Edgar Hernández, Pedro Sánchez y Aline Corpus
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Las largas filas para solicitar asilo en Estados Unidos, las medidas de contención adoptadas por las autoridades mexicanas, las extorsiones y los riesgos que enfrentan para llegar y cruzar la frontera han hecho que algunos inmigrantes busquen ahora hacer su vida en México.
“Quería irme a Estados Unidos, vine con una amiga, pero cuando se tornó la cosa muy pesada en la frontera, desistí de irme y me quedé acá”, cuenta la hondureña Marissa Reyes, quien lleva siete meses viviendo en Tapachula, Chiapas, donde trabaja como empleada de una fonda.
La mujer busca ahora la forma de regularizarse y traer al país a sus tres hijos, pero, ante el despliegue de la Guardia Nacional, teme ser detenida y deportada.
El cubano Uriel Morejón optó también por quedarse en esta frontera chiapaneca y ahora es encargado de una peluquería.
“Ya no quiero seguir (hacia los Estados Unidos), lo que quiero es quedarme aquí y que este Gobierno nos apoye, nos dé trabajo”, externa.
Asegura que el flujo de cubanos ha disminuido en la región, debido a las múltiples deportaciones y el despliegue de seguridad.
“No queda más, como dicen ustedes, a echarle ganas”, dice.
Al ver que sus posibilidades de ingresar de manera legal a Estados Unidos mediante asilo, eran lejanas, Judys Sarahí Núñez Mondragón, de 24 años, originaria de Tegucigalpa, Honduras, decidió quedarse a trabajar en Tijuana, Baja California.
Junto con su esposo y su niña de 4 años, la joven relata que después de que la amenazaron de muerte en su país, la única alternativa fue migrar.
Llegó a Tijuana en diciembre pasado y le tocó el número 1676 en la lista del puerto fronterizo de El Chaparral, para solicitar asilo, pero no se presentó.
Ahora vive en una casa prestada y trabaja en una carpintería, donde gana 1,800 pesos a la semana.
“Trabajo en una carpintería. Lijo y pulo madera, a veces me ponen a pintar madera a mano, no sabía, ahí he aprendido. Me dan 1,200 de lunes a viernes, de 7 a 5 de la tarde. Si hago horas extras puedo ganar hasta 2 mil pesos”.
En Honduras ganaba 750 lempiras a la semana (590 pesos) en una secadora de café. Su esposo está enfermo del corazón y no puede trabajar por ahora.
“Tuve que trabajar yo, no es mucho pero con eso la pasamos. Antes estábamos en tiendas de campaña, fue difícil, pero uno aprende a vivir”.
Luz Adriana Torres, colombiana de 34 años, llegó a la frontera de Ciudad Juárez hace seis años. Tras vivir toda una odisea, como miles de migrantes que han arribado en caravanas en busca de oportunidades, optó por quedarse en el país y actualmente da clases en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Desde que comenzó a registrarse la llegada masiva de migrantes, ha colaborado en redes de apoyo que dan a las familias alimento y asesoría legal.
Considera a Ciudad Juárez su casa y busca naturalizarse mexicana para tener más derechos.
De las cosas por las que me quedé en Ciudad Juárez, relata, está la hospitalidad de la gente.
“Es una ciudad de migrantes, no sólo extranjeros, de todas partes de la República”, señala.