Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, en esta ocasión, quisiera abstraerme de los temas nacionales y locales para compartir con Usted unas muy interesantes reflexiones planteadas por un gran amigo de muchos años, Sergio Miguel Pérez Velasco, acerca de los amplios, yo diría desmedidos, anhelos independistas que tiene Cataluña para separarse del Estado español. En muchas de sus opiniones no hay coincidencia de mi parte, motivo de interminables debates y discusiones entre ambos, pero es muy interesante conocer la perspectiva sobre este tópico viniendo de alguien que vivió nueve años en aquella región siendo extranjero y adaptándose a ese entorno y a esa cultura. Reproduzco, pues, de forma fiel su escrito, agradeciendo sinceramente el tiempo y dedicación empeñada por él en la formulación de las siguientes líneas:

Como algunos de Ustedes ya saben, el domingo pasado la comunidad autonómica de Cataluña realizó un referéndum a fin de conocer la opinión de sus ciudadanos para una posible separación independentista y democrática del resto de España. Muchos de Ustedes se preguntarán cuáles son los motivos que ha conllevado a ello y quizás, a la distancia y sin demasiado conocimiento sobre el tema, suena como una arrogancia o rechazo de los catalanes por la situación económica y social que ha atravesado España en los últimos años.

Para entender el marco político actual tendríamos que explicar también un poco de historia para así poder entender la manera en cómo se formó el territorio español. En el siglo XV, gran parte de lo que ahora es Cataluña, pertenecía a la Corona de Aragón, la cual tenía su propio idioma oficial, que era el catalán (mismo que se conserva hasta la fecha) y el resto de España lo componía la Corona de Castilla quien, a su vez, poseía una lengua que era el español medieval. Estas dos Casas Reales se unieron al consagrarse el matrimonio, en 1469, del Rey Fernando II de Aragón y la Reina Isabel de Castilla, quienes, a pesar de ello, continuaron teniendo sus propios y exclusivos Parlamentos, Constituciones, idiomas, instituciones y monedas.

Todo aquello prosiguió de la misma manera incluso hasta el descubrimiento de América, donde se dice que en aquellos primeros viajes al continente americano el idioma que se hablaba era el catalán, al ser Joan Cristófor Colom Bertram (Cristóbal Colón), nacido y crecido en la ciudad de Barcelona, justo detrás de la hermosa y mundialmente famosa Catedral de Santa María del Mar, confirmándolo así los estudios lingüísticos que se han hecho al respecto.

Las primeras desavenencias entre ambas casas no fueron de gran trascendencia sino hasta el siglo XVII, donde España pone fin a su guerra con Francia, acordando entregarle parte del territorio de Cataluña. De ahí prosiguió la Guerra de la Sucesión Española, donde las tropas borbónicas, compuestas por España y sus aliados franceses, invadieron el territorio catalán, entonces apoyados por tropas austriacas, sometiéndolos hasta su victoria final el 11 de septiembre de 1714 (de este suceso proviene la fecha en la que actualmente, año con año, millones de catalanes salen a las calles para pronunciarse pacíficamente en memoria de aquel día).

Si me lo permite, por falta de espacio, omitiré la Guerra Civil Española y el Franquismo posterior, ya que me parece que la gran mayoría de la gente conoce la historia de continuas prohibiciones, por parte del gobierno español, hacia la expresión de la identidad catalana durante más de 35 años en el poder.

Con el panorama histórico anterior quise exponer que Cataluña posee una identidad histórica propia y no es una flor de un día que quiera su independencia de la noche a la mañana, como muchos creen. No hablamos de una explosión romántica de nacionalismo sino una escala de conflictos históricos (antes explicados), económicos y sociales entre el Estado central español y la comunidad de Cataluña.

Los informes económicos arrojan ahora mismo a Cataluña como el motor del 20% de la economía actual de España y como país independiente tendría un PIB que la situaría como una de las mayores potencias económicas mundiales con un ingreso per cápita promedio que la pondría en el cuarto lugar de toda Europa (sólo por detrás de Holanda, Bélgica y Dinamarca) y con una tasa de desempleo del 7%, cuando actualmente en España es del 20%. En pocas palabras, una economía bastante solvente por sí misma.

Cabe señalar que el referéndum del pasado domingo no fue de carácter oficial, ya que el Tribual Constitucional Español, a petición del Presidente Mariano Rajoy, suspendió el referéndum oficial soberanista, sin embargo, la gente acudió en masas a las urnas para poder hacer efectiva su opinión y los resultados arrojaron que más de 2.3 millones de personas votaron y un poco más del 80% optó por el SI/SI (Que Cataluña sea Estado y que sea independiente).

¿Qué quiere decir lo anterior? Únicamente que la gente pide a gritos una transición pacífica hacia una Cataluña propia de identidad basada en la democracia actual que vivimos para que, de esta manera, pueda regresar a su historia y, a su vez, tener un futuro más prometedor para los catalanes.

Terminaré con una frase que un catalán me dijo ya hace algunos años y que creo que reúne los requisitos para entender todo lo anterior: “Miguel, ¡Mexicano!, ¿sabes por qué los mexicanos sois bien vistos aquí en Cataluña? Porque vuestra historia se parece bastante a la nuestra, la diferencia radica en que vosotros os pudisteis independizar de España y nosotros no”. Al parecer, por ahora…”

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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