Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Los hermanos Anthony y Joe Russo, tal vez empachados por la aparatosa parafernalia que significó su incursión en el Universo Cinematográfico Marvel con sus dos últimas cintas sobre los “Vengadores”, han decidido abandonar a los superhéroes para enfocarse en personajes que en lugar de hacer el bien, erran constantemente, pues los personajes en esta película no tienen poderes más que el de tomar una pléyade de malas decisiones que los arrastrarán a un abismo que evoca las penitencias fílmicas de los sufridos protagonistas de trabajos firmados por Darren Aronofsky o Danny Boyle, pero con una gran diferencia: los Russo no tienen ni una pizca del ingenio, la capacidad o la honestidad para adentrarse correcta y coherentemente al discurso subversivo del cine, ya que en lugar de enfocarse a la búsqueda de su propias capacidades narrativas para determinar qué elementos en tono y forma requiere esta historia basada en el libro de Nico Walker (escrito en la prisión a modo de reparación mental personal), prefirieron canibalizar en manejo argumental y técnico a otros filmes y creadores para su propio lucimiento en lo que parece un intento desesperado por que el público y la crítica los considere “autores” y no meros matarifes del medio para los grandes estudios. Y aún si éste no fuera el caso, es difícil aceptar la integridad narrativa de una película que siente debe incluir entre sus muchas calistenias plásticas una toma desde el punto de vista del recto, a menos que debamos tomarlo como desde dónde los Russo adaptan su mirada “creadora”, lo cual entonces me parece correctísimo.
Tom Holland protagoniza lo que significa su segunda decepción actoral en lo que va del año después de la muy cafre “Caos: El Inicio”, poniéndose en la piel de Cherry, un joven inteligente y capaz cuya exploración en la cinta se trifurca en tres arcos muy distinguibles y a veces casi excluyentes: primero una historia idílica como estudiante con ciertas dosis de idealismo plenamente enamorado de Emily (Ciara Bravo), otra universitaria con un brillante futuro por delante como abogada, hasta que ambos comienzan a engancharse con distintas drogas. Posteriormente, una historia bélica cuando Cherry se une al ejército donde vivirá todas las experiencias que Kubrick elocuentemente describiera en “Full Metal Jacket” pero sin la inteligencia discursiva, incluyendo varias experiencias en Afganistán donde el horror de lo vivido lo marcará para siempre, y por último, una suerte de thriller criminal donde Cherry asaltará bancos a diestra y siniestra con nombres como “Shitty Bank” o “Capitalist One” que, suponemos, aspiran a ser una especie de instrumento satírico en conjunto con las demás extravagancias que se aprecian en la película, pero que no hacen más que refrendar el hecho de que sus directores simplemente están forzando la tuerca narrativa hasta su inevitable barrido.
Los Russo creen adoptar con estilo y gracia la estructura de Scorsese sobre el proceso de descomposición de un personaje central que parece es víctima de un sistema sociocultural podrido y acomodaticio, pero en realidad sólo le damos seguimiento a un grupo de patéticos sujetos que se motorizan por la ley del menor esfuerzo y pésimas resoluciones que quieren aceptemos como valentía o integridad, aún si ello los conduce al más abyecto fracaso, con el añadido de varios recursos plásticos y de mise-en-scène que ni Oliver Stone en su época de “Asesinos por Naturaleza” los hubiera admitido por ser mero boicoteo de la maquinaria dramática en aras de los banal y nauseabundo. Todo un desperdicio de abundantes recursos que, al final, patentizan la inane postura de los hermanitos Russo sobre lo que ellos consideran “cine serio” a través de recursos ahora tan gastados desde la Nueva Ola Francesa otorgándole protagonismo a lo que no se lo merece y un reparto de grandes talentos juveniles funcionando en automático ante personajes huecos e inútiles. Ahora queda esperar a que esta dupla de directores regrese a alguna franquicia comiquera para que su talento se ajuste a lo que realmente saben hacer (el espectáculo sin pretensiones) y que Tom Holland se ponga de nuevo el traje de Hombre Araña para garantizar algo que al menos sabemos funcionará.

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