Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“¿Será capaz Trump de cerrar la frontera? Claro que sí, de lo único que no es capaz es de cerrar la boca”. (Anónimo, atribuido a Jemj)

(Comisión reguladora de energía. Autócrata habemus.- Por si alguna duda quedara de la abyección de los representantes morenistas, del autoritarismo presidencial y del poco o nulo respeto que López Obrador tiene por las instituciones, ayer se dio una muestra más al aprobar el Senado por aplastante mayoría la propuesta presidencial con once de los doce previamente rechazados para integrar la Comisión Reguladora de Energía. La chairada morenista “recapacitó” y aprobó la propuesta presidencial. Los candidatos se portaron a la altura de la propuesta: majaderos, prepotentes e irrespetuosos. Al fin, el voto que contaba -el de AMLO-, ya lo tenían).

El presidente Donald Trump volvió a amenazar con cerrar la frontera al considerar que México no está cumpliendo su compromiso de impedir el paso de los migrantes, por una parte y por otra las innegables oleadas de migrantes centroamericanos, en su mayoría, que ven a EE.UU. como su puerto de salvación. El sueño americano sigue siendo el sueño de una buena parte de los migrantes del mundo. Muchos de los que ahora cruzan por nuestro país han llegado de Europa o de África, muchos más de Las Antillas, menos de Sudamérica, y los más de Centroamérica, particularmente de Honduras. México sólo es una etapa en su camino, su destino es EE.UU.

Las migraciones han acompañado a la humanidad desde su inicio, por cierto no sé si los Homo Sapiens Sapiens tendríamos que pedir perdón a los Cromagnones porque prácticamente los extinguimos aunque algo de sus cromosomas nos quedó, desde su origen en el Paraíso Terrenal de Mesopotamia, o en el centro norte de África, el Homo Sapiens migró arrasando de paso a los otros homínidos que quedaron varados y finalmente extintos en el camino de la evolución. Se extendió al resto del mundo en sucesivas migraciones. América fue poblada por migraciones de quienes llegaron por el estrecho de Bering y otros mas por las aleutianas, para posesionarse de unas tierras sin título de propiedad, pero que ahora reivindican los políticos morenistas (lo que hace la mano, hace la tras) para los “pueblos originarios”. Entiéndanse por pueblos originarios los que entregaron el bastón de mando al presidente Luis Echeverría (¿se acuerdan?), montaje que repitió el presidente López Obrador. Hay tantas similitudes (¿serán coincidencias?) entre palabras, actitudes y comportamientos que estoy empezando a creer que podrá predecirse el futuro de López Obrador y de México, repasando lo que hizo Echeverría, a quien José Fuentes Mares en su sabrosa Nueva Guía de Descarriados, calificó como: Un político locuaz, activísimo, mesiánico y tarado. Los toltecas recorrieron casi todo el actual territorio nacional desde el norte hasta el sureste, provocando lo que Christian Duverger llama el primer mestizaje. Los aztecas migraron desde la mítica Aztlán hasta el maravilloso valle de México, al que sus descendientes ya casi terminan de pavimentar, convirtiendo lo que era un paraje en un páramo.

El siglo XXI está llamado a ser el siglo de las migraciones. Los problemas económicos, políticos, raciales, religiosos, y desde luego también las tasas diferentes de crecimiento poblacional ocasionan que poblaciones enteras tengan que dejar, con todo lo que ello implica, su “sitio” para trasladarse literalmente arriesgando su vida en busca de mejores condiciones de supervivencia para sus familias. Europa, por otro lado, tiene gravísimos problemas poblacionales, prácticamente la tasa de crecimiento de la mayoría de los países se encuentra por debajo del 2.11 que entiendo es la necesaria para mantener el número de pobladores. Por debajo de ese índice, la población empieza a decrecer y se tiene que echar mano de los migrantes para mantener una tasa de crecimiento que permita sostener a su cada vez más vieja población que termina siendo una carga para los más jóvenes. Así está pasando en Alemania, en España, en Francia, con los consabidos problemas de adaptación, de unos y de otros.

Estados Unidos ha sido desde sus orígenes un país de migrantes, y si bien las trece colonias originales tenían muchas afinidades que les permitieron lograr un pacto federal que fue el arranque de su gran desarrollo, con posterioridad recibieron grupos de migrantes que para su fortuna, han logrado conjuntarse y compartir si no una “nacionalidad”, si al menos una ideología como los policías y líderes del mundo. Sin embargo la modernización, automatización, robotización, etc., de sus sistemas de producción han desplazado la mano de obra, incluso en muchas explotaciones agrícolas en donde eran útiles los braceros del sur. Una gran parte de los ciudadanos norteamericanos, incluso los de origen mexicano, ven con malos ojos las oleadas de migrantes que significan una competencia desleal para el desempeño de trabajos, un riesgo para la seguridad, y una población flotante a la que, sin embargo, hay que procurar alojamiento, servicios médicos y asistenciales.

No olvidemos que Trump está en campaña y que gran número de sus partidarios lo forman ciudadanos americanos que ven en los migrantes riesgo y peligro. Los acuerdos tenidos con México para que nuestro país fuera tercer país de destino alterno, lo que implicaba recibir apoyo de EE.UU. para ofrecer programas de empleo temporal a los migrantes centroamericanos no han surtido los efectos esperados. La mira es EE.UU. y no se conformarán con la zanahoria de permisos de permanencia en nuestro país, o la oferta de trabajos, cuando la realidad es hacinamiento, maltrato, marginación y tiempo de espera para la deportación.

Lamentablemente no hay mucho que hacer. Trump, ya se ve, es capaz de cualquier cosa, quizás hasta de una buena acción, pero no será esta vez.

(Aumentos en movilidad.- La nueva ley de movilidad, oséase la misma gata revolcada. Desde que me acuerdo es el cuento de nunca acabar, ‘ora si se van a portar bien, ‘ora si va a mejorar el servicio, ¡’ora, ‘ora! Y que Dios te agarre confesado. Un consejo dioquis para reducir las tarifas de taxi. Que los concesionarios trabajen sus taxis. Que desaparezcan los administradores de concesiones y con ellos los rentistas. Si de un coche tiene que pagarse su precio, su mantenimiento, el chofer, la renta y la administración, obviamente las tarifas no alcanzan para satisfacer a todos. Y los taxis los tienen políticos, maestros, toreros, ex funcionarios, etc., pero no taxistas).

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