Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

 El cine judicial, aquel que desarrolla todo su repertorio dramático entre juzgados, salas de interrogatorios, prisiones y procesos de investigación jurídica es uno que siempre produce fascinación, intriga e incluso apasionamiento por su naturaleza dialéctica donde generalmente y en aras de la producción de un mayor impacto o efecto cuasi teatral se procura un enfrentamiento entre las fuerzas del Estado (la fiscalía) y el pueblo, un acusado o acusada que debe recurrir o al segmento legal que la ampara (abogacía de oficio) o al sector privado. Los resultados suelen cautivar la imaginación del cinéfilo debido a todo el malabarismo narrativo que este tipo de historia requiere para presentar un proceso que raya en lo kafkiano con el fin de demostrar, aunque sea en la ficción y con resultados ocasionalmente pírricos, que el hombre y mujer comunes tienen una oportunidad contra el monstruoso y caníbal sistema norteamericano. Y de ello justamente versa la cinta “Buscando Justicia”, basada en una historia real cuya tesis es la búsqueda de equidad social en una comunidad racialmente desigual coronada con excelentes actuaciones pero un guion que lucha por mantenerse cohesivo sin conseguirlo en momentos.

Michael B. Jordan (“Pantera Negra”) busca un desprendimiento actoral de las cintas de franquicia con este papel donde, grato es decirlo, da el ancho, interpretando a Bryan Stevenson, un abogado recién egresado de Harvard en 1987 que tiene varias opciones profesionales lucrativas y cómodas pero prefiere emigrar a Alabama –con la bendición a regañadientes de sus preocupados padres– para sumarse a una organización denominada “Iniciativa Justicia Equitativa” dedicada a representar legalmente a reos o presidiarios pobres que no tuvieron una defensa digna o se les negó un juicio justo que los llevó incluso a la condena de muerte. Nada más llegar, a Stevenson se le presenta el adverso panorama que implica litigar siendo afroamericano en un Estado donde impera la xenofobia y la mentalidad pueblerina, teniendo como aliada solamente a una entusiasta joven ama de casa llamada Eva Ansley (Brie Larson), quien lo recibe en su hogar con su esposo e hijo pequeño cuando les es negado un despacho donde laborar. Durante las entrevistas que conduce a varios prisioneros de la chirona local, se decanta por el de un preso apodado Johnny D. (Jamie Foxx), un talador de árboles acusado de violar y matar a una mujer caucásica. Al realizar su investigación, Stevenson se percata que toda evidencia presentada contra él es falsa, incluyendo el único testimonio empleado para su condena, proveniente de un prisionero nada fiable llamado Ralph Myers (el estupendo Tim Blake Nelson), por lo que deberá trabajar contracorriente ante un sheriff impasible que desea a toda costa mantener a Johnny D. tras las rejas y a un fiscal sometido a los deseos del alguacil, así como contra reloj, pues el prisionero está próximo a ser programado para su ejecución en la silla eléctrica.

La película tiene algunos sobrantes argumentales que pudieron ser extraídos con el fin de proveerle un ritmo más ajustado que beneficiaría al drama y la tensión, pero todo se sostiene y con buena forma gracias a los grandes trabajos de Jordan y Foxx, actores que usualmente cumplen o terminan por exasperar (en particular Foxx, de quien debo admitir no soy un fan) y aquí se ponen al servicio de sus bien armados roles que producen la dosis correcta de pathos y destilado psicológico que no los martiriza o deifica (Johnny D. tiene cola que le pisen mientras que las decisiones de Stevenson no siempre son acertadas), con un seguimiento claro y sencillo por parte del director hawaiano Destin Daniel Cretton (“El Castillo de Cristal”, la próxima cinta de Marvel “Shang-Chi”). “Buscando Justicia” le hace ídem al género judicial sin revolucionarlo, pero sí explorando esa importante faceta del cine jurídico social impresionista, cada vez más escaso en cartelera.

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