Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Permítame compartir con usted mi celebración por el acta de nacimiento de la ciudad; por mi Suave Matria, que es la suya, si usted gusta y quiere, y que es más bien literaria, sin baile ni ruido. Lo haré cediendo este espacio a Mario Mora Barba y Agustín Yáñez, de los que traeré del olvido y la oscuridad textos escritos por ellos; textos que desde luego cantan las glorias de la ciudad, y lo hago no sin perder de vista los graves problemas que lastiman a la urbe, ni la alegre ausencia de una discusión seria, reflexiva a propósito de la ciudad que tenemos, y la ciudad que queremos.

Por esta ocasión, por tratarse del Mes Matrio, me quedaré con las visiones de estos personajes, cuajadas de romanticismo e inocencia, y de ojos amorosos que sólo ven las cosas buenas de la ciudad amada.

O quizá ocurra que aquel Aguascalientes al que se refirieron era una ciudad más amable y limpia que la que nos tocó a nosotros; más propicia para la convivencia, dado su tamaño y población; su paisaje urbano enmarcado en un cielo menos contaminado.

Como sea que haya sido, se trata de textos a los que regreso de cuando en cuando, tan solo porque convocan a mis fantasmas y por unos instantes me ofrecen la sensación de estar completo. Si me permite la imagen, es como si mis ancestros vinieran a acompañarme. Están de pie, a mi espalda, viendo cómo la página en blanco de la computadora se puebla con estos signos, o la manera en que mis dedos se mueven por el teclado.

En fin. Imaginaciones mías aparte, también estoy convencido de que escritos como estos contribuyen a la invención de Aguascalientes, visto este invento desde una perspectiva intelectual y emocional, a los que se suman otros como la exedra y la catedral, los murales de Oswaldo Barra, los reyes aztecas de Jesús F. Contreras, las pinturas de Saturnino Herrán, los grabados de Posada, los edificios de Refugio Reyes, de Luis Ortega Douglas, y muchas otras obras que conforman el corpus de la cultura de Aguascalientes, aquello que nos arraiga a esta tierra, y no a otra; lo que creemos, o de lo que sólo tenemos una idea.

Curiosamente, en más de un caso quienes han contribuido a esta invención de Aguascalientes no han sido originarias de esta ciudad. Es el caso, usted lo sabe muy bien, de los autores de La pelea de gallos y los murales del Palacio de Gobierno, y lo será para esta celebración de la palabra con el jalisciense Agustín Yáñez.

Así que corre y se va. Comenzaré con Mario Mora Barba y dejaré a Yáñez para las siguientes entregas. De Mora Barba le presento su texto Discurso por mi provincia, publicado en El Sol del Centro hace casi 74 años, el 8 de noviembre de 1946. Y dice:

Aguascalientes/la ciudad febril/que tiene para toda la vida/el silbido de un ferrocarril/Ciudad pequeña, semejante a una niña/que después de ensuciarse la cara,/ajarse el vestido,/se lava,/se viste con vestido nuevo//y contemplándose en el espejo/de su cielo

se queda muda y asombrada/Ciudad donde el sol juega/en las ventanas de todas las casas/y sus rayos relucen en los vidrios/como las lágrimas/que derraman las madres por sus hijos.

Las Madres.

Mi madre era muy buena/y por eso sigo siendo niño./Un niño grande que contempla/el estado más pequeño de la República./En mis manos caben el jardín de San Marcos,/San Diego y el Encino./Y los mudo de sitio cada vez que quiero/Porque los llevo en el corazón.

El Parián, Plaza de Armas./La Estación y su tren/que llega jadeante a descansar/entre sus casas que parecen muñecas./Cuando estoy enfermo/y creo que voy a morir/hago de cuenta que voy a realizar/un lindo viaje/y digo siempre/Aguascalientes, Aguascalientes, Aguascalientes.

Aguascalientes,/Ciudad de sol,/tierra clemente/-¿Cómo pudo ella darme eterno olvido?-/en tus calles estrechas/y en tus banquetas/ha de sonar el verso que nunca ha caído:/“tiene el andar serio de un muñeca/con sus zapatos rojos y tus calcetas”/Ciudad de mi mamá/y de abuelita./Ella me despreció por infantil

Por la avenida Madero correrán mis lágrimas/convertidas en poemas/de la Ruta de Abril./Mi vida se ha vuelto triste,/ciudad pequeña,/más triste que “Héroes olvidados”/un drama representado/en el Teatro Morelos./Por eso/hoy rezo en Catedral/frente a frente/de mi último crepúsculo./Pero no atino a orar/y sólo digo/con voz que, si viviera,/sería de Enrique Fernández Ledesma:/Aguascalientes, Aguascalientes, Aguascalientes.

Aguascalientes/ciudad de sol,/tierra clemente./Atardecer silente/en nubes de arrebol/Incendio en El Picacho/y luto en la Estación./Por las noches tus hijos duermen como niños/para despertar en las mañanas como hombres./Y moviendo máquinas enormes/ganan el pan nuestro de cada día./Trabajan mucho y a ninguno le queda para un chicle./Pero ellos son muy buenos/y ella es como una niña:/todas las mañanas se lava/se viste con un vestido nuevo/y al contemplarse en el espejo de su cielo/se queda muda y asombrada. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).