Por J. Jesús López García

Las tendencias que constituyeron al Movimiento Moderno en la arquitectura fueron propuestas que buscaron la ruptura con la tradición abarcando ésta al academicismo de corte clásico y al romanticismo del siglo XIX por igual. Sin embargo las dos vertientes, academicismo clásico y romanticismo eran una manera moderna de concebir al mundo y por consiguiente al arte y la disciplina arquitectónica.

Así, esas tendencias del Movimiento Moderno realmente fueron un episodio más de una modernidad que había iniciado cantidad de años atrás pero ya traducidas a formas nuevas desprendidas de procesos constructivos y materiales novedosos -para ese tiempo, hace poco más de cien años- y de las nuevas maneras de habitar las ciudades que a partir de la Revolución Industrial se expandieron territorial y demográficamente de tal manera que la construcción también explotó en tipos y soluciones diversos.

Uno de los rasgos que el Movimiento Moderno retomó del neoclasicismo -estilo que definió a la tradición academicista desde el siglo XVIII- fue el seguimiento de los cánones clásicos hasta hacer de ellos una especie de formulario cuyo resultado fue la obtención de edificios muy similares. Para esos arquitectos del neoclasicismo, el apego a los cánones era un motivo más elevado que la expresión de originalidad -situación que despreciaban del estilo barroco que les precedió-. Uno de los arquitectos fue Jean Nicolas Louis Durand (1760-1834) profesor y teórico de la arquitectura francés, además de haber trabajado en el despacho del arquitecto Étienne-Louis Boullée (1728-1799) quien proyectó mega estructuras que se retomarían doscientos años después.

Durand experimentó con tipos de edificios para usos y representaciones diversos, tales como casas, bibliotecas y almacenes, entre otros, siendo las viviendas las más desarrolladas ante la emergencia de los procesos de inmigración de la gente del campo a la ciudad por bonanza industrial que se estaba gestando en ésta, requiriéndose por tanto una mayor cantidad de edificios para alojar a esa nueva población urbana. Durand también desarrollo un sistema de modulación con base en elementos constructivos de acuerdo a los cánones clásicos con lo que se convirtió en uno de los precursores de la prefabricación.

En esa misma línea varios de los considerados grandes maestros de la arquitectura Moderna, también fijaron su interés en esa manera prototípica de abordar la arquitectura. Lo hizo Le Corbusier (1887-1965) con su sistema Dom-ino (Domus-innovation) para viviendas en que se dotaba al habitante de una estructura con base en tres losas y seis columnas para que el mismo le acondicionara de la manera que dispusiese para sus intereses y necesidades -“pie de casa” le llamaríamos actualmente-, luego concebiría sus más elaborados modelos “Citrohan”. Pero fue el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969) quien más profundamente influyó en esta manera de hacer modelos repetibles.

Mies era un profesional que se formó como un detallista en la técnica del proyecto y de la construcción. Su atención al detalle hacía que paradójicamente sus edificios fuesen de una sencillez, de una austeridad y una mesura que se acerca mucho a los ideales neoclásicos pero traducidos al acero y al vidrio. Para van der Rohe la originalidad era cosa secundaria, si es que le interesase, para él eso era una especie de reminiscencia romántica que ya no era parte de su tiempo.

Esos edificios simples y de gran calidad arquitectónica y constructiva fueron en buena medida parte de los modelos que identificaron al estilo Internacional presentado en una muestra del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) a inicios de los años treinta del siglo pasado. El nombre del estilo aludía precisamente a la neutralidad de sus edificios que podían estar prácticamente en cualquier parte del mundo. Pero esa simplicidad perfecta en las obras de Mies, no siempre se tradujo en la misma maestría en otros ejemplos del estilo, pero al mismo tiempo esa manera de ensamblar edificios si mostró mucha versatilidad en la manera de practicar fachadas y distribuciones internas.

Eso que nos parece muy común realmente es uno de los rasgos del Movimiento Moderno que prevalecen, aunque los inmuebles no muestren fachadas muy afines a las tendencias del movimiento. Muchas veces sobre una modulación preexistente de estructura en concreto o acero, se monta una fachada igualmente prediseñada, como en el conjunto Citibanamex en avenida Las Américas No. 1603 esquina con la calle República Mexicana, y como él muchos otros más que aún a cien años del Movimiento Moderno, en estilos y tendencias cada vez más variados continúan atendiendo en sus procesos de diseño y construcción, no pocas de sus disposiciones.

Es probable que este tipo de propuestan se hayan diseñado en otras latitudes de la República Mexicana y levantado en nuestra ciudad aguascalentense, sin embargo, también hay que mencionar que múltiples arquitectos de la ciudad han llevado a cabo magníficas obras muy representativas de la forma de ser y de pensar locales, solo basta transitar sobre vías en donde se encuentran los ejemplos referidos, como en el caso de avenida Las Américas, avenida Aguascalientes Norte y el boulevard Luis Donaldo Coloso Murrieta.