“Sangrientas” es el adjetivo calificativo que predomina en las campañas electorales. No ha transcurrido semana, en este año, sin que se haya cometido un asesinato a sangre fría de algún candidato desde antes del comienzo de las campañas y frente a un gran número de testigos.

La población comenzó a perder la capacidad de asombro tras el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, lo cual tuvo un impacto tremendo, especialmente porque Luis Donaldo competía para el cargo más importante del país y, además, era un hombre sumamente carismático; de una presencia sobrecogedora, con una voz imponente que convencía incluso a los más escépticos. A todo esto se suma que era un individuo altamente preparado, tanto académica como políticamente, nacido en una familia de clase media y forjado a base de esfuerzo. Adicionalmente, era un hombre inteligente, bien formado y que avanzaba paso a paso hacia la presidencia del Ejecutivo. Nadie parecía poder eclipsarlo en la elección. Sin embargo, una conspiración gestada en lo más profundo del poder puso fin de manera abrupta a quien habría sido un presidente transformador para la historia del país. Su asesinato en Lomas Taurinas, Tijuana, alteró negativamente el destino de México. Y mencionamos que para mal, porque de haber asumido Colosio la presidencia, difícilmente estaría hoy en el cargo el peor presidente que México ha tenido: Andrés Manuel López Obrador.

Esto se corrobora con los eventos que precisamente ocurren en todo el territorio nacional, con asesinatos a mansalva y ante cientos de ciudadanos, en los mítines de las campañas electorales. El más reciente sucedió el lunes pasado en la comunidad de San Miguel Octopan, Gto., adonde había acudido Bertha Gisela Gaytán Gutiérrez, candidata a la alcaldía de Celaya por Morena, quien fue asesinada a balazos al iniciar un mitin en una de las comunidades más peligrosas de Celaya.

Esta candidata no ha sido la primera ni será la última en ser atacada por el crimen organizado, en esta fase de las campañas electorales. Esta situación ha comenzado a generar temor entre la población, lo que podría repercutir en una baja participación en la jornada electoral del 2 de junio, beneficiando principalmente a Morena, ya que cuentan con un amplio porcentaje de votantes asegurado, producto de su clientela electoral cautiva con los apoyos económicos que otorga el gobierno morenista bimestralmente.

Afortunadamente, Aguascalientes marca una excepción. La situación política ha sido controlada por un sólo partido desde siempre. Desde 1929, con el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario, que en 1938 se transformó en el Partido de la Revolución Mexicana y que en 1946 cambió su nombre a Partido Revolucionario Institucional. El PRI mantuvo el poder durante 70 años hasta el año 2000, cuando perdió la presidencia de la república a manos de Vicente Fox. En Aguascalientes, el PRI fue el partido hegemónico hasta 1995, cuando el panista Alfredo Reyes Velázquez ganó la presidencia municipal de Aguascalientes y, posteriormente, en 1998, el también panista Felipe González González ganó la gubernatura con una gran diferencia de votos, poniendo fin a siete décadas de dominio partidista del tricolor en este estado. Después de Felipe González, Luis Armando Reynoso Femat obtuvo el triunfo electoral en la gubernatura. Posteriormente, Carlos Lozano de la Torre, priísta, gobernó al viejo estilo priísta, añadiendo un despotismo exacerbado y terminando su sexenio alejado por muchos de quienes fueron sus amigos. La ceguera del poder reveló su verdadera y nefasta personalidad.

Tras el desastroso sexenio de Carlos Lozano, obviamente el PRI no iba a triunfar en la elección a gobernador, recuperando Acción Nacional el poder del estado de la mano de Martín Orozco Sandoval y, seis años después, Teresa Jiménez Esquivel, también militante del Partido Acción Nacional, logró un triunfo electoral decisivo, convirtiéndose así en la primera gobernadora en la historia del PAN en Aguascalientes.

Hoy, Aguascalientes es uno de los pocos bastiones panistas que quedan en el país. La población no es fácil de engañar y sabe que Morena es sólo un espejismo, un movimiento liderado por un hombre nefasto y rencoroso que no ha cumplido ninguna de sus promesas de campaña, con el deseo de perpetuarse en el poder de manera indirecta para ejercer un maximato. Su máximo sueño es ver a México como un país socialista. Todos los indicadores señalan la dirección hacia la cual está conduciendo los destinos del país, y Claudia Sheinbaum será la encargada de continuar con los planes obradoristas. ¿Lo lograrán?