Adolfo Ulises Leon Lopez 
Agencia Reforma

CDMX.- En la Alcaldía Xochimilco, en un espacio no mayor a 200 metros cuadrados, se ubica la única fábrica de cubrebocas N95 del País.

A cargo del personal está Alejandro Ramírez Reivich, del Centro de Diseño Mecánico e Innovación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

“Esta planta es la primera en México dedicada, exclusivamente, a suministrar material al sector salud. Integra todo el conocimiento desarrollado por la Universidad y junto con el Gobierno de la Ciudad y la empresa Atfil se gestionó el proceso de manufactura”, cuenta Reivich.

Aunque en San Luis Potosí hay una planta de 3M, toda su producción se envía a Estados Unidos, por lo que todas las N95 tenían que ser importadas.

La producción comienza con el laminado de fibras de poliéster, luego se cortan en capas y se colocan en un molde que da la forma cóncava.

Después, los moldes pasan por un sellador de ultrasonido que le da firmeza, se corta el material excedente y se le adhieren dos bandas nasales, una interna y otra externa.

José Bernardo Rosas, de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (Sectei), refiere que, además de las N95, la dependencia ha realizado otros proyectos para la atención del Covid-19, como caretas con nanotecnología.

“Como respuesta a las demandas del personal médico, hicimos caretas que cuentan con nanotecnología, están hechas a base de grafeno, que cierran los poros hasta cinco nanómetros; y ya trabajamos también en robots enfermeros y termómetros infrarrojos”, comenta Rosas.

Antes de empaquetarse, se pegan elásticos a los costados de la mascarilla, se le imprimen logotipos y se descontaminan con irradiación UV.

De acuerdo con Antonio Altamirano, socio fundador de Atfil, la planta podrá producir hasta 200 mil mascarillas a la semana que, de inicio, sólo serán repartidas entre personal médico.

“Tenemos una producción diaria de 40 mil mascarillas, la capacidad máxima es de 80 piezas por minuto, esperamos en poco tiempo incrementar esa capacidad de área y, en poco tiempo, en una segunda etapa, sumar procesos de automatización”, refiere Altamirano.

En la fábrica, el Gobierno capitalino invirtió 17.5 millones de pesos, que se sumaron a 14 millones de Atfil.