Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“DOG: UN VIAJE SALVAJE” (“DOG”)

Películas sobre personas y canes cuyos vínculos se fraguan mediante una relación amor-odio hay muchas, casi siempre desde ópticas dramáticas o cómicas desde que Rin-Tin-Tin y Lassie se erigieron como íconos (exceptuando algunas anomalías terroríficas como “Watchers”/“Al Borde del Terror” o “Luna Roja”), pero en “Dog: Un Viaje Salvaje” se produce algo distinto: un relato de tintes psicodramáticos donde el perro y su contraparte humana poseen rasgos vivenciales e incluso existenciales que los unen intrínsecamente aún si su emparejamiento es producto de una encomienda que fuerza su relación, y hay momentos muy interesantes que por poco hacen de esta cinta algo digno de ver si no fuera por las constantes zancadillas que el guion le mete a la historia por virarla innecesariamente a la comedia.
Channing Tatum decentemente protagoniza y codirige junto con Reid Carolin esta película poniéndose en la piel de Jackson Briggs, un ex soldado que busca regresar al ejército para salir de una vida mediocre presa del estrés postraumático y medicamentos para la ansiedad. Su oportunidad llega con Lulú, una perra que también sirvió en las Fuerzas Armadas a la que deberá llevar por toda la zona costera del Pacífico norteamericano hasta donde se efectuará el funeral de su dueño, un militar apellidado Rodríguez fallecido en un accidente automovilístico, quien se apegó a tal grado a su can durante varias misiones en Afganistán que le dedicó en su bitácora varias odas e incluso poemas. En un principio, la relación entre Briggs y Lulú es muy adversa, pues él no desea realmente hacerse cargo de ella y la perra es en extremo violenta, producto de sus experiencias en el frente, pero, conforme emprenden la dinámica característica de una road movie, donde dos seres disímbolos van localizando aquello que sus corazones y almas requieren uno en el otro, su contacto los ayudará a superar gradualmente las heridas internas, producto de sus andanzas bélicas, mientras experimentan una serie de estrambóticas situaciones como el hacerse de una habitación de lujo en un hotel cinco estrellas con Briggs pasando por ciego o conocer personajes exóticos como prostitutas de la Nueva Era. El planteamiento que se zurce a lo largo de la cinta sobre quién requiere más ayuda de los dos ante sus respectivos fardos emocionales y psicológicos que nos orillan a tratar de resolver la pregunta: “¿Cuál será el ente más animal?” se va diluyendo conforme la rosca narrativa comienza a barrerse ante el empecinamiento del argumento por llevarlos a estos momentos tan absurdos que salen sobrando y que anestesian el interés general. La idea de presentarnos a dos seres tan dañados que pertenecen a especies distintas es una que ofrece posibilidades dramáticas muy amplias, y de vez en cuando se aprovechan en esta película de manera efectiva (la escena pre-clímax es muy efectiva en ese sentido), pero la trama nomás no deja de patinar cada vez que Tatum debe hacerse el simpático para obtener algo o sacar ventaja de ciertas situaciones, algo que ocurre muy a menudo en la cinta. “Dog: Un Viaje Salvaje” logra escabullirse de la fórmula cinematográfica sobre el lazo hombre-perro con una premisa y momentos en su desarrollo bastante atractivos, pero a Tatum aún le faltan muchas tablas como director y guionista para consolidar sus ambiciosas intenciones narrativas.

“X”

El director Ti West (“La Mansión del Diablo”) ha logrado colar con mucha claridad y honestidad su gusto por el cine de horror con un estudio a fondo de sus personajes que deslindan a su filmografía de los avatares forjados por el terror convencional. Ahora, su más reciente cinta le escribe una carta de amor tanto a la retórica visceral y sangrienta de los filme setenteros en la vena de “La Masacre en Texas” como a la expresión librepensante y desmitificada del porno en una conjunción orgánica y honesta que nos habla tanto de los pavores que manan de la restricción moral como del encarcelamiento de la concupiscencia. “X” es el título de la película y resulta significativo tanto con los temas que toca en cuanto a la industria del cine para adultos como por los matices femeninos que dominan el relato, centrado en un grupo de pornógrafos amateurs que llegan a una desolada granja, cuyos dueños, una pareja octogenaria, les han rentado sin saber su oficio. La manera en que discurre la historia es bastante mesurada durante los dos primeros actos, dejándonos conocer bien a los integrantes de tan peculiar equipo de filmación, el cual incluye a un director (Owen Campbell) que sueña con crear una obra erótica profunda y con bastantes pretensiones que trascienda los confines del porno para un futuro estreno en festivales mientras que su productor (Martin Henderson) sólo vela por el dinero. Por otro lado, la estrella, una chica ambiciosa cuyo mantra es “No llevaré una vida que no merezco” de nombre Maxine Minx (Mia Goth) que busca fama y fortuna, no así sus colegas Bobby-Lynne (Brittanie Snow) y Jackson Hole (Kid Cudi) para quienes esta filmación es un trabajo más. Su actividad llama poderosamente la atención de la esposa del granjero, una mujer envejecida llamada Pearl (también Mia Goth, con un convincente maquillaje y vestuario) que los espía y posteriormente sucumbe ante su aletargado libido tratando primero de seducir a su maduro esposo y posteriormente a quien se le ponga enfrente, asesinando a quienes no concedan tener relaciones sexuales con ella.
West no se anda por las ramas y el tercer acto es un festín de sangre con una sugestiva carga de lecturas sobre género, emancipación a la moral sexual y el cine mismo, consolidadas por el buen manejo de personajes y sus actores quienes le dan convincente vida a sus papeles. “X” puede lucir y sentirse como un filme de horror convencional, pero su discurso sobre el sexo como instrumento de liberación a través de una expresión visceral es fuerte y válido como para distinguirse de las fallidas cintas contemporáneas que sólo se contentan con el mero homenaje sin atreverse a proponer.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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