Para su ego fue un estacazo directo el que recibió el diputado Enrique García, que en el ambiente bajo de la política baja conocen como “Galo”, al ser obligado a dar marcha atrás a la barrabasada de imponer condiciones y castigos a los participantes en marchas masivas y la protesta pública en general.

El miércoles 25 de agosto anunció que retiraba la iniciativa que atrajo durante varios días los titulares de los medios, tanto electrónicos como escritos, que habían recogido la inconformidad de prácticamente todos los sectores, porque no sólo era una actitud retrógrada, sino que, de llegarse a aprobar, pondría a Aguascalientes al mismo nivel de los países bananeros que actualmente persiguen y encarcelan a quienes se oponen a las injusticias que cometen los respectivos gobiernos.

Seguramente que en el centro de operaciones de la gobernadora electa han tomado nota de lo registrado y podrían evitar tenerlo dentro de la administración. Aunque es factible que exija se tome en cuenta que se la “jugó” por su candidatura y ante quien se lo crea asegure que fue de los que más impulsaron su triunfo, no sería dable que pueda ocupar un cargo, cualquiera que sea su nivel, ya que llegado el caso podría utilizarlo para seguir con sus sueños de grandeza.

El legislador, repetidor por cierto, asegura que la razón que lo impulsó a retroceder fue a petición del presidente estatal del Partido Acción Nacional, el prestigioso “chicahual falsati”, que aún sin calidad moral le pidió que se olvidara de su rollo, por lo que, obediente, solicitó a la presidenta de la mesa directiva del Congreso, Nancy Gutiérrez, que retirara la iniciativa de “Ley de Manifestaciones Públicas del Estado de Aguascalientes”. Este proyecto lo presentó el 9 de junio del presente año, presuntamente con la intención de “garantizar el orden, el respeto y los derechos, tanto de participantes como de quienes pueden verse involucrados en este tipo de acontecimientos”.

Frente al nivel que alcanzó el debate, apuntó el aludido, “identifico un área de oportunidad para construir juntos una propuesta integral, que atienda las distintas voces sobre un asunto que demanda una atención responsable”, en otras palabras, sigue empecinado en promover alguna vía que, al lado de algunos grupos de la sociedad, “construyamos juntos un escenario que dé permanencia a la convivencia segura de las personas, aún ante las inconformidades”.

Reiteró que “con la firme convicción de que en el consenso, la realización de foros en el que participen conocedores, y que se pueda saber a plenitud las experiencias de otras entidades, habremos de enriquecer un proyecto encaminado a afianzar las bases que aporten al bienestar y la estabilidad social permanente”.

En otras palabras, busca repartir culpas y responsabilidades, aunque podría esperar sentado a que alguien acepte unirse y ser parte de su círculo, a sabiendas que la mayoría de los aguascalentenses están en contra que se limite la censura pública y que los cuerpos policíacos sean utilizados para reprimir a los manifestantes.

El retiro del cachivache que formuló Enrique García “es un triunfo (de la sociedad civil), reconocemos que el diputado haya retirado esta iniciativa porque es reconocer que no se hizo bien y que se tiene que escuchar más a la ciudadanía”, que además entienda él y quienes forman parte del Congreso “que la sociedad puede marcar la agenda pública y política del estado”, lo que en gran medida se debe, apuntó Angélica Contreras Ruvalcaba, miembro del colectivo Cultivando Género, a la unidad y solidaridad que mostraron colegios, académicos, medios de comunicación y la población en general, que pusieron en el centro de la discusión la incongruencia de ese ultimátum.

DEUDA MORAL

A través de estas páginas se ha hecho un reconocimiento al trabajo desempeñado por el gobernador Martín Orozco Sandoval, especialmente en materia económica y turística y al fortalecimiento de la inversión nacional y extranjera, lo que se traduce en un crecimiento sostenido del número de empleos, sin embargo no se puede pasar por alto que dejará sin cumplir cabalmente el tema del transporte urbano, por lo que a un mes de que concluya su sexenio sigue vigente la añeja demanda de un buen servicio.

La promesa y que luego se volvió un compromiso, de que antes de terminar su administración se tendría un atención de “primer mundo” ha quedado en una simple intención y la mejor prueba se puede encontrar en cualquier paradero de la ciudad, tanto de la zona Centro como de la periferia, con usuarios que deben soportar veinte o cuarenta minutos para que arribe el autobús y al hacerlo resulta que va atiborrado, por lo que su única opción es abordar un taxi con lo que esto significa económicamente para un trabajador, una empleada del comercio, una ama de casa o un estudiante.

La oficina de movilidad desentonó totalmente con el resto del equipo de Gobierno y se debió, fundamentalmente, a que los que estuvieron al frente carecían de los conocimientos básicos para poner orden y darle rumbo a un proyecto. El actual titular se ha comprometido en varias ocasiones a que habrá una mejoría sustancial, pero ya muy cerca de llegar al atracadero no se ve la manera de que pueda lograrlo.

La joya de la corona iban a ser las cuatro terminales en que el actual director Ricardo Serrano dividió la ciudad, pero el reportaje gráfico que presentó El Heraldo en su edición del pasado 26 de agosto, no deja lugar a dudas que las instalaciones están convertidas en un auténtico “elefante blanco”. Son espaciosas, iluminadas, con la infraestructura necesaria para comodidad de usuarios y operadores de los autobuses, lo cual representó una inversión superior a 305 millones de pesos, pero en el recorrido se detectó que a dos meses de haber ofrecido cambios sustanciales, principalmente eliminar deficiencias y ofrecer garantías de mejora a los pasajeros, lo que hay es una, la Miguel Ángel Barberena, que tiene un espacio para adquirir o recargar la tarjeta de prepago.

El lugar para estacionar las bicicletas no funciona en las estaciones de las terminales Sur y Negritos. En la terminal Sur (Mahatma Gandhi) sólo hay espacio para vehículos particulares, no así para taxis, combis y vehículos de emergencia; respecto al área comercial no tiene ningún establecimiento, no obstante que hace más de un año que se inauguró este lugar, lo único que se observó al exterior fue un puesto de tacos de canasta, al que concurren los choferes y personal de la misma terminal. Los nueve andenes de la misma terminal están desiertos, nadie sabe la hora de salida de los camiones, que bajan a los pasajeros antes de entrar y pocos se introducen ya que no hay nada que hacer ahí.

En la terminal Poniente o Negritos, el área destinada a combis sí registra transporte foráneo, lo que no hay son pasajeros, ahora bien, si alguna persona desea trasladarse al Centro de la ciudad tiene que cruzar la carretera y tomar el autobús sobre la terracería, debido a que en Negritos sólo entran las unidades que van “más al poniente”. La Terminal Barberena Vega tiene salidas más normales, no obstante no hay el suficiente número de pasajeros aún con la ruta alimentadora.

De las tres terminales, la mayoría de la unidades ingresan en un trayecto de recorrido, ya sea de ida o de vuelta, lo que dificulta el punto de trasbordo, en el caso de la ruta 48, con destino a Haciendas, no ingresa a la terminal Oriente, únicamente lo hace cuando va de regreso.

La respuesta del director de Movilidad, Ricardo Serrano, fue que “se avanza la reingeniería del transporte urbano” y que los compromisos contraídos se alcanzan de manera gradual, lo que permite “tomar nuevas decisiones para mejorar el servicio”, asimismo “en la medida que avance la reingeniería de rutas mejorará la frecuencia y la constancia de los horarios de circulación de las unidades, de acuerdo con las necesidades de cada zona”.

Alguien debería decirle a Serrano que ya se escuchó el timbre, que debe prepararse para apearse y dejar que llegue alguien que sí tenga interés en cumplir su palabra. Téngalo por seguro que cerca de 300,000 personas que utilizan diariamente el transporte urbano no lo van a extrañar y menos su máximo jefe, que confió en él por su “amplia” experiencia en esta área.