“PROFESIÓN PELIGRO” (“THE FALL GUY”)

Decía Rocky Balboa: “En la vida, no importa cuánto puedas dar, sino cuánto puedas soportar y seguir en la pelea”. Y eso se aplica a los dobles de acción, esos hombres y mujeres de piedra que exponen el físico y su cordura en cada película que les exige un valor que no aplica para cualquiera. Muchos son los que incluso vida y cuerpo dejaron en el proceso de entretener a las masas alcanzando fama solo hasta que perecen en el cumplimiento de su dudoso deber, pues el anonimato es la identidad que sobrellevan a menos que logren dar el salto a otro rubro creativo más notorio como el de la dirección, que es justo lo que sucedió con David Leitch quien logró desprenderse de las filas de stuntmans para dedicarse a la realización. La carrera que se ha labrado es una muy tibia que coquetea a cada rato con la mediocridad narrativa (recordemos sus lelas réplicas de filmes más logrados como “Tren Bala”, “Atómica” y hasta “Deadpool 2”), persiguiendo el éxito y respetabilidad que su colega, el también ex doble de riesgo Chad Stahelski, ha conseguido con trabajos más pulidos y mejor narrados como “John Wick” y secuelas. “Profesión Peligro”, una iteración para la gran pantalla de aquella serie ochentera protagonizada por Lee Majors que veíamos por Canal 5 los sábados en la noche más que nada por el familiar rostro del otrora “Hombre Nuclear” –y porque le seguía inmediatamente a “El Auto Increíble”–, era como una inevitabilidad para Leitch a modo de eslabón narrativo en su filmografía, pues el personaje principal es un stuntman (ahora encarnado por Ryan Gosling) llamado Colt Seavers en una historia que básicamente se diseña como un homenaje a estos especialistas en cuanto a su desempeño tras bambalinas con una historia escuálida a la que le tocaron muchos adornos e intentos de sátira y simbolismos francamente mamertos, pues Leitch aún no entiende cómo cortar el cordón umbilical de la visualización cinética para dedicarse a contar correctamente una historia por lo que la trama, una vez que se quitan los excesos de maquillaje CGI y exorbitada puesta en escena, queda una flaca y desabrida trama sobre la misteriosa desaparición de una estrella de cine (Aaron Taylor-Johnson) que protagoniza el debut como realizadora de Jody (Emily Blunt), otrora amor de Colt y cuyo reencuentro termina siendo áspero. Gosling y Blunt son mucha pieza para este enclenque guion, por lo que su trabajo se limita a caricaturizar bidimensionalmente los arquetipos que les tocó como “personajes”, mientras vemos persecuciones, peleas y balazos a lo loco sin mucho estilo y, curiosamente, sin personalidad, cosa insólita considerando que la dirige Leitch (hay un atarantado intento por realizar humor entre meta y sofisticado cuando Colt y Jody hablan por teléfono en pantalla dividida y hablan sobre cómo ese recurso de montaje afecta a la película que ella filma. Muy patético en verdad). “Profesión Peligro” es solamente un cariñoso y ñoño homenaje a los dobles de riesgo, pero le falta mucho trecho para ser cine… o entretenimiento.

“DESAFIANTES” (“CHALLENGERS”)

Tomando una hoja (o dos) del libro idiolecto de Bernardo Bertolucci, el cineasta Luca Guadagnino (“Llámame Por Tu Nombre”) elucubra una rica historia marinada en sutil erotismo con el marco del Deporte Blanco para dar pie al enfrentamiento entre dos personajes masculinos cuya cancha de tenis emocional está dividida por su deseo hacia una mujer. La dama en cuestión es una ex tenista profesional en calidad de retiro por una lesión en la rodilla llamada Tashi Donaldson (una Zendaya en pleno crecimiento histriónico) quien medra el corazón de dos amigos, también tenistas, que se conocen desde la infancia y donde yace el germen del homoerotismo muy en la vena de “Y Tu Mamá También”: Art Donaldson (Mike Faist), deportista exitoso casado con Tashi pero con cierta oquedad existencial, y Patrick Zweig (Josh O’Connor), caído en desgracia por circunstancias relacionadas con ella y sus propias manías. Mediante una laberíntica pero rica narrativa compuesta por analepsis y prolepsis, veremos cómo se integra este trío. Guadagnino aprovecha no solo para explorar las posibilidades lingüísticas del montaje fílmico quebrando la rigidez cronológica, además le saca mucho jugo a sus personajes no mediante una exploración a fondo de sus motivaciones—esas deambulan un poco en el misterio—sino de sus posibilidades psicológicas e incluso alegóricas como caracteres de la conducta humana, colocándolos en un juego emocional de amores, desamores y fornicaciones como pelotas en un partido de tenis con una limpieza dramática que procede del interés del cineasta italiano por explorar los deteriorados corazones de estos entes masculinos en extravío emocional y la fémina que los domina con ambición y cierta psicopatía. “Desafiantes” es un emocionante partido entre excelentes actuaciones, un saque argumental de gran caudal dramático y un par de voleas narrativas que nos mantienen atentos como si fuera el mismo Wimbledon.

“ABIGAIL”

Mucho es lo que el cine de horror le debe a Agatha Christie y su novela “Los 10 Indios”, cuyo modelo sobre la desaparición sistemática de los personajes protagónicos por un adversario ha sido la base de incontables producciones, desde “La Amenaza de Oro Mundo” (“It! The Terror from Beyond Space”) hasta su venerado remake “Alien: El Octavo Pasajero” y ahora “Abigail”, una película cuya premisa, no lo niego, es atractiva. Lástima de ejecución tan perezosa y trillada: un grupo de secuestradores que repelen por su taradez crónica secuestran a una niña aficionada al ballet (Alisha Weir) por órdenes de un criminal llamado Lambert (Giancarlo Esposito) para pedir un sustancioso rescate a su multimillonario padre. El problema es que los delincuentes, al quedar atrapados en la mansión donde mantienen cautiva a la niña, descubren que se trata de un vampiro y ahora buscarán sobrevivir mientras son eliminados uno a uno por esta fiera con tutú. Seguramente a la dupla de directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (conocidos artísticamente como “Radio Silence”) la historia lucía estupenda en la pantalla de su laptop, pero hubo una grave falta de tino en cuanto al casting contratando a actores muy mediocres o faltos de tono para interpretar a personajes que igualmente ya los vimos ad nauseam en muchas cintas similares, como el tipo desequilibrado, el drogo, la chica bonita y una pseudo protagonista interpretada por Melissa Barrera quien termina por amigarse con la mini vampiro para sobrevivir de sus compañeros, más peligrosos que un ser de la noche. La película tiene muchas alusiones a aquella cinta de la Universal de 1936 titulada “La Hija de Drácula” pero a diferencia de ese clásico, este filme simplemente no logra despegar debido a su predictibilidad, actuaciones de pena ajena y la trama, esa trama que se nota busca ser inteligente y creativa pero termina pálida y lánguida como… bueno, como un vampiro.

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