Por J. Jesús López García

La manera tradicional en que se formaban los arquitectos desde la Edad Antigua hasta la mitad del siglo XVIII fue de modo empírico directamente en la obra en construcción. Desde muy jóvenes, los aprendices se adscribían al resguardo de un maestro que les iría enseñando el oficio de la edificación a lo largo de los años. Conforme el discípulo lograba pericia en labores más depuradas que la simple actividad en que requiriese fuerza física, podía acceder a ir subiendo en el escalafón laboral hasta convertirse él mismo en maestro, de allí que el primer maestro entre todos fuese llamado precisamente “arquitecto”, esto es “constructor jefe” o “primer constructor” de acuerdo al griego antiguo.

La mujer era vetada en ese que se consideraba un mundo laboral de hombres, y fue hasta que en el siglo XVIII en que el aprendizaje de la disciplina se trasladó a las academias de Bellas Artes en que se abrió la pequeña posibilidad de que las mujeres, una vez que la instrucción se diera en aulas, pudiesen también formarse como arquitectas, sin embargo pasarían muchos años para que esto fuera posible. Al pasar de las academias a las universidades y politécnicos de manera extensiva, finalmente se abrió la posibilidad de que las mujeres pudieran acceder a formarse en la disciplina que por milenios sólo involucró a los varones, sin embargo ello no fue tan simple pues en el mundo del siglo XIX y buena parte del XX, las mujeres eran por lo general contratadas solamente como dibujantes, encargándose los principales proyectos a sus colegas varones, o en su caso si proyectaban nunca se les reconoció su autoría.

Actualmente el género femenino se ha involucrado en todas las facetas de la disciplina arquitectónica pudiendo observar que muchas de las figuras de la arquitectura tanto local, nacional o internacionalmente son mujeres. Los despachos de arquitectos y arquitectas tienen en sus filas a una cantidad importante de ellas, estando también involucradas en la obra pública desde su diseño hasta la ejecución, y ello pasa incluso en la práctica constructiva misma pues las mujeres albañiles poco a poco también comienzan a verse en múltiples sitios.

En nuestra ciudad acaliteña lo conservador de la sociedad y los adelantos que trajo consigo la Revolución Industrial con el afincamiento de los Talleres ferrocarrileros y demás fábricas a finales del siglo XIX “pospuso” hasta los años sesenta del siglo XX, la inserción femenina a la disciplina arquitectónica con el arribo de la primera profesional en el ámbito hasta ese entonces dominado por hombres, ella fue la arquitecta Cecilia Yolanda Vega Ponce.

Por otro lado, es indudable que con la apertura de la carrera de arquitectura en la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 1974, potencializó el estudio y posterior práctica profesional en el medio local. A partir de entonces la participación femenina no pararía hasta hoy día.

La arquitectura como generadora de proyectos y obras también ha abordado las cuestiones de género desde tiempos antiguos como los gineceos de las casas griegas, que eran dependencias domésticas donde habitaban las mujeres, sin embargo es hasta nuestros tiempos actuales cuando los espacios dedicados a las mujeres se han ido haciendo cada vez más complejos, y finalmente observamos cómo empiezan a llevarse a cabo edificios dedicados a representar las actividades, los derechos y las conquistas de las mujeres en la sociedad, de tal manera que esos conjuntos son también manifestaciones comunitarias en que se busca dar un mayor peso -no se diga equidad- al grupo que una parte importante de nuestra población y al que hasta no hace mucho se le escatimaban sus derechos políticos, laborales y otros más.

En Aguascalientes existe el Centro de Justicia para Mujeres ubicado frente al acceso principal del Centro de Educación Ambiental Cultural y Recreativo El Cedazo, sobre la Avenida Aguascalientes. Es un edificio de sobrias líneas contemporáneas dominadas por la cubierta horizontal que soportada por un peristilo de cuatro columnas forma una especie de nártex a manera de vestíbulo tras subir algunos escalones -a manera de estilóbato-, lo que le da al conjunto moderno la sencillez de una edificación clásica y por tanto representativa de una institución que esperemos se fortalezca con el tiempo. El edificio seguramente fue diseñado y ejecutado por la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno del Estado de Aguascalientes, lugar en donde arquitectos, arquitectas, ingenieros e ingenieras trabajan en una parte importante de lo que constituye el acervo de arquitectura actual de nuestra capital.

La arquitectura es una disciplina compleja, como todas aquellas que se encargan de desafiar a la Ley de la gravitación universal y que encima tienen que manifestar con el producto de su ejercicio una visión de lo que es el tiempo y el lugar en que ocurre su creación. Las mujeres que están incursionando ya en esta área irán consolidando cada vez con mayor definición y fuerza una impronta especial a su propia práctica de manera particular y a la imagen y vivencia de nuestra ciudad de manera general.