Según el Boletín Epidemiológico Nacional de la Secretaría de Salud, en México, Chihuahua es la primera entidad con más trastornos alimenticios. Durante la contingencia sanitaria, la ciudad registró 280 casos de anorexia y bulimia, algunos de los cuales son bien conocidos.

Los datos oficiales muestran que al 2020, el país registró un total de 1 mil 883 nuevos casos de esta condición, de los cuales el 67.55 % son mujeres, mientras que en Chihuahua esta proporción bajó a 62 casos.

De igual forma, los datos muestran que el 14,87 % del total nacional de los casos de trastornos alimentarios son del estado. De los 280 casos, alrededor de 103 casos pertenecen a hombres.

Después de Chihuahua, el estado de México tiene 172 casos de este tipo de enfermedades, mientras que Jalisco ocupa el tercer puesto con 151. En Ciudad de México y Baja California también se registraron más de 100 casos el año pasado.

Los trastornos alimenticios son un problema de salud pública

Las personas con desórdenes alimenticios no obtienen los nutrientes que su cuerpo necesita para desarrollarse adecuadamente. En muchos pacientes con anorexia o bulimia, comer a deshora, los vómitos frecuentes y el uso de laxantes y diuréticos provocan una pérdida severa de minerales, especialmente de magnesio, potasio y zinc.

La deficiencia de estos minerales reduce considerablemente la calidad de vida del paciente, pues desarrollan funciones vitales en el organismo. El consumo de magnesio interviene en la formación de la masa ósea y regula la función del sistema nervioso. Mantener niveles altos de potasio evita episodios cardíacos anormales, especialmente en personas con enfermedades del corazón. Por otro lado, los niveles bajos de zinc provocan pérdida de cabello, diarrea, lesiones en los ojos, reducción de los niveles de concentración y pérdida del apetito.

Estos son solo algunos de los efectos secundarios de los trastornos alimenticios, por lo tanto, se consideran un problema de salud pública.

Ayuda profesional para la anorexia y bulimia

La terapia familiar, la terapia cognitivo-conductual y la psicoterapia interpersonal ayudan a las personas a superar estos trastornos alimentarios comunes. Según los especialistas, la familia juega un papel fundamental en el tratamiento de la anorexia. El tratamiento conocido como ‘enfoque de Maudsley’ es una forma de terapia familiar que requiere que los padres ayuden al paciente a comer nuevamente.

Por otro lado, los tratamientos aplicados a los casos de bulimia han demostrado que dos psicoterapias, conocidas como terapia cognitivo-conductual y la psicoterapia interpersonal, ayuda a que los pacientes dejen de comer en exceso.

La terapia cognitivo-conductual permite que las personas cambien sus pensamientos negativos poco realistas y, especialmente, a cambiar sus hábitos alimenticios. La psicoterapia interpersonal mejora la calidad de las relaciones íntimas, afectivas, superficiales, circunstanciales y familiares. De esta manera, aprenden a enfrentar los conflictos y expanden sus redes sociales.