“EL CLUB DE LOS VÁNDALOS” (“THE BIKERIDERS”)

Con ésta película, el director, guionista y productor Jeff Nichols prosigue con su exploración de la Norteamérica agreste, aquella que no se ve tan tocada por lo urbano donde el hombre que enfrenta su destino entre polvo y luchas prepondera con oscilantes incursiones de género tal cual vimos en “El Niño y el Fugitivo” (2012) o “Especial de Medianoche/El Elegido” (2016). “El Club de los Vándalos” representa una incursión interesante en cuanto a su definición ideoléctica al tratarse de una historia ubicada en aquellos años 60’s y 70’s que significaron un enorme extravío existencial para un país emparedado entre las difuminadas glorias de la Segunda Guerra y el desengaño producido por Vietnam, colisión de caracteres e ideologías generacionales que procrearon a los protagonistas de ésta cinta: una banda de motociclistas que transitan los caminos mal pavimentados de una nación en guerra consigo misma y aquellos que delinearon adalides del libre pensamiento como Jack Kerouac, Allan Ginsberg, William S. Burroughs y demás arquitectos de la filosofía beatnick que beatificó a la carretera como el glorioso sanctasanctórum de la autorrealización y descubrimiento del yo supremo.

Esto, a grandes rasgos, es lo que va trazando la película de Nichols (quien se inspiró en las fotografías tomadas por Darry Lyon para un libro de su autoría publicado hace varios años) a través de su personaje principal, Benny (el muy limitado Austin Butler), motociclista que forma parte de “Los Vándalos”, asociación que a la postre se transforma en club gracias a la visión y ambición de su líder, el meditabundo y leal Johnny (Tom Hardy). La película segrega su narrativa en dos puntos focales esenciales: la historia del club mediante Benny como un fiel “Vándalo” que prefiere morir antes que abandonar éste estilo de vida–así se expresa en un momento de la cinta cuando su integridad física está en riesgo por una trifulca- y la de su pareja, Kathy (Jodie Comer), quien se relaciona con él primero con recelo al ser ella una joven fresa que repudia la apariencia y modus vivendi de un motociclista pero sucumbe ante el inquebrantable encanto y devoción que Benny le prodiga. Tal cual el libro fotográfico que le sirvió de base, la película progresa a través de viñetas, conceptos y sugestiones dramáticas cuya expresión depende de la narrativa que provee Kathy como elemento externo proveyéndole de un comentario y una reflexión a los eventos, los cuales proceden sistemática y cronológicamente mostrando las dinámicas entre éstos sujetos con espíritu de niño e ínfulas de Marlon Brando en su rol de “El Salvaje” que buscan la libertad con velocidad e imprudencia. El cuadro de ´personajes incluye a Zipco (Michael Shannon), hombre maduro que al igual que la mítica cinta de Dennis Hopper busca su destino; “Cucaracho” (Emory Cohen), el integrante menos rudo del clan quien sueña con ser policía de carretera; Danny (Mike Faist) quien cubre el rol de “hermano menor” en el grupo o Cal (Boyd Holbrook), compañero inseparable de Danny quien aporta ludismo a “Los Vándalos”. Las interacciones aquí son integrales para ir conociendo las personalidades y propiedades psicológicas de todos, siendo Benny y Kathy el ancla emocional de todo el proceso argumental mientras se enfrentan a otras bandas, beben, echan relajo en fogatas nocturnas, se prodigan lealtad y gradualmente van labrando su perdición conforme llegan nuevos integrantes que incrementan el nivel de belicosidad interno.

“El Club de los Vándalos” es la historia de un sueño que se quebranta ante su inhabilidad por perdurar con el cambio a modo de alegoría sobre un país que padeció la transición de la Generación Boomer a la hippie, replanteando la mitología occidental por una más humana que invade la frontera mental de su colectivo ante ese progreso bastardizado que aún causa estragos a modo de “corrección política”. La película atraviesa algunos baches en el camino a modo de literalidad en sus planteamientos metafóricos o escenas que recurren más al efectismo (el intento de violación de Kathy, la confesión de Johnny, etc.), pero el resultado es un viaje bien trazado que trabaja con solidez sus componentes como la camaradería a toda prueba y devoción a su abstracta causa, una bien plantada en caminos sin fronteras más las que delimitan tus sueños.

“CRIATURAS ASOMBROSAS” (“LE RÉGNE ANIMAL”)

En un mundo ucrónico donde los humanos han comenzado a mutar en fauna animal por razones no muy claras, un hombre llamado Francois (Roman Duris) quien junto a su hijo adolescente Émile (Paul Kircher) atraviesan el trance conjunto de haber perdido a su esposa y madre cuando ella comienza a transformarse en un extraño mamífero. Parte del proceso es que, por recomendaciones del sistema sanitario de Francia, deberán reubicarse en otra ciudad mientras ella es tratada para revertir su condición, comenzando un viaje de autodescubrimiento entre ambos debido al alejamiento que ya marcaba su relación a la vez que Émile comienza gradualmente su propia metamorfosis.

El guion y dirección de Thomas Cailley mantiene una interesante economía de los recursos fantásticos en favor de los dramáticos, siguiendo el dictum del cine galo sobre favorecer la exploración emocional de los personajes a través de sus experiencias antes que someterlos a una ordalía producto de las inverosímiles circunstancias en que se encuentran. Los actores logran mantener a flote sus roles gracias a su entrega y a que sus personajes son más que meros atavíos a usar, pues su relación fracturada se expresa con honestidad y las interacciones con éstas entidades mitad humana-mitad animal sirve más como conducto de aprendizaje y reflexión que como elementos inductivos a la ternura o acción innecesarias, sobre todo cuando Émile traba una curiosa amistad con un chico que se transforma en ave. “Criaturas Asombrosas” es un claro ejemplo de que el discurso con pretensiones humanas y dramáticas que se desarrolla en un contexto especulativo o de ciencia ficción no puedan o deban convivir, tal cual musita ésta producción en cuanto a la tensa convivencia entre humanos y mutantes.

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