100. Morada de los Arquitectos
Morada de los Arquitectos

Por J. Jesús López García

Antes de formar gremios los arquitectos eran parte de las cortes en la diversidad cultural del mundo entero. Desde el mítico Imhotep a quien se atribuye la invención de la pirámide, personaje que fungió como una especie de secretario de Estado en el antiguo Egipto; polímata con conocimientos en astronomía, hidráulica, mecánica y matemática; con ecos en la vida de Senenmut y arquitecto de la reina Hatshepsut, para quien construyó el templo en Deir el-Bahari, los arquitectos tenían ese sitio privilegiado en las fuentes del poder y podían disponer de los recursos necesarios para llevar a cabo la compleja empresa de erigir edificios singulares, por ejemplo, el escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini que en el siglo XVII y bajo el mecenazgo del papa Urbano VIII, diseñó y construyó el baldaquino de la Basílica de San Pedro y con el papa Alejandro VII, la columnata elíptica de la Plaza de San Pedro, en Roma.

No todo en la relación de aquellos arquitectos con el poder fue un asunto de feliz término: En el siglo XX Albert Speer, arquitecto y ministro de armamento del Deutsches Reich, purgó sentencia en prisión tras los juicios de Nürnberg, salvándose de ser ahorcado. Casi 500 años atrás se decía de Póstnik Yákovlev arquitecto del zar Iván IV de Rusia <<el Terrible>>, que tras completar la obra de la Catedral de San Basilio en Moscú, a decir de la leyenda, fue cegado para que no repitiese obra igual, mito negro que en el caso del Taj Mahal se transmitió a los obreros mismos que se ha fabulado, fueron dejados mancos con el mismo fin.

Paralela a la historia de las grandes personalidades del firmamento arquitectónico discurre la de los arquitectos de pie, profesionales por cierto no exentos de genio, como el mostrado por el Abad Suger de Saint-Denis, Francia, figura principal en la creación de los cánones de la arquitectura gótica. Aquellos expertos más apegados al sustrato de la vida cotidiana tuvieron, a falta de una cuna noble o un mecenas visionario, que formar cofradías y gremios para proteger su arte y hacer valer la disciplina; elaborar los códigos éticos y técnicos que habrían de regirla, velar por la validez de sus conocimientos –y el enriquecimiento de los mismos– y ganarse el respeto de las sociedades como especialistas en su área. Todo, buscando la fuente de la que se financiaría su trabajo.

En ocasiones el desacato a las normas propiciadas y ocultas por las corporaciones, podía acarrear sanciones de suma dureza, pues esa comunidad era también una forma de mando. En el caso de los masones que refieren su origen romántico al arquitecto del Templo de Salomón, Hiram Abif, surgen de manera probada de los gremios de constructores que en la Edad Media regulaban el arte de la edificación. No es casual que sus símbolos, la escuadra y el compás, sean los instrumentos del arquitecto –además de acompañarlos con una letra <<G>> <<A>> que representan al Gran Arquitecto del Universo.

La Staatliche Bauhaus, importante institución artesana, de diseño, arte y arquitectónica de la primera mitad del siglo XX, de importancia seminal para consolidar el Movimiento Moderno, se apropió del nombre de los bau hütte, hermandad alemana constructora de casas de cuatro siglos atrás, la Bauhaus por tanto se constituía así como una casa para los constructores y demás artistas plásticos.

Con la Revolución Industrial, los procesos y técnicas constructivos nuevos debían incorporarse a los repertorios gremiales y para ello ¿Qué mejor que una sede física para hacerlo? En nuestra ciudad acaliteña, un grupo de amigos organizó el Colegio de Arquitectos de Aguascalientes en septiembre de 1965, cuya primera Mesa Directiva estuvo conformada de la siguiente manera: como Presidente, Francisco Aguayo Mora; Secretario, Jorge Arturo Medina Rodríguez; Tesorero, Fernando Vargas Tapia y en Divulgación Cultural y Relaciones Públicas, Mario Rodolfo García Navarro. Tiempo después se integraría el arquitecto Jaime Rubén González Blanco.

Indudablemente la organización de los arquitectos trajo consigo grandes beneficios para Aguascalientes, en cuanto a la metamorfosis del paisaje cultural –en el afincamiento de la modernidad arquitectónica y urbana– resolviendo diferentes problemas inherentes a la disciplina. Desde su conformación hasta la fecha, El Colegio de Arquitectos de Aguascalientes, A. C., ha participado activamente con vastos programas con el propósito de servir a la comunidad aguascalentense.

Su inicial recinto en donde realizaron las reuniones gremiales fue el edificio de la antigua Casa de la Cultura; para los años ochenta del siglo XX (1981-1982), edificaron su residencia –cuya autoría es del arquitecto J. Eduardo Reyna Medina– en un terreno complejo, otorgando una identidad singular al sitio en donde se encuentra ubicado. El bloque presenta un sobrio diseño en concreto armado expuesto. Su concepto es con base en dos grandes planos equivalentes que en la fachada oeste se escinden hacia el paisaje maravilloso de nuestra metrópoli: El Cerro del Muerto. Los sublimes atardeceres se enmarcan y se disfrutan desde la terraza con pérgolas.

De lo anterior se colige que la presencia de los arquitectos locales se manifiesta a través de ¡¡¡Su excelsa morada!!!

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