Tras hacer un llamado a no sumarse a la globalización de la indiferencia, el P. Carlos Alvarado Quezada, señaló que algunas veces los cristianos pueden ser muy comprometidos con las plegarias y las celebraciones, pero menos preocupados por los pobres y los marginados; “a veces oramos en la iglesia, pero al mismo tiempo oprimimos al próximo y explotamos el medio ambiente. Seamos cristianos de verdad, de corazón”.
En vez de actuar con justicia, aseveró, condenamos con mucha dureza a las fallas del prójimo; “hay que hacer que fluya el derecho como agua y la justicia como un río inagotable”.
Asimismo, explicó que la violencia contra otros seres humanos no se ejerce sólo a través de las agresiones físicas y el latrocinio, sino también por medio de las habladurías y los rumores maliciosos. “Los medios de comunicación social que no se conducen con la verdad, hacen más fácil que las mentiras se difundan instantáneamente a una gran audiencia. La mentira destruye las buenas relaciones entre las personas y entre los grupos, también entre las iglesias; el engaño quebranta la unidad”.
Comentó que en medio del creciente fanatismo étnico y religioso y el aumento de la intolerancia en el mundo, los cristianos deben estar más cerca de la familia, que vive una crisis de valores. Agregó que la fragilidad humana y la codicia llevan con frecuencia a la corrupción, a la injusticia, a la pobreza y el hambre; puede ser tentador que en lugar de preocuparnos por los demás y compartir con ellos nuestros bienes, acumulemos dinero, comida y recursos naturales para nosotros.
Finalmente, dijo que muchas veces los asuntos económicos desencadenan tensiones y conflictos; es difícil poder disfrutar de la paz si no hay justicia. Sin embargo, hoy existe una gran crisis ecológica global que amenaza la supervivencia del mundo natural, de ahí la necesidad de unirnos para contrarrestarla.