Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Eterna confusión de una mente con recuerdos

(Nota: Esta cinta se encuentra en cartelera comercial y se incluye en este espacio por la naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico del mismo, pero es responsabilidad del espectador decidir el asistir a una sala de cine a verla ante la contingencia sanitaria que impera).

Como director, Doug Liman ha tenido la oportunidad de trabajar con varios conceptos relativamente abstractos que logra configurar en relatos sólidos y acabados (“Identidad Desconocida”, “Al Filo del Mañana”) gracias a que su exploración es honesta y aguda, pero con “Caos: El Inicio”, el concepto es todo lo que hay. Y debo reconocer que resulta intrigante: un planeta que le permite a todo ser racional exponer visualmente sus pensamientos, lo quiera o no. Pero todo el proceso languidece ante un desdén por profundizar en cualquier aspecto de la trama que plantea, distrayéndose constantemente del seguimiento a los personajes, sus motivaciones, el esclarecimiento o cuaje de las situaciones y cualquier indicio de preocupación por lo que ocurre en la pantalla ante lo que, supongo, fue una pesadilla de logística al tener que conjurar todo lo que transita por la mente de los personajes durante la hora y 49 minutos que dura el metraje basado en la primera de tres novelas escritas por Patrick Ness, quien, además, se encargó de adaptar su texto. El resultado nos deja con una incómoda sensación de desperdicio ante lo que pudo ser una reflexiva e incluso metafísica exploración del Id ante circunstancias muy atípicas.

Dicha atipia se debe a que el relato se ubica en el año 2254, en un planeta llamado “Nuevo Mundo”, donde los colonos humanos que lo habitan han tratado de generar una nueva vida después de que la Tierra ya no fuera una opción, sólo para descubrir que este planeta proyecta sus pensamientos, denominando a este fenómeno “El Ruido”. Entre villas y una constante actividad agrícola está nuestro héroe, un joven llamado Todd (Tom Holland), al que se le ha enseñado que todas las mujeres del lugar fueron asesinadas por una extraña tribu nativa, siendo una de esas mujeres la madre del chico, por lo que ahora es criado por Ben (Demián Bichir), hombre humilde y afectuoso, y Cillian (Mads Sutter), quienes hacen lo que pueden para mantener a raya al Alcalde (Mads Mikkelsen), hombre taciturno e inexpresivo que domina el territorio. Esta dinámica plantea elementos interesantes, como el hecho de que Ben y Cillian duermen en la misma cama, pero esto y otros aspectos de la historia son relegados a las circunstancias, como el ahondar en el significado de una comunidad patriarcal a la fuerza debido a la extinción de féminas. Todd logra musitar su “Ruido” mediante el control de su tráfico neuronal, una habilidad que comparte con el alcalde, por lo que, de esa forma, no se sabe a ciencia cierta lo que piensan. Este cotidiano se verá trastornado cuando un día llega, de forma intempestiva, una cápsula espacial con más colonos, mas el violento aterrizaje sólo permite que sobreviva una pasajera, Viola (Daisy Ridley), la primera mujer que Todd ve en su vida e instrumento de una importante revelación: las mujeres no producen “Ruido”. Ella le revela al alcalde su misión, que es acudir a un centro de comunicación en lo profundo del bosque para notificar su descenso y así permitir que otros 4,000 terrícolas lleguen a este edén natural, pero el misterioso líder comunal tiene otros planes que involucran eliminar a la chica y apropiarse de la nave para abandonar el Nuevo Mundo, pues la constante proyección mental está llevando a varios al borde de la locura, incluyendo a un extraño predicador al borde del fanatismo y que es como su brazo derecho. Al darse cuenta, Viola logra escapar llevándose a Todd consigo como guía para localizar su destino y mantenerse con vida en un ambiente salvaje y hostil.

El concepto mismo del “Ruido” da para mucha tela narrativa que cortar, pero, dada la descripción en el párrafo anterior, podemos ver cómo todo el proceso se limitará a persecuciones, peleas y simplones momentos incómodos entre Viola y Todd al momento de manifestar sus inocuas fantasías de besos y abrazos con la joven, instalándose en la complacencia y la comodidad argumental y evadiendo las serias y complejas implicaciones de un fenómeno psíquico tan fascinante. Aunado a esto, este reparto francamente inspirado (¿Cómo resistirse a la conjunción de buenos actores como Holland, Ridley, Bichir y Mikkelsen en una misma cinta?) no es más que un truco para magnetizar al espectador a su asiento y esperar que, en algún momento, sus papeles estén a la altura de su pericia histriónica, algo que jamás ocurre. Hay un hedor a lo largo de todo el proceso en las novelas para jóvenes adultos que maliciosamente nos orillan a creer que esto, a fin de cuentas, es tan sólo el preámbulo para la subsecuente adaptación de los libros de Ness. Pero ante este funesto resultado y el justificado repudio por parte de la crítica, los productores no necesitan ver nuestros pensamientos para comprender que ésta sería una mala idea.

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