Noé García Gómez

Hace unos días Enrique Peña Nieto en uso de sus facultades por fin realizó cambios en su gabinete, la lógica nos dice que Si el país marchara establemente bien, no tendrían sentido los diez cambios. La mayoría de la opinión pública y la sociedad saben y sienten que las cosas no marchan como debería; lo sorprendente es que el presidente y sus asesores se hayan tardado tres años en comprenderlo.

Pareciera que dichos cambios tienen el sentido de refrescar las decisiones políticas y redirigir el rumbo a un camino más halagüeño, pero de manera superficial más pareciera que “cambia para seguir igual”. De los diez cambios, tres fueron nuevos y en 7 solo fueron enroques, ya que ocupaban otros cargos dentro del mismo gobierno. Se vislumbra que el objetivo del presidente y su preocupación es abrir la baraja de posibilidades hacia la sucesión presidencial, el desgaste de Osorio Chong y Luis Videgaray ante la crisis económica y la fuga del Chapo, obliga a abrir la baraja de posibilidades o al menos redistribuir el desgaste de la primera línea de gobierno.

Si algo se puede destacar es que el Presidente amplió su ámbito de influencia, de la triada que cogobernaba junto a Peña Nieto (Osorio, Videgaray y Nuño) a uno más amplio con José Antonio Meade y la llegada de Beltrones a la dirección nacional del PRI. Eso rescato y ojalá algunos gobernantes en Aguascalientes siguieran su ejemplo.

Lo anterior como antesala a su 3er informe de gobierno, como lo comentó al principio, los simples cambios llevan el mensaje implícito de que las cosas no marchan como debiera. Pero para hacer frente ante la opinión pública y sobre todo la sociedad, esta administración recurre a la desgastada y costosa receta de invadir de publicidad para sopesar la mala opinión que se tiene.

Los spots de radio y tv, las cortinillas en periódicos y web llegan al exceso y para muestra algunas cifras.

Una investigación de ARTICLE 19 y Fundar, Centro de Análisis e Investigación dice que “El gobierno federal gasta en publicidad oficial más de lo presupuestado y tras rebasar ese tope no entrega una justificación para el aumento, violando el principio de transparencia y rendición de cuentas en el uso de esos recursos públicos. En el primer año de gestión de Enrique Peña Nieto el exceso fue de 48.8%; mientras que en 2014 fue de 26%” esto es, comparando el primer año de Fox, Calderón con el de Peña Nieto el gasto, la inversión de Peña Nieto es 35% y 104% superior con sus anteriores referentes.

En síntesis, los cambios en el gabinete son para seguir igual y de cara a conservar el poder (que es lo que más les importa) y tratarán de maquillar las deficiencias con plastas y plastas de publicidad.

Concretito:

Ante la renuncia del Carlos Navarrete por los catastróficos resultados y la llegada de un académico externo a la dirigencia nacional del PRD como Agustín Basave, la oficina local debería tomar el ejemplo y asumir dignamente su fracaso.

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