Por J. Jesús López García

 A diferencia de los caminos de tierra primigenios que tuvo que transitar el matrimonio Doerr, para llegar a Asientos, según rememora la esposa Harriet en su libro Piedras para Ibarra, hoy en día, la carretera está perfectamente asfaltada y con la señalización adecuada para seguridad de los conductores que por allí circulan. Desde la ciudad de Aguascalientes, hasta la cabecera municipal, en automóvil, distan 65 km, iniciando en el segundo anillo de circunvalación norte sobre la Carretera Federal 45; el tiempo de llegada es de aproximadamente 58 minutos, dependiendo de las condiciones del tráfico.

Una vez en la carretera que conduce directamente hacia la cabecera municipal, las perspectivas que el paisaje ofrece son espectaculares. Particularmente prevalecen matorrales y árboles, así como rocas que se perciben debido a los cortes hechos en los cerros para el trazo de la vía; los lomeríos a la distancia lucen sobrios y altivos. El camino es sinuoso, con ascensos y descensos, dadas las condiciones topográficas del terreno. Conforme se avanza, contrasta la infraestructura de las minas en la campiña, percibiéndose claramente la vocación de Asientos desde su fundación. En las postrimerías del poblado, o al principio, según hacia donde se dirija, y a un kilómetro desde la Plaza Juárez, se ubica lo que en su tiempo fue el Convento del Señor del Tepozán, que data del siglo XVII, y que actualmente dispone del templo-convento, un santuario y un museo; una joya arquitectónica imprescindible de visitar.

Casi para llegar al poblado, hay un vasto conjunto de árboles que se encuentran a la vera de la carretera, particularmente pirules, así como múltiples fincas dispersas, todas ellas de fábrica actual. Una avenida de doble carril da la bienvenida al visitante, a través del nombre con letras multicolores Real de Asientos, y una grande escultura vertical. Conforme se avanza hacia el interior, se aprecian elementos del asentamiento original, tal como las casonas y la parroquia.

El trazo urbano en algunas de sus manzanas es recto y regular, en la mayoría, dadas las condiciones topográficas, es irregular con calles adaptadas al terreno, así como cada uno de los lotes que conforman a aquellas, también de distintas formas y tamaños. El núcleo, la Plaza Juárez, está circundado en sus lados, por unos portales que tienen como vecinos en el sureste el Templo Parroquial de Nuestra Señora de Belén; en el noreste resalta la Presidencia Municipal; por el noroeste un conjunto de casonas. Las fachadas se presentan con un predominio del macizo sobre el vano, estableciendo una suerte de ritmo. Los paramentos ocupados por edificaciones austeras y sobrias de un solo nivel, pero que en el adintelado de sus vanos y en lo considerable de las dimensiones de las fincas, se colige la bonanza minera del sitio.

Sobresale una casona por los elementos ornamentales en su fachada, con formas artesanales de rombos y flores de cuatro pétalos, que probablemente –interpretación personal- hayan considerado que esta flor es, en la cosmografía mesoamericana, un símbolo notable, que representa los cuatro puntos cardinales o rumbos del Cosmos, o en su caso, solamente hayan elegido al jazmín por su delicadeza y hermosura.

En esta misma calle, y dirigiendo la mirada hacia el noreste, puede verse una finca que atrae la atención por tener dos niveles y en el superior los elementos rectangulares y repetidos que engalanan la fachada. Todo lo anterior inmerso en una multiplicidad de árboles que ahora embellecen y ornamentan al jardín público situado en la Plaza Juárez, que originalmente debió ser solamente un solar terroso definido por los paramentos rectos de las manzanas aledañas. Poblado sencillo y sobrio de aire señorial, tiene en la calle Juárez una vía que caracteriza bien a su bonanza minera. Una de las ciudades fundadas durante el periodo virreinal en el territorio del estado aguascalentense que mejor expresa lo postulado por las Ordenanzas de Felipe II, rompiendo lo ortogonal por factores topográficos y de escurrimientos pluviales.   Sin duda alguna, lo descrito es solamente un atisbo de lo que encierra, en cuanto a la arquitectura se refiere, Asientos de Ibarra.