Moshé Leher

Yo uso, por razones que no vienen a cuento, y que dudo que a alguno le interesen un tornillo, tres calendarios: el Gregoriano, por razones obvias, de tal manera que hoy es 20 de enero, que contra lo que se pueda pensar no es el día de la Virgen de la Luz, como suponen los que andan ahora mismo ya festejando en la hórrida y vecina ciudad de León, sino el de San Sebastián, mártir por partida doble, ya que Dioclesiano lo tuvo que mandar matar dos veces, pues la célebre escena del santo flechado fue fallida y lo tuvieron que martirizar por segunda vez a palos.

Entiendo que es santo de los marineros, ignoro por qué, y que también lo han adoptado los de la… Mejor lo dejamos aquí, pues aquí son muy de tirarle al mensajero y yo vocación de mártir no tengo.

El otro calendario que rige mis días, que es un decir, es, también por obvias razones el calendario hebreo, de tal manera que hoy vivo, que es otro decir con este desdichado día de desolación (desolación porque no hay sol, no porque yo mismo esté sufriendo por algo), el día 18 del Shevat, del año de Yahvé de 5782, un mes que se empalma, 30 días justos, entre enero y febrero del resto.

Como los judíos no tenemos santoral, pues no se celebra nada en particular, aunque hace tres días se celebró el ‘Tu Bishvat’, que es uno de los tres años nuevos que celebramos, y que es el año nuevo de los árboles y corresponde con el inicio de la floración de los cerezos en Israel.

Un tercer calendario me rige: el deportivo, siendo yo muy aficionado a los deportes y así conviniendo a mis intereses y mis manías, que es el eufemismo para no decir que porque así se me pega mi regalada gana.

Es por eso que estos días, según el calendario deportivo, estamos en el día cuarto del Australia Open, un evento que veo con envidia, al saber que en aquellas antípodas australes se juega tenis a 38 grados Celsius, en tanto que mañana se juega la ronda divisional de la NFL, con cuatro partidos de los que saldrán los cuatro que se disputarán la ronda de campeonato, el 30 de enero (28 Shevat), día de Santa Martina, de la que saldrán los contendientes del Super Bowl (la Súper Tazón que dicen los gachupines), que está programado para el 13 de febrero.

Por no dejar 13 de febrero: 12 de Adar, que es el primer mes del antiguo calendario bíblico, sexto del moderno, y fue el mes en que se, dice la leyenda, creó el mundo; para los goy (gentiles) es día de un tal San Benigno y San Cástor, no el gemelo de Pólux, sino un ermitaño de Aquitania… Y basta que esto no son ‘Las vidas ejemplares’.

Volviendo a esta jornada, en la que escribo -ustedes leerán esto, si les place-, es la primera del invierno en que el día vuelve a tener justo doce horas de sol, que es un decir porque yo no lo he visto, aunque lo cierto es que los días se van haciendo poco a poco más largos y las noches -territorio de los seres ídem- más cortas, cosa que, sobra decirlo, me da mucho gusto.

Dicho esto estamos a tres semanas y dos días justos del Super Bowl, evento que me gusta pero que para fines del calendario es cuando, según mi experiencia de ya hartos años, el invierno comienza a despedirse de este rancho, se guardan los abrigos para dar paso a prendas de entretiempo, que diría mi abuela Mercedes, y comienzan a verse los brotes verdes de la primavera.

Esto, que a muchos de ustedes los tiene sin cuidado, es de suma importancia para el menda (el menda soy yo, pero si quiere puede ser usted cuando hable en primera persona; cuidado: no confundir menda con mendaz que luego así se pierden el prestigio y el decoro), pues a mí esto del invierno me entristece, me deprime, me pone un humor de perros, me paraliza, y tengo hartas cosas que hacer, entre otras escribir estos artículos que, estas semanas que van del fin de la temporada regular al mentado Super Bowl, me cuestan un Potosí y suelen salirme depresivos.

Así que ya ven que es culpa del Cronión, o sea del mismísimo Zeus, aunque ya en esas honduras paganas no entremos, que tanto calendario puede terminar por empujarme a la locura.

¡Shalom Shabat!

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