“UN LUGAR EN SILENCIO: DÍA UNO” (“A QUIET PLACE: DAY ONE”)

Con esta necia visión de Hollywood de instalarle batería y motor a todo aquello que logra funcionar en cines o streaming es como ahora nacen las franquicias cinematográficas, no acomodadas a la necesidad o deseo del público masivo, sino de los comités y mesas directivas que ahora representan estas amorfas testas de los grandes estudios. Y esto viene a colación de “Un Lugar en Silencio: Día Uno”, filme bastardo de dos producciones previas donde su artífice, el actor, guionista, productor y director John Krasinski, concretó en su primera parte un drama efectivo de corte minimalista donde una familia se enfrenta a unas criaturas guiadas por el sonido que son el azote de nuestro planeta. Con esta precuela/refrito que arriba a cartelera se desecha tal estructura y nos vamos por una grandilocuencia fingida que al inicio apunta a la exploración de la hecatombe monstruosa con un punto de partida ya muy manido como lo es la ciudad de Nueva York, pero termina queriendo replicar la fórmula anterior sin entender cómo utilizarla o dirigirse a un camino narrativo específico.

La protagonista que ahora nos toca es una poetisa afroamericana con enfermedad terminal -hablando de barrer la tuerca argumental- llamada Sam (Lupita Nyong’o malbaratando su histrionismo), quien queda justo en medio del arribo de los destructivos meteoros que traen consigo a las aún más devastadoras criaturas invidentes. Una vez que, con engaños, es llevada junto a otros pacientes a ver una obra de teatro con marionetas, esto último una especie de símbolo que se malogra como muchos detalles de esta cinta debido a la inexperiencia de su director, Michael Sarnoski, en los espectáculos de este talante cuando sus aspiraciones pseudo poéticas no alcanzan a cuadrar con el simplista espectáculo que le sigue. Esto es, la necesidad de Sam por escapar haciendo tándem con un inglés riquillo y medio babas llamado Eri (Joseph Quinn) quien está en la Gran Manzana para estudiar derecho. Sus motivaciones o rasgos psicológicos pasarán a cuarto o quinto término cuando todo se reduce a llegar al puerto de Manhattan para eludir a los invasores, pues según lo indican las autoridades mediante helicópteros a través de veloces deducciones –todo transcurre en un lapso de 24 horas- los monstruos no toleran el agua (y aquí es necesario acotar el por qué los alienígenas con todo y su enorme sapiencia para los viajes interestelares son tan imbéciles o megalómanos para querer dominar sin naves espaciales o siquiera algún atuendo protector un planeta saturado de su elemento letal. Esto ya lo podríamos denominar “El Síndrome ‘Señales’”) no sin antes hacer una parada en Queens porque, pues, a ella se le antoja una pizza en un acto de ridícula dulzura que no aporta y sí fastidia ante su banalidad.

Parece que el cine norteamericano contemporáneo ya no conoce o identifica los puntos intermedios entre el tono idiota baladí de los blockbusters veraniegos y el melodrama barato como el que nos ocupa, donde un inglesito ricachón y una afroamericana enferma acompañada a modo de subrayado emocionalmente chantajista de un gato que comprende la regla del silencio –jamás maúlla o se sobresalta ante las criaturas a diferencia de cualquier gato que sí existe en nuestra realidad- mejor que cualquier humano, explicando su tono derivativo, meloso y mainstream descartable de este periplo en pos no de la salvación o el rescate de la integridad física ante la amenaza, sino de una rebanada de pizza idealizada del fin del mundo. Ni hablar, esto es lo que ahora pretende pasar por entretenimiento “cerebral” o “sensible”.

“MI VILLANO FAVORITO 4” (“DESPICABLE ME 4”)

Algún día, el estudio de animación francés Illumination entenderá que sus productos animados, orientados a un público infantil, no tienen que despojarse de factores que su creador Chris Meledandri, habiendo visto su filmografía completa, considera innecesarios, como humor inteligente, desarrollo creativo y único de personajes, narrativa focalizada y originalidad, entre otras pequeñeces. Todas sus películas parten de lugares similares (protagonistas buscándose a sí mismos entre tropelías y situaciones que se suponen jocosas) y casi se empalman argumentalmente, por lo que verlas es ya una ordalía. “Mi Villano Favorito 4” no hace algo por sacarlos de esta situación, al contrario, reafirma su postura como meros mercachifles apetentes de franquicias exitosas que no les baje ni una décima en las acciones de Wall Street, a costa del sufrimiento de los padres que deben soportar tramas anodinas y neuronalmente flácidas, mientras los niños ríen a carcajadas de situaciones e historias equivalentes a las risas que les produce la expulsión de una flatulencia o cualquier video mentecato de TikTok.

¿Lo peor? Que la trama se complica innecesariamente sólo para llegar al mismo punto, que a su vez es irritablemente predecible: Gru, su esposa Lucy, su nuevo bebé y las adoptadas Margo, Edith y Agnes deberán mudarse junto a un trío de los ahora sí muy castrosos y detestables Minions para protegerse de un villano llamado Maxime, que busca vengarse del calvo ex supervillano por una situación ocurrida mientras eran compañeros de escuela. La historia se enreda de la siguiente manera: cada niña debe adaptarse a su nuevo entorno y aprender a ser valientes, Lucy igual y Gru trata de ser buen padre y vecino hasta que la niña de la casa de al lado lo chantajea para realizar un atraco porque ella sueña con ser villana. En el ínterin, todos los Minions son contratados por la Liga Anti Villanos para experimentar con ellos, creando cinco Mega Minions con poderes semejantes a personajes de la Marvel con un propósito muy blandengue que sólo se cumple hasta el final de la cinta. Para ese entonces, cualquiera con un poco de amor propio y aprecio por su materia gris ya está completamente desconectado de este burdo filme familiar, al que por más que se le busque cualquier molécula redentora, no se le halla. “Mi Villano Favorito 4” es idéntica a su personaje principal: torpe, desgarbada, medio amorfa y, lo peor, con un alma negra y despiadada que sólo busca llenar las arcas de Meledandri… y seguramente lo hará, otra vez.

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