Saúl Alejandro Flores

La semana pasada concluí con la cita textual de los seis objetivos generales que comprenden el Programa Nacional Hídrico, a modo de último recordatorio los volveré a citar y que son los siguientes: 1. Fortalecer la gestión integrada y sustentable del agua; 2. Incrementar la seguridad hídrica ante sequías e inundaciones; 3. Fortalecer el abastecimiento de agua y el acceso a los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento; 4. Contribuir en la formación de una cultura del agua mexicana e incrementar las capacidades técnica, científica y tecnológica del sector; 5. Asegurar el agua para el riego agrícola, energía, industria, turismo y otras actividades económicas y financieras de manera sustentable; y 6. Consolidar la participación de México en el contexto internacional en materia de agua”.

Durante seis semanas transcribí lo más general, incluyendo a sus correspondientes estrategias, ahora agradeciendo la paciencia de mis lectores, advierto que lo haré en dos partes, porque el espacio no será suficiente para comentarlo y reflexionarlo.

Pasando entonces a su reflexión y antes de avanzar es importante recordar que la importancia de un instrumento de planeación como lo es el Programa Nacional Hídrico nace como consecuencia de ser un programa sectorial que se deriva del Plan Nacional de Desarrollo, en otras palabras es el instrumento que debe hacer los posible para que la política del sector agua se apegue a las directrices del Plan Nacional de Desarrollo, y más que un puñado de buenas intenciones la Ley de Planeación establece amparada en la propia Constitución que en el momento en que el titular del Ejecutivo lo publica en el Diario Oficial en ese momento se vuelve obligatorio observarlo para toda la administración pública.

En otras palabras esto significa que todas las acciones, programas, obras y proyectos que se efectúen deberán apegarse, desarrollarse y ejecutarse en el marco del PNH 2013-2018, a su vez todas aquellas gestiones que se realicen para las entidades federativas y municipios en el país deberán mantener congruencia y por supuesto la planeación estatal y municipal en sus correspondientes ámbitos deberán encontrarse debidamente alineados al Programa Nacional Hídrico lo que implicaría por supuesto con el Plan Nacional de Desarrollo.

Pasando ya a los comentarios sobre cada uno de los objetivos, comencemos, respecto al Objetivo 1. Fortalecer la gestión integrada y sustentable del agua. Puede parecer una tendencia que en cualquier espacio se hable de la gestión integrada y sustentable, por lo que a mis amables lectores puedo compartirles la pregunta de sí les parece que se haya llevado a cabo una real gestión del agua integrada y sustentable, lo digo porque cuando se menciona la palabra “fortalecer” se supone que ya existe, lo que faltaría entonces es darle fuerza o consolidarla, ¿cierto? En lo personal a pesar de que la visión de la gestión integral del agua ya incluye la gobernanza, considero deberían incorporarse algunos otros componentes cuyo carácter implique una verdadera consolidación más allá de lo que son las denominadas buenas intenciones, porque la experiencia nacional ha estado marcada por las buenas intenciones y las concreciones han sido pocas, el éxito ha sido disminuido ante la anarquía y manipulación de grupos de interés que han maniatado a la autoridad del agua, por ello, creo que aún faltan mecanismos y voluntad que garantice que la política hídrica nacional se apegue a la visión de éste objetivo, para tal efecto es indispensable contar con un marco legal y reglamentario que lo respalde y un mecanismo que rompa con las inercias que mantienen maniatada a las administraciones gubernamentales induciendo a que como siempre sean muchas las intenciones y escasos los resultados.

Objetivo 2. Incrementar la seguridad hídrica ante sequías e inundaciones.Solían este tipo de objetivos encontrarse al final de los programas, sin embargo, la sensibilidad ante este problema es mayor en todos los sectores y ámbitos por la magnitud de los daños que han dejado fenómenos como las sequías e inundaciones, pero la certeza de que no vuelvan a suceder no sólo compete al sector agua o gubernamental es un problema de varias aristas y visiones, con diversos agentes, algunos decisores y otros no, pero el daño se refleja evidentemente en los grupos y sectores marginales.

Mencioné que no todo es el sector agua, porque la mayoría de los problemas que se reflejan en los daños en centros de población son resultado de impunidad, corrupción e incompetencia de autoridades principalmente de los ámbitos estatal y municipal, incluyendo líderes de partidos políticos que han propiciado asentamientos irregulares, pero del mismo modo los daños a la economía han sido devastadores, no sólo en inundaciones, sino en las propias sequías con pérdidas no sólo en el ganado que genera productos de consumo humano, sino en otras especies que son vitales para el ecosistema, puesto que el daño al ecosistema es enorme y la mayor de las veces sólo se ve hacia lo productivo, pero los animales y cosechas también requieren un entorno que no es productivo de manera directa, y a esto debe sumarse los efectos del cambio climático. Ahora bien el tema de la seguridad hídrica debe ir más allá de lo productivo debe inmiscuirse lo sustentable y propugnar por ampliar sus alcances, cierto que ya por el hecho de establecerse algunas directrices se está haciendo algo, pero no es suficiente el tema de la seguridad hídrica, considero debería estar contemplado como un eje anexo, con alta incidencia en los demás, desde mi perspectiva es insuficiente.

Estimados lectores la próxima semana, concluiré con estos comentarios concernientes al Programa Nacional Hídrico, pues hay varios temas aún en puerta y en discusión, como siempre les recuerdo que estas y otras son acciones tendientes a que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

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