El poder absoluto….

El progreso de la industria cinematográfica japonesa en el empleo de sus técnicas en animación ha recorrido un largo trecho desde que Ozamu Tesuka fundamentó su plástica y estilo a través de su obra insigne “Tetsuwan Atom” / “Astroboy” (1963-1966), trabajo que sentó bases para la estructura dramática y caracterización de personajes (incluyendo los desmesurados globos oculares inspirados en los personajes de la Warner Bros. que Tesuka tanto admiraba) a perpetuidad. Creativos como Isao Takahata (“Heidi”) o GoNagai (“Mazinger Z”) contribuyeron a su difusión y subsecuente penetración cultural a nivel global ante lo atractivo y universal de sus modelos narrativos, encontrando a su vez incontables réplicas a través del cine y la T.V. hasta que en 1988 el medio maduró drásticamente en forma y fondo con una obra de profunda propuesta dramatúrgica enclavada en el género de ciencia ficción titulada “Akira”, creación del iconoclasta Katsuhiro Otomo basado en su propio opus impreso desde 1982 en forma de cómic (manga). El sondeo y profundización que le aplica a su propia cultura y constructo social mediante una historia de trazos apocalípticos bien definidos por el naciente subgénero literario del ciberpunk (futuros distópicos que versan sobre la despersonalización y la predominancia tecnológica/urbana sobre el humano) donde el drama que se origina entre dos puntos de vista contrarios se amalgama con una deslumbrante postura metafísica.

Como en casi todo el anime, la historia de «Akira» parece complicada, pero en realidad es sencilla debido a la eterna –y a estas alturas, adorable– propensión de los japoneses a darle incontables vueltas a un único e inamovible núcleo temático llevado hasta sus últimas consecuencias. En la propuesta de Otomo, la premisa se detona literalmente en un Tokio de los años 80 por un enigmático esper llamado Akira, quien destruye la metrópoli activando una Tercera Guerra Mundial. Treinta años después, la ciudad renace, pero ahora está asolada por un sistema político inestable y corrupto que propicia una desigualdad en la repartición de riquezas, originando bandas callejeras que toman el control de las calles. Las pandillas líderes son Los Cápsulas, gobernada por el impulsivo pero leal Kaneda, quien tutela a su mejor amigo, el desubicado Tetsuo Shima, mientras combaten a sus enemigos, Los Payasos.

El destino quiere que Tetsuo se tope, en medio de una espectacular trifulca entre bandas, con un esper fugitivo que le transfiere el conocimiento y la esencia de Akira, por lo que es llevado a un instituto dirigido por el Doctor Onishi en contubernio con el Coronel Shikishima. Mientras Tetsuo incrementa exponencialmente su poder psíquico, causándole terribles dolores y alucinaciones pavorosas, Kaneda busca la forma de rescatarlo asociándose con Kei, quien dirige un movimiento de insurrección contra el atrofiado régimen. La trama se espesa cuando Tetsuo adquiere habilidades mentales sobrecogedoras, llevando a todo el cuadro de personajes a un aterrador y místico clímax donde la naturaleza humana se pone a prueba con un semidiós.

Copiada hasta el hartazgo por Hollywood sin jamás reconocerlo e influyendo en diversos proyectos tanto en Japón como en Occidente, «Akira» compila una serie de propuestas que se desmenuzan con brillantez y un gran entendimiento del lenguaje cinematográfico, exponiendo una dramaturgia honesta y profunda, cortesía de un Otomo en la cúspide de sus poderes creativos. Su trabajo en cuanto a dirección y animación constituye una de las labores más intrincadas y artesanales de la animación pre-CGI, destacando por su rica puesta en escena que no excede sus recursos ni sucumbe a un barroquismo o efectismos innecesarios. La película dilucida su propuesta con gran sentido de la lectura fílmica y ha logrado trascender más allá del anime convencional. En una trama que condensa diversos aspectos de la sociocultura japonesa a través de la pugna entre dos amigos, uno omnipotente y el otro armado con una sofisticada motocicleta, yace un drama que no le pide nada a grandes autores como Kurosawa o Kubrick. Puede sonar pomposo o pedante, pero en verdad, «Akira» es una gran película.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com