COLUMNA CORTE“X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO” (“X-MEN: DAYS OF FUTURE PAST”)
“[…] el encuentro podría crear una paradoja temporal, cuyos resultados podrían detonar una reacción en cadena que podría deshacer la materia misma del continuo espacio-tiempo y destruir el universo entero. Claro que ése es el peor de los casos, la destrucción podría, de hecho, ser muy enfocada y limitarse tan sólo a esta galaxia…”
–    Doctor Emmet Brown, “Volver al Futuro II”

Cuando Albert Einstein enunció por vez primera su Teoría de la Relatividad, los engranes creativos y lúdicos comenzaron a girar en incontables mentes dedicadas al obsequio de historias a públicos masivos, ya fuera mediante la literatura u otros canales de expresión fantástica, y seguramente el físico alemán jamás imaginó que su conjetura sobre el desplazamiento de elementos físicos al pasado o hacia el futuro “bordeando” las leyes físicas convencionales, permearía la cultura popular, al punto que su comprensión comienza a diluir sus bases de erudición mecánica-cuántica y ahora el indocto de la física posee un conocimiento básico sobre los factores que sustentan dicho postulado. Por supuesto que los esfuerzos narrativos de las ya mencionadas mentes la han popularizado al punto que el viaje temporal no sólo es uno de los artificios argumentales más reconocidos, sino además uno de los más populares “mcguffins” y “deus ex machina” que la narrativa haya conocido, pues su existencia en la ficción permite, tanto generar situaciones que erogan en entrañables historias que abarcan todo tipo de género, como una solución que satisface las inconsistencias de una continuidad cronológica mal amarrada o desprolija. Un ejemplo cabal y extenso es la industria del cómic, la cual ha utilizado este recurso hasta tornarla su pan y mantequilla anecdótico sin siquiera ya considerar sus implicaciones -literalmente- a futuro, pues se da por sentado que el quiebre del continuo espacio-tiempo es tan casual como fabricar sal o dividir el átomo, aún si algunas historias buscan ahondar en la problemática que un salto temporal puede acarrear, como es el caso “Días del Futuro Pasado”, un arco argumental que surgió a principios de los años ochenta en las páginas del cómic mensual de “Los Hombres X” (en efecto, hubo una época en que las ambiciones globalizadoras de las grandes compañías aún no imponían ninguna cláusula que negara la traducción e integración de títulos y palabras a una lengua que no fuera la sajona, y aún así a muchos jóvenes se les dificulta actualmente aprender o memorizar el idioma inglés. Irónico), escrito por Chris Claremont y dibujado por John Byrne, las superestrellas del medio en la industria del cómic norteamericano de aquel entonces. Su tono discursivo gris, pesimista y fatalista y los cargados lápices de Byrne la distinguieron de las acostumbradas y coloridas aventuras de los populares personajes, transformándose en una de las sagas clave en la historia impresa de los mutantes. 30 años después de su publicación, la trama encuentra cauce en el medio cinematográfico mediante una iteración que amalgama las cintas que sobre los Hombres X se han realizado los últimos 14 años y la renovación que se planteara con “X-Men: Primera Generación” (2011), conjuntando a la mayoría de los conocidos personajes en un relato de proporciones épicas a nivel cronal por desarrollarse en el pasado y el futuro.
La cinta comienza en una sociedad apocalíptica donde la especie mutante ha sido prácticamente barrida de la existencia por unas entidades mecanizadas y humanoides llamadas “Centinelas”, creadas hace varios años por un diminuto científico llamado Bolívar Trask (Peter Dinklage) para controlar y frenar la expansiva raza superpoderosa. Sin embargo, su ejecución por parte de Mystique (Jennifer Lawrence) desata la ira pública y política, por lo que los mutantes son perseguidos utilizando la invención robótica de Trask, hasta que ésta se sale de control, esclavizando incluso a humanos con genes mutantes latentes. La situación es insostenible, por lo que un puñado de ellos, que incluye a Shadowcat (Ellen Page), Charles Xavier (Sir Patrick Stewart), Magneto (Sir Ian McKellen) y Wolverine (Hugh Jackman), deciden mandar la conciencia de uno de ellos a su yo de 1973 -año en que ocurre el mencionado siniestro- y detener a Mystique para evitar su nefasto presente (nuestro futuro). El elegido es Wolverine (no sólo porque es el único capaz de resistir tal empresa, sino además su popularidad entre los fans así lo exige) y así se desarrolla una trama que abarca en paralelo una aventura en la década de los setenta, donde el mutante de las garras de adamantio deberá buscar a los jóvenes Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr / Magneto (Michael Fassbender) para ayudarle en su tarea de localizar a la metamorfa y frustrar su plan de asesinato, mientras presenciamos los esfuerzos posteriores de los sobrevivientes por mantener a salvo a Logan (Jackman) de la inminente llegada de los Centinelas.
El director Bryan Singer se echó a cuestas una tarea de logística narrativa que coquetea con la pesadilla, pues no sólo debe coordinar coherentemente la presencia de numerosos personajes (todos con poderes distintivos) ya establecidos en la franquicia, la presentación de algunos nuevos pertenecientes a la continuidad en los cómics, temporalidades análogas que requieren de su propia ambientación o convincentes atmósferas y una historia donde se aborde procesos de identidad, lealtad, madurez y mortalidad. Y lo hace… a medias, pues aun cuando la cinta luce espléndida (la fotografía cumple, la puesta en escena y locaciones es efectiva y elementos como vestuario, maquillaje y efectos especiales funcionan bastante bien), el guión no puede evitar verse sofocado ante la presencia de tantos componentes argumentales, por lo que la historia posee varias lagunas y los personajes se ven reducidos en momentos a arquetipos, con motivaciones bidimensionadas y escasa profundidad en sus acciones (¿para qué diablos requiere Magneto un estadio completo en el clímax de la cinta, además de hacerlo lucir poderoso? ¿Qué sucedió con el mutante velocista? Y así). Mas, rascaduras de cabeza al final de la cinta aparte, el filme logra entretener porque Singer conoce su oficio de maestro de ceremonias y sabe cómo confeccionar escenas dinámicas y entretenidas (la secuencia donde se expone el potencial del mencionado velocista es inmejorable) y el talentoso cuadro de actores permite que la cinta luzca más importante y esplendorosa debido a su propio lustre histriónico, cumpliendo sin problemas al dimensionar lo que en manos de otros serían meras caricaturas. Dos horas de película que se digieren visualmente sin problema y que, aún con las fallas ya expuestas, entretiene con los predicamentos de estos Homo Superior, los cuales tienen garantizada una cinta más a estrenarse en el año 2016 y donde se enfrentarán a Apocalipsis, el primer mutante. Como diría Marty McFly en “Volver Al Futuro”, esto está pesado.

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