Luis Muñoz Fernández

Aunque el Diccionario de la Lengua Española recoge las diversas acepciones de la palabra “cínico”, cuando nos referimos a alguien con ese adjetivo casi siempre lo hacemos en sentido negativo, señalando que “actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”, o bien, “que es impúdico, procaz”. En cambio, los alemanes tienen dos palabras para distinguir el cinismo filosófico, al que llaman “kynismus”, del que tiene un significado negativo, el “zynismus”. Hablemos del primero.

El cinismo filosófico fue fundado por Antístenes (444-365 a.C.), un discípulo de Sócrates. Su exponente más famoso fue Diógenes de Sinope o Diógenes el Cínico (412-323 a.C.), del que se dice que vivía en una tinaja. Esta escuela de pensamiento fue mal comprendida y marginada durante muchos años. En el siglo XX fue revalorada por pensadores tan sobresalientes como Michel Foucault. Junto con el epicureísmo (también denostado) y el estoicismo, ha cobrado vigencia en estos tiempos de la posverdad y la pandemia. Sobre aquellos cínicos, Eduardo Infante nos dice lo siguiente:

“Los cínicos optaron por alejarse de la manada, no aceptaron ningún macho alfa que los gobernase y tuvieron el coraje de ser auténticos. Frente a las convenciones, el confort y el progreso de la civilización eligieron una vida natural, sencilla y austera. Defendieron como valores la verdad, la libertad y la autosuficiencia. Se rebelaron contra todo aquello que pudiera poner en peligro su independencia: el principio de autoridad y el academicismo, la corrección política, los usos y costumbres, las tradiciones aceptadas acríticamente, las modas, el deseo, el placer sin medida, las pasiones que subyugan a la voluntad o la opinión de la mayoría”.

Citando a Diógenes Laercio, Martha Nussbaum nos cuenta que en una ocasión le preguntaron a Diógenes el Cínico de dónde era, a lo que respondió con una sola palabra: “kosmopolitês”, “ciudadano del mundo”. De ahí viene nuestra palabra cosmopolita. Sobre ese cosmopolitismo de Diógenes, Carlos García Gual nos explica lo siguiente: “es para los cínicos un gran mérito el haber proclamado ese humanitarismo que da a todos los humanos una misma patria, como una misma es la naturaleza de los hombres. […] Diógenes sabía que la verdadera libertad está en ese universalismo, que las leyes y prejuicios nacionales le niegan al individuo”.

Creo que ese debería ser el verdadero espíritu de la globalización actual,en lugar de la alienación colectiva. Forjar ciudadanos del mundo en el sentido que le dieron los cínicos, y no dóciles autómatas que sólo viven para consumir.

Comentarios a: cartujo81@gmail.com