Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

De todos los cambios que se anuncian en los nuevos programas de estudio de la educación básica 2022, tal vez el que más llama la atención es lo relacionado con la “desaparición” de las asignaturas como Matemáticas, Español, Biología, Física, Química, Historia, Geografía, Educación Cívica y todas las demás que históricamente conocemos. En los nuevos programas, estas materias se agruparán en cuatro Campos Formativos: I. Lenguajes; II. Saberes y Pensamiento Científico; III. Ética, Naturaleza y Sociedad; IV. De lo Humano y lo Comunitario.

En estos Campos Formativos, ya no aparecen los nombres de las materias antes mencionadas, pero, curiosamente, en el desarrollo de las clases se seguirán impartiendo como tales. En Lenguajes, los docentes de Español, Inglés y Artes seguirán impartiendo esas materias; en Saberes y Pensamiento Científico, se impartirán las clases de Matemáticas, Biología, Física, Química y Tecnologías; en Ética, Naturaleza y Sociedad, se darán las clases de Historia, Geografía y Formación Cívica y Ética; y en De lo Humano y lo Comunitario, se desarrollarán las clases de Tecnología, Educación Física, Biología, Educación Socioemocional y Tutoría.

Todos nos preguntamos ¿qué objeto tiene “desaparecer” el nombre de las asignaturas si han de seguir impartiéndose en las clases? A nuestro entender, la diferencia puede estar en el enfoque y en las técnicas del proceso enseñanza-aprendizaje. Esta temática trataremos de abordarla en otra colaboración.

Retomando los nuevos programas; éstos critican, severamente, la “fragmentación del conocimiento”. Textualmente se asienta que “el currículo se sigue configurando por signaturas, estructura que organiza el conocimiento de tal manera que promueve una visión fragmentada de la realidad”. Esta misma crítica se hizo en los años 70 y 80 del siglo pasado; y, por eso, en aquellos años, se optó por integrar las asignaturas en áreas de Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Pero, una década después de desarrollar las clases por áreas, varios estudios demostraron que, de esta forma, los conocimientos eran muy superficiales y se determinó regresar a las asignaturas en los  programas de estudio. También importa decir que, en aquel entonces, se cometió el error de seguir formando maestros en asignaturas cuando los programas de la educación básica estaban formulados por áreas. Y hoy se va a caer en el mismo error (de los años 70 y 80): los nuevos programas establecen Campos Formativos que engloban los conocimientos de todas las materias, pero los maestros estamos formados por asignaturas, y los nuevos docentes que están estudiando en las normales se siguen formando en asignaturas. Estas son las incongruencias que obstaculizan los cambios y los aprendizajes de los alumnos.

En los foros de consulta, al inicio de este sexenio, donde se estaban discutiendo los nuevos criterios para la reformulación del currículo, los maestros insistimos en la necesidad de realizar, con anticipación, cursos de capacitación para los docentes en servicio y, también, formación de nuevos maestros en congruencia con los nuevos programas. Sin embargo, se hizo caso omiso de nuestras sugerencias, por lo que ahora los maestros tendremos que afrontar el desarrollo de los programas como los entendamos y como podamos. Lamentablemente, esta ha sido la misma historia en todos los tiempos, por eso cuesta tanto trabajo avanzar hacia la calidad educativa. Además, el actual gobierno, aun cuando tiene más de 20 años en campaña, hasta el último año de su gestión pondrá en marcha los nuevos programas de estudio; tal vez con la idea de que sea el próximo gobierno el que se responsabilice de hacer los ajustes necesarios. Dando a entender que a esta administración poco le importa la educación. Si las autoridades locales tampoco hacen lo suficiente para que superemos los retos técnico-pedagógicos planteados, entonces los maestros, individualmente, haremos lo que dicta nuestra vocación de servicio por el bien de los niños y los adolescentes.