rusa y china. Habrá que repetir con José Enrique Rodó: los admiro pero no los quiero. El desarrollo de las vacunas en los países occidentales ha sido una carrera de obstáculos en la que cada uno de los pasos, avances y retrocesos, han sido seguidos por las cadenas noticiosas y en la que, los que hemos querido nos hemos enterado de los éxitos y los fracasos de los diferentes procesos, de las ventajas y los inconvenientes, de los puntos buenos y los malos de cada una de las diferentes vacunas anunciadas. Si no hubiera más, sería suficiente razón para confiar la transparencia y apertura con la que se han manejado estas grandes empresas. ¿Que será un negocio millonario? Sin duda, y sin duda también, lo vale.

Hace unos meses la apuesta del gobierno mexicano con el apoyo (¿complicidad?) de Carlos Slim fue por la vacuna en desarrollo denominada Astra Zeneca, en ese tiempo el merolico López-Gatell se encargó de descartar la posibilidad de aplicar la vacuna de Pfizer por requerir un sistema de distribución y conservación en ultra congeladores que permitieran conservar una temperatura de alrededor de menos 500 grados Kelvin, algo así como menos 75 grados centígrados, nos dijo que conseguir o construir las instalaciones necesarias harían inviable su utilización, curiosamente meses después, se compró una muestra de la vacuna de Pfizer, se ha empezado a distribuir y aplicar y, no se ha requerido de la compra o desarrollo del sofisticado sistema que López-Gatell anunciaba.

Ahora la publicidad política nos presenta al gobierno como el milagroso salvador de la patria con la llegada de unos cuantos miles de unidades de vacuna. Con toda pompa se anunciaron “simulacros” adicionales a los simulacros diarios de gobierno de la 4T, en los que unidades del ejército fuertemente armadas custodiaron las camionetas de la compañía transnacional de mensajería para hacer un recorrido que, con los pies en la tierra, no implicaba ningún riesgo ni ninguna premura (cuestión de minutos), para los últimos tramos de recorrido de la vacuna.

El escenario para la publicidad política está montado: el milagro está en marcha, por más que de acuerdo con las cifras del merolico se tardarán 92 años en vacunar a la población nacional. Presidente, secretarios de estado, directores de organismos, subsecretarios, gobernadores, directores de sistemas de salud estatales, todos quieren darle una chupadita a este garbanzo de a libra. La pandemia, como anillo al dedo, les está dando la oportunidad, luego de una actuación deficiente, errática, negligente, falaz y criminal, pasar sobre los cadáveres de más de 130,000 mexicanos, muertes que muchas se podrían haber evitado como lo han demostrado los países en que se adoptaron políticas sanitarias severas pero oportunas.

La salud pública no debiera ser cuestión de pareceres, ni de conveniencias políticas, ni de oportunismos, ni de ganar los titulares de los periódicos ni la popularidad de la población, como algunos lo han interpretado. La salud pública no es una responsabilidad individual sino una responsabilidad gubernamental. Lamentablemente mientras le reditúe el presidente la seguirá manejando políticamente y no científica y responsablemente.

¡Qué remedio, como anillo al dedo!

 

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