NOÉ GARCÍA GÓMEZ

Este 2020 fue un año difícil, la pérdida de millones de vidas que comienza a normalizarse por todos los días repetir cifras y que solo nuevamente duelen cuando a ella se suma una persona conocida o un familiar; un año que en mis años de vida nunca imaginé, por ser tan distinto, desconcertante, pero que sobre todo un año que nos sacó de nuestra zona de confort y ahí puede estar el valor.

Estábamos demasiado acostumbrados a la masificación, la compra exacerbada, al derroche de los recursos, a la digitalización de las relaciones sociales y las métricas (like, compartidos, visualizaciones, seguidores, etc.) de las emociones. Esta pandemia, el confinamiento y la limitación de algunas actividades públicas y sociales nos están llevando a valorar cosas que estábamos menospreciando.

Por ejemplo:

En primer lugar, nos concientizó que sin salud no tenemos nada, por lo que valoramos más nuestra salud, además de reconocer lo importante que son los médicos, enfermeras y todo el personal que labora en los hospitales, y que están en la primera línea de lucha contra la pandemia.

La ciencia es vital para la salvación de la humanidad, eso que gobiernos y sociedad minimizan y hasta menosprecian es en la que hoy depositamos nuestras esperanzas.

Así mismo apreciamos la necesidad de cuidar tanto nuestra salud física con mejores hábitos de alimentación y ejercicio, como la mental, a poner una pausa en nuestra rutina y tratar de liberar las tensiones y emociones.

Cuidar a nuestra familia y seres queridos, además de otorgarles tiempo y no tanto de cantidad, sino de calidad. El trabajo, las redes sociales, el ocio digital nos llevó a estar lejos de nuestros familiares y amigos aun estando en el mismo cuarto.

Ir a la escuela, tener clases presenciales, que si bien el esfuerzo que hace el sector académico y magisterial por mediar el aprendizaje de forma remota y virtual es de considerarse. La mayoría valoramos la asistencia a las aulas, la convivencia con la comunidad educativa y el entorno de aprendizaje que se genera.

Se retomó la capacitación autodidacta, muchos de los que pudieron decidieron participar de algún taller virtual, o realizar un curso o tutorial, para reforzar algún conocimiento o aprender algo nuevo.

Muchos de los trabajos se pueden realizar desde casa, las reuniones no necesariamente son presenciales y si un día se falta al trabajo no pasa nada, o puede pasar que otro puede hacerlo por nosotros.

A muchos les tocó renovarse, porque de alguna forma se vieron afectados sus ingresos, así que explotaron su creatividad y renovación ya sea emprendiendo o adaptando sus servicios o negocio a una nueva realidad, para lograr no verse tan afectados.

También el de ser más empáticos y agradecidos por las oportunidades y recursos que tenemos. El trabajo, el salario, el poder estudiar desde casa, con conexión de internet y una computadora, servicios que damos por sentado que todos tienen pero que la gran realidad es que muchas personas no tienen acceso.

Hasta aquí podemos ver que si bien el 2020 fue un año difícil y complicado, esa sacudida que nos dio, nos sacó de nuestra zona de confort y podemos aprovecharla para crecer como personas, tener un mejor hogar y contribuir positivamente a nuestra sociedad.

Así quiero cerrar el año, reflexionamos en lo que nos dejó, y me lo permiten quisiera iniciar 2021 con cómo podemos aprovecharlo con pequeños cambios.

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Concretito:

Este 2020 no se cansa de quitarnos personas valiosas, el 30 de enero falleció Don Gustavo de Alba, DON GUS el periodista, el cronista, el cinéfilo, el analista, el maestro, el amigo; sería imposible una columna para describirlo. La pérdida física calará hondo en nuestra sociedad; puedo decir que de él aprendí mucho, siempre estuvo para una charla, un consejo, una asesoría. QEPD.

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