Estimado Secretario:
Además de enviarle un afectuoso saludo, aprovecho estas líneas para mostrarle mi reconocimiento por su larga trayectoria en el mundo de las finanzas públicas. Estoy convencido que su estadía en el Banco Mundial y en distintos cargos públicos, han fortalecido su capacidad adquirida en materia económica, al igual que sus estudios en economía en la Universidad de Nueva York.
No obstante, considero que las acciones tomadas por la actual administración federal, de la cual usted forma parte esencial, no son las más adecuadas para la coyuntura actual en que vivimos. Indaguemos.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, la necesidad de elevar la eficiencia de la política fiscal. Si bien los asuntos de recaudación estarán congelados en el corto plazo, no será así con el gasto público. Conocemos que los cuestionables proyectos prioritarios para esta administración, es decir, el Tren Maya, Dos Bocas y Santa Lucía, difícilmente generarán un impacto multiplicador en la economía del país. En repetidas ocasiones, un sinfín de instituciones, consultorías, y organismos especializados, han demostrado la pésima inversión que representan los planes mencionados. A pesar de ello, los recursos continuarán fluyendo con velocidad.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que la postura de cero endeudamiento, es un profundo error que pagaremos durante años. Hoy más que nunca, debemos destinar la mayor cantidad de recursos posibles a mitigar el impacto de esta indudable crisis económica que vivimos. Por primera vez en muchos años, encontramos una razón técnicamente sólida para adquirir deuda.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que la austeridad pública anunciada por el presidente no es significativa ni relevante para el problema que enfrentamos. La reducción de salarios y la cancelación de aguinaldos para altos mandos del gobierno federal, no compensan en lo más mínimo las pérdidas económicas que enfrentarán los empresarios durante el mismo mes. Es decir, le estamos recetando una simple aspirina a un paciente al borde de la muerte; no hace falta especular de más para conocer el resultado.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que, al no presentarse ningún tipo de estímulo fiscal para las empresas, la mayoría se verán en la penosa necesidad de despedir gente o cerrar. La mayoría de los empresarios no pedimos una condonación de impuestos, sino fraccionar y aplazar las diversas obligaciones que tenemos con el Estado. ¿Es mucho pedir? No olvidemos que, como decía el gran Sir Winston Churchill, “son las empresas los caballos que tiran del carro de la economía”. Es momento de dejar de lado los prejuicios y el resentimiento.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que ya se ha caído en una necedad por parte del titular del Ejecutivo en cuanto a su percepción del déficit público. El estigma que se tiene sobre este tema, simplemente no ayudará a impulsar la demanda agregada y reactivar la economía.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que los datos expresados en los precriterios para el 2021 pecan, en su gran mayoría, de una confianza exacerbada y quizás desconectada de la realidad. Resulta hilarante la necesidad de solicitar expresamente en dicho documento apoyo por parte del Ejecutivo para salvaguardar la economía. Como si eso no fuera suficiente, lo contradicen en cadena nacional y corrigen los datos económicos que, sin lugar a dudas, deben contar con un gran respaldo empírico.
Usted conoce, sin temor a equivocarme, que las políticas contra cíclicas no ayudan tan solo a unos cuantos, y que éstas pueden constituir los primeros canales para acelerar la recuperación económica. Aunado a esto, el presidente rinde admiración al expresidente Roosevelt, sin conocimiento de que estas políticas eran habituales en la administración del mismo.
En fin. Pudiéramos continuar detectando una infinidad de inconsistencias en la aplicación de la política fiscal anunciada en estos días por el gobierno federal; las cuales difícilmente ayudarán a la economía del país; las mismas, sin temor a equivocarme, no cuentan con su total aprobación.
Se atribuiría de tonto a aquel que tenga la incongruencia de dudar de su capacidad para afrontar el complejo escenario que nos aqueja; pero no se le daría el mismo juicio para aquél que considere que se encuentra amarrado de manos.
Los mexicanos somos un pueblo que ha sabido enfrentar y sobreponerse a una infinidad de desafíos que afloran en coyunturas lóbregas e inciertas; esta no será la excepción, a pesar de las contradicciones y fragilidades que el Ejecutivo ha evidenciado en días recientes. Su salida sería un duro golpe para todos, incluidos los mercados; sin embargo, es necesario poner en primer orden su dignidad y su prestigio.

A T E N T A M E N T E

@GmrMunoz