“CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN 2” (“HOW TO TRAIN YOUR DRAGON 2”)
COLUMNA CORTEPor años, la vinculación de conciencias rebosantes de inocencia con elementos externos que fungen como recipientes para ser llenados con ella y posteriormente canalizarla en procesos de aprendizaje conductual que culminarán en su estrecho hermanazgo, es una herramienta narrativa que ha probado su valía, perdurando y cimentando incontables filmes, desde “E.T.” (Spielberg, E.U., 1982) hasta “Mi mascota es un monstruo” (Russell, G.B., 2007), pues la relación niño(a)-endriago satisface las necesidades emocionales de cualquier entidad sensible, al representar en pantalla la primigenia fantasía sobre la superación de obstáculos cotidianos mediante un asistente quimérico. Y justamente eso ocurrió en “Cómo entrenar a tu dragón”, la cinta animada de Dreamworks estrenada hace cuatro años, donde se nos presentó el mítico pueblo de Berk y sus habitantes vikingos, incluyendo a su líder Estoico y su físicamente disminuido hijo Hipo, en pugna constante con los dragones que, en apariencia desuelan y avasallan su comunidad. La fórmula narrativa al respecto dicta que precisamente el sujeto más débil será el valedor y redentor ipso facto de la historia, y así Hipo conoce a Chimuelo, el último de su raza y un dragón temido por todos, Su amistad se transformará en una relación simbiótica por dos razones fundamentales: 1.- Sus respectivos extravíos existenciales (Hipo vive a la sombra de su valeroso y recio padre, a la vez que se siente alienado e incomprendido por su gente; mientras Chimuelo no comprende a los humanos y, como ya mencioné, no posee ataduras familiares o de cepa), y 2.- La pérdida específica de un miembro anatómico, lo que complementa tanto su subsistencia como la idea simbólica de que son uno mismo. La película pretendía cuestionar ciertos aspectos deontológicos, como el desapego a los arcaicos y violentos ideales de su sociedad a favor del pensamiento racional, el hallazgo de la tolerancia y benevolencia mediante la multitudinaria superación de un obstáculo formidable (Estoico y los habitantes de Berk cambian de parecer en cuanto a Hipo y los dragones cuando ambos les salvan la vida en el clímax del filme) y la posibilidad de retomar un pedazo de inocencia como alternativa para la coexistencia. Puntos interesantes a ser tratados en una cinta de corte infantil que desafortunadamente se quedaban a medio camino en favor de cierto sentimentalismo banal y una trama que telegrafiaba todos sus movimientos por ceñirse demasiado a la conocida fórmula (quien haya visto “E.T.” o cualquiera de las cintas que se le semejen, podrán adivinar el cauce dramático de la película). Aún así, “Cómo entrenar a tu dragón” fue considerada la mejor cinta animada de aquel año con un amplio margen de ganancia en taquilla y una postulación al premio Óscar en su categoría de filme animado. Ante ello, el departamento de mercadotecnia del estudio consideró que una secuela era prioritaria y ya se baraja la posibilidad de una trilogía. Por lo pronto, la segunda aventura de Hipo y Chimuelo, el Furia Nocturna, ya se encuentra en cartelera, y el resultado es una notable mejoría en cuanto a guión y desarrollo de personajes, pues la trama ya no debe constreñirse a la premisa de recuperación filial entre padre e hijo y localizar un punto de acceso a la colectividad rescatándola de un peligro de muerte (recordemos que Hipo sólo logra integrarse a la comunidad sólo al salvarla y no mediante su identidad, personalidad o elementos que lo definan. Si la amenaza al final de la cinta no se hubiera presentado, el muchacho seguiría siendo un paria), sino que ésta puede evolucionar al mostrar lo que ocurre con los personajes pasado este punto, y esto en definitiva es más atractivo.
La película arranca con una ciudad de Berk fortalecida y ahora amante de los dragones, al punto que los utilizan para actividades cotidianas, como transporte e incluso recreación. Hipo y Chimuelo han fortalecido su relación, pero una nueva amenaza se cierne: la invasión de un marino llamado Eret y su flota dedicada a robar dragones, todos bajo las órdenes del misterioso Drago, quien los quiere por motivos que no revelaré para no estropear una de las sorpresas del filme. En el desarrollo de la aventura, Hipo se reencuentra con su madre extraviada, una mujer que abandonó sus responsabilidades maternas al no encontrar tampoco su lugar en Berk y ahora dirige una comunidad de dragones que incluye a uno de dimensiones monstruosas. Los puntos nodales a nivel dramático serán la lealtad y la ubicación emocional, pues el hermanazgo entre Hipo y Chimuelo se pondrá en entredicho cuando un as bajo la manga de Drago controle las acciones del Furia Nocturna a puntos trágicos.
Todos los aspectos narrativos de esta segunda aparte se ven fortalecidos por una intención más llana y honesta por parte del director Dean DeBlois, de madurar los componentes psicológicos de los personajes y éstos, lejos de ser los arquetipos bidimensionales de la predecesora, por fin encuentran voz propia y destacan mediante sus distintivas acciones, incluso los secundarios tienen su momento de brillo en la historia. Por otro lado, el drama brota orgánicamente sin forzarlo o retorcerlo al punto del mero chantaje, lo cual funciona porque nuestros protagonistas se perciben evolucionados y más complejos en su toma de decisiones. En pocas palabras, todo un progreso para Dreamworks, el cual ya estaba varándose en lo superficial. “Cómo entrenar a tu dragón 2” es uno de esos casos en que los componentes idóneos se conjuntan para crear un filme que supera con creces a su antecesor, y tal ambición, como las proezas de Hipo y Chimuelo, es admirable.

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