
La prueba PISA, que cada tres años se aplica a estudiantes de más de 90 países, ha demostrado que México está cada vez peor en matemáticas, lectura y ciencias; lamentablemente, por los resultados, el país está en los últimos lugares. En matemáticas, los estudiantes mexicanos obtuvieron 388 puntos, siendo 463 el promedio de los demás países participantes; en lectura, los mexicanos obtuvieron 408 puntos, siendo 461 el promedio internacional; y en ciencias obtuvieron 414 puntos, siendo 482 el promedio de todos los países que participaron. Y si se comparan los resultados obtenidos por los estudiantes mexicanos con los obtenidos por los asiáticos, la distancia es aún mayor, pues estos tienen puntajes que fluctúan entre 597 y 612.
¿Cuáles son las causas que tienen a México en tan bajos niveles de aprendizaje? La presidenta de la República dice: “No estoy de acuerdo con la prueba estandarizada, no estoy de acuerdo con que se aplique la misma prueba a todos los países”; y el secretario de Educación Pública, por su parte, encuentra como causa del bajo nivel de aprendizaje el hecho de que los alumnos “pasen gran parte del tiempo en la pantalla”. La presidenta pone como pretexto del fracaso escolar a la “prueba estandarizada” y el secretario de Educación simplifica la razón del fracaso en “la pantalla”; pero ninguno de los dos, como autoridades de alto nivel, plantea propósitos, metas, estrategias ni compromisos para elevar la calidad de la educación. Piensan y quieren que sean otros los que se ocupen de la educación, pues ellos están inmersos en el proceso electoral y en la propaganda política. Sin embargo, les guste o no, ellos son los responsables y los indicados para formular y operar nuevas estrategias para mejorar la educación, o ¿acaso las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de México no merecen una mejor educación?
Mientras las autoridades reaccionan, es recomendable que los supervisores escolares, directores, subdirectores, apoyos técnico-pedagógicos, coordinadores académicos, maestras y maestros y los padres de familia cobren conciencia de la gravedad de la situación educativa y que, en conjunto, traten de sacarla del estancamiento en que está sumergida, cumpliendo cada quien con lo que le corresponde. Las causas del bajo nivel académico de los alumnos, en mayor o menor medida, pueden estar en sus respectivos ámbitos de competencia. Por otra parte, también las causas pueden estar en el contexto escolar y en el contexto del territorio donde está ubicada la escuela; las cuestiones económicas, políticas, sociales y culturales de las familias son factores que inciden en el proceso enseñanza-aprendizaje; por eso, todos los actores de la educación, invariablemente, deben considerar, analizar, discutir, superar y formular estrategias para que estos factores afecten lo menos posible el proceso educativo.
Las maestras y los maestros no deben estar solos en la enseñanza, en la formación de los educandos y en la resolución de los problemas que limitan su trabajo pedagógico. Las maestras y los maestros deben estar en constante capacitación académica, y los supervisores, directores, subdirectores, apoyos técnico-pedagógicos y los coordinadores académicos siempre deben acompañarlos, asesorarlos, apoyarlos, hacer equipo con ellos en el desarrollo educativo; y los padres de familia deben confiar en las maestras y maestros, pero, sobre todo, deben estar cerca de ellos, asegurar que sus hijos lleguen a la escuela, que permanezcan en ella y garantizar que sus hijos realicen en casa las tareas encomendadas, sentarse unos minutos con sus hijos a leer, hacer operaciones matemáticas y tareas de las demás asignaturas. Si las autoridades hacen lo que les corresponde; si los docentes cumplen cabalmente con sus encomiendas pedagógicas; si los supervisores, directivos y apoyos técnicos cumplen con sus funciones académicas y los padres de familia hacen lo que está bajo su responsabilidad, la educación mejorará.








