Sergio Alonso Méndez

La Noticia:

Pese a que en octubre del 2020 casi un 80% de los electores en Chile votaron a favor de cambiar la Constitución y a hacerlo a través de una Convención Constitucional, casi dos años más tarde el texto que resultó de ese proceso fue ampliamente rechazado en el plebiscito de salida del proceso constitucional… (bbc.com).

Comentario:

Tiene unos pocos meses que Gabriel Boric asumió la presidencia en Chile. Él respaldaba la nueva constitución por lo que la lógica apuntaba a que sería aprobada en el reciente plebiscito. Para sorpresa de muchos, fue rechazada. ¿Por qué? Si el pueblo chileno acababa de elegir un gobierno socialista, ¿por qué rechazar una constitución que apuntalaba ese sistema? ¿Qué pasó en Chile?

Los chilenos tenían una constitución emitida a principios de los ochenta básicamente apadrinada por el gobierno militar de Augusto Pinochet. Los gobiernos civiles posteriores la criticaron, pero no fue sino hasta la presidencia de Bachelet en 2015 que se inició un proceso para cambiarla. Sin embargo, el sucesor de Bachelet, Piñera, puso el proyecto en el congelador. Hasta que un incremento en las tarifas del transporte público en 2019 sacó a las calles a muchos chilenos en un estallido social (como suele ocurrir, la gente sale a protestar por una cosa y cuando la consigue, pasa a exigir otras y a quejarse del gobierno). Se propuso entonces la creación de una nueva constitución. Se hizo un referéndum y el 80% de los chilenos aprobó.

El proceso fue nítido. Se formó una convención constituyente que fue votada por la gente. Y se procedió a la redacción intentando incluir a todos los grupos sociales. El presidente recién electo la respaldó. Se publicó por todas partes y se puso a votación. De nada valieron los esfuerzos porque el 62% de la gente la rechazó. ¿Por qué?

De entrada, la gente es difícil. Se forma sus opiniones en determinados aspectos y siente que si un elemento falta, todo está mal. Por ejemplo, la nueva constitución incluye el derecho al aborto entre cientos de otros derechos. Para alguien opuesto al aborto, no le interesa que se respeten derechos de los indígenas del sur del país. El aborto está mal y por tanto la nueva constitución está mal. Y sólo por mencionar un ejemplo, ¿cómo lograr que se apruebe un paquete con cientos de elementos? No es algo sencillo.

Además, las redes sociales hicieron de las suyas. Por desconocimiento o mala fe circularon en redes sociales elementos falsos de la nueva constitución. Por ejemplo, se mencionó que el nuevo texto iba a acabar con la propiedad privada. No importaron los esfuerzos por desmentir la información falsa o publicar al por mayor el texto íntegro. Mucha gente no lee y se queda con las ideas equivocadas de los memes o con las que quiere creer.

Sumado a críticas que circularon sobre el texto y a desfiguros de algunos personajes de la convención (uno mintió acerca de padecer cáncer), la gente se inclinó por el NO. Le toca al nuevo presidente identificar los problemas, trabajar para generar un nuevo texto y sacar una nueva constitución adelante. La gente sí desea una nueva, pero esta no le satisfizo.

Sergio Alonso Méndez posee un doctorado en Negocios Internacionales por parte de la Universidad de Texas. salonsomendez@gmail.com