Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los diseñadores de los programas de estudio de la educación básica siempre ponen en el centro de atención, del proceso educativo, lo que consideran como lo más importante. Por ejemplo, uno de los modelos educativos, que se recuerda, ponía al maestro en el centro de la educación; argumentando que el maestro era el depositario de los conocimientos; por lo tanto, era la figura indicada para transmitir esos conocimientos a los alumnos; en consecuencia, todo giraba en torno a él. Poco después, otros intelectuales que reformularon programas pensaron que debería ser el niño el que estuviera en el centro de la educación, porque era el que estaba aprendiendo y por esta razón todos los esfuerzos educativos deberían ser encaminados hacia el niño. Seis años después, en una nueva reforma curricular, se consideró que lo más importante, del proceso educativo, era el aprendizaje, y pusieron el aprendizaje en el centro de la educación. En la reforma educativa de la administración anterior, la escuela era el centro de toda atención educativa, porque, se argumentó, en ella se concentran los demandantes de la educación, todos los actores educativos, todos los esfuerzos y gran parte de los factores para la formación de los estudiantes.

Hoy, en los nuevos programas de estudio de la educación básica 2022, se pone a la comunidad en el centro de la educación. En la página 82, del Marco Curricular, textualmente se establece: “Este plan de estudios coloca a la comunidad como el espacio social, cultural, político, productivo y simbólico, en el que se inscribe la escuela como el principal elemento articulador de las relaciones pedagógicas, así como de los procesos de enseñanza y aprendizaje”. Y la página 84 del mismo documento subraya: “Colocar a la comunidad como el espacio central del proceso educativo implica una función desde donde se problematiza el hecho educativo. Significa establecer una relación dinámica de interdependencia e influencia recíproca entre la escuela y su entorno inmediato, que al mismo tiempo funcione como núcleo integrador de los procesos de enseñanza y aprendizaje, el trabajo docente sobre el currículum, la planeación y la evaluación, así como de los procesos académicos y administrativos”.

En otras palabras, como dicen los actuales funcionarios en su discurso, “la escuela debe dejar el escritorio y trasladarse al territorio”; esto es, debe ir y ubicarse donde están los problemas sociales y ambientales del municipio, colonia, barrio, alcaldía, pueblo, ranchería; y, allí, en cada uno de estos espacios trabajar, investigar, enseñar, aprender y solucionar los problemas imperantes, en coordinación con las instituciones que tiene la comunidad como la familia, las asambleas de vecinos, comités de tierra, comités de salud, los centros de salud, mesas técnicas de agua, bibliotecas públicas, grupos culturales, clubes deportivos, puntos de encuentro y organizaciones de mujeres, organizaciones de trabajadores y trabajadoras, organizaciones estudiantiles, asociaciones civiles y cooperativas, entre otros organismos. De esta manera, el maestro “será un líder social”.

Suena interesante, pero nos gustaría saber sobre la parte operativa para laborar en la comunidad donde está ubicada cada escuela; los momentos y las formas de llevar a cabo las interacciones con las otras instituciones y organismos de la comunidad; los momentos y las formas de trabajar con los integrantes y responsables de estas instituciones y los organismos; ¿habría disponibilidad de tiempo, espacio e información de todos para analizar, dialogar, discutir, argumentar y encontrar soluciones de los problemas sociales y ambientales existentes en la localidad, así como para trabajar, permanentemente, en otras cuestiones similares?; ¿habría recursos para llevar a cabo, de esta forma, el proceso enseñanza–aprendizaje? O, como siempre, ¿dejarán que el maestro resuelva las cosas como pueda y con lo pueda? Como decía Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”; de otro modo, sólo son buenas intenciones.