En la historia del cine, directores con afanes por consolidar una labor multifacética que los aísle del encasillamiento han sido varios, pero pocos han logrado producir obras de valor enclavadas en distintos géneros o con válidas narrativas plurales. A vuelapluma llega a mi mente Billy Wilder, quien de comedias desopilantes como “Una Eva y Dos Adanes” pasó al otro extremo del espectro narrativo con esa obra maestra del film noir que es “Doble Indemnización”. También Akira Kurosawa, capaz de producir enriquecedoras cavilaciones sobre la frágil condición humana ante la muerte, como en su maravilloso clásico “Vivir”, y posteriormente obsequiarnos los arquetipos de todo spaghetti western con toda sorna y violencia en “Yojimbo”.

Pues a la lista ya podemos ir añadiendo desde hace tiempo al australiano George Miller, quien no solamente sentó las bases para todo cine postapocalíptico de cepa ochentera con sus vertiginosas odas a la entropía social y la rapiña bípeda al ecosistema que fueron sus filmes originales sobre “Mad” Max Rockatansky, tan bien pensados y trabajados como “El Guerrero de la Carretera” y “Furia en el Camino”, mientras que cintas como “Babe, El Puerquito Valiente” y “Un Milagro para Lorenzo” manifestaban su cariz más sensible y dramático con garra e inteligencia. Por ello, su nuevo filme sobre Imperator Furiosa, personaje primero interpretado con solvencia por Charlize Theron y ahora en su etapa más moza por Anya Taylor-Joy en la resignificación de los trabajos ya planteados desprendidos del universo de “Mad Max”, se recibe con gozo, pues el señor Miller logra una vez más redefinir los paradigmas de su creación en bis de pesadilla distópica para enfocarse en una epopeya temática y visual, pero con un abordaje dramático minimalista donde un desarrollo de personajes más pausado permite apreciar la transformación más diáfana de su protagonista, chocando con esa espectacularidad hollywoodense (que aun así permanece, pero a favor de la trama) tan desprovista de la materia gris que muchos espectadores modernos ni extrañan por estar igual de anencéfalos.

La película se divide en cinco actos, donde de entrada conocemos a una Furiosa en su infancia, interpretada excelentemente por Alyla Browne, viviendo en un edén alejado de las tribulaciones de ese mundo arruinado por la ambición humana hasta que se topa con Dementus (Chris Hemsworth en su mejor actuación a la fecha), líder de un clan saqueador con ínfulas de grandeza que termina por asesinar cruelmente a la madre de la niña (Charlee Fraser). Por ello, Dementus la adopta hasta que llegan a la ciudadela desértica gobernada por el déspota Inmortal Joe (Lachy Hulme), quien termina quedándose con Furiosa luego de un trunco intento de Dementus por quedarse con esta comunidad rica en agua, alimento y combustible. Los años pasan y ahora Furiosa (Taylor-Joy), emancipada y bajo la custodia del conductor estrella de Inmortal Joe, el Pretoriano Jack (Tom Burke), va fraguando su venganza contra Dementus, que ya se ha hecho de otra importante metrópoli conocida como la Granja de las Balas y aún sigue en pos de los bienes de Joe, por lo que una guerra con la joven en medio de estas facciones es inminente.

El bueno de George Miller no sólo continúa demostrando su oficio como narrador a través de su elegante y metódico montaje, sino también mediante secuencias formidables durante persecuciones en áridas carreteras donde personajes con insólitas habilidades y equipo luchan despiadadamente en aras de la supremacía y el control (aquella donde un tráiler conducido por Pretoriano Jack junto a Furiosa mientras son perseguidos por las huestes de Dementus que incluyen a sujetos con paracaídas y ventilador industrial a modo de planeador es un perfecto ejemplo). Éstas conviven en armonía con escenas que conjugan toda la esencia dramática de los filmes predecesores en esta saga, como el detalle de la familia destruida que remite a la primera cinta, los asedios porfiados y colosales del “Guerrero del Camino”, el tenor en farsa sobre la civilización capitalista e imperialista occidental tipo “La Cúpula del Trueno” representado por el pillaje mutuo entre los dos adversarios, Dementus e Inmortal Joe, y las fascinantes secuencias de acción con iconografía caricaturesca que definen a “Furia en el Camino”.

“Furiosa: De la Saga Mad Max” es un relato que brilla en ruta análoga a su predecesora (el espectador se hará un flaco favor tratando de compararlas, pues este filme y el antecesor son animales diferentes) por su regresión a la ironía y vena sarcástica de antaño, en par con un reparto de primera y los esperados golpes intertextuales a los sistemas políticos imperantes que la hacen una de las mejores películas en lo que va del año. Nada mal para un cineasta de 79 años quien, al parecer, aún tiene mucho que decir en el cine.

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