La explotación de recursos naturales se ha posicionado como uno de los objetos de estudio de mayor interés para múltiples disciplinas académicas, fruto de esto es que investigadores como el Dr. Víctor Hugo Salazar Ortiz, profesor adscrito al Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se han abocado a la exploración de posturas como la del decrecimiento económico.

En esta línea de pensamiento, explicó el catedrático de la UAA, se busca impulsar la reducción del consumo de productos a un margen que permita el balance de las prácticas mercantiles con el bienestar ambiental. Esto bajo la lógica de que, en un mundo con recursos finitos, la actividad comercial infinita bajo los modelos tradicionales es sencillamente inviable, explicó el docente.

Entre los ámbitos del consumo que destacan por su impacto ambiental, señaló el Dr. Salazar Ortiz, se encuentra el de la moda. Hizo hincapié en que la tendencia conocida como “fast fashion” ha provocado que las personas busquen contar con guardarropas más amplios en número de prendas. Asimismo, ha incrementado la velocidad de rotación en términos de tendencias y colecciones, de tal forma que los usuarios desechan con mayor facilidad la ropa a fin de adquirir los nuevos lanzamientos de las múltiples marcas.

El profesor de la UAA, quien fuera reconocido en el Premio Municipal al Cuidado del Medio Ambiente 2021, profundizó su explicación detallando el consumo de agua necesario para satisfacer el ritmo actual de la industria de la moda. Destacó que, para producir un kilo de algodón se emplean en promedio 10 mil litros de agua, por lo que, para un pantalón de mezclilla se consumen hasta 8 mil litros; mientras que una camiseta puede tomar hasta 2 mil 500 litros por unidad.

Otra industria que mencionó como un campo con amplias áreas de oportunidad en el aspecto de la huella ambiental fue el de la tecnología. Señaló que las empresas de este sector cuentan con prácticas desleales que vuelven inutilizables los aparatos en un plazo de vida considerablemente corto, dicha estrategia es conocida como Obsolescencia Programada. Enfatizó en que, si bien esta dinámica es cada vez más señalada y penada cuando se habla de teléfonos inteligentes, se debe concientizar también en cómo esto ha permeado en electrodomésticos como refrigeradores o lavadoras, por mencionar algunos.

Entre los contaminantes más potentes que se incluyen en los productos tecnológicos, comentó el Dr. Salazar Ortiz, se encuentran las baterías de litio, un elemento que cuenta con costos ambientales y sociales considerables. Señaló la aparición de nuevos productos, como podrían ser los cigarros electrónicos, los cuales son una agravante en este sentido, ya que este tipo de aparatos son considerados desechables lo que ha elevado la circulación de litio de forma alarmante.

Finalmente, el catedrático del Departamento de Filosofía de la UAA recalcó que este tipo de problemas no deben ser puestos en las manos de las empresas y los gobiernos para llegar a una solución. Si bien deben existir regulaciones y penas, el paso fundamental para encontrar una solución se encuentra en la responsabilidad de los ciudadanos al momento de definir sus hábitos de consumo.

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