Claudia Salazar
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Asociados en la creación de un nuevo respirador no invasivo, Héctor Castillo y Ricardo Reyna buscan apoyo del sector público y privado para empezar la producción de nuevos aparatos que faciliten la labor del personal médico y ayuden a cubrir la demanda en hospitales para atender a pacientes por Covid-19.
Eran los primeros días de marzo, crecían los contagios de coronavirus en México y se anunciaba la jornada Nacional de Sana Distancia, cuando a Héctor Castillo Espinosa se le ocurrió que podría desarrollar un nuevo respirador mecánico y sustituir las bombas manuales de oxígeno.
Acudió con su amigo Ricardo Reyna, propietario de la empresa Reytor, dedicada a fabricar filtros de automóviles, para desarrollar la idea.
Conocieron lo que ingenieros de la automotriz Seat realizaban en España sobre la creación de respiradores y consideraron que podrían concretar una idea similar.
Para junio apuraron el desarrollo del prototipo, tras conocer la información de la Universidad de Washington, que estimaba que a mediados de agosto México necesitaría 11 mil respiradores para poder atender a los enfermos graves de Covid-19.
Son equipos pensados para ayudar a la respiración de los pacientes cuando aún están conscientes, antes de que necesiten la intubación, explicaron.
Castillo y Reyna manifestaron que lograron desarrollar equipos que pueden ser más baratos que los ideados por el Conacyt, porque éstos valdrían cerca de 250 mil pesos.
El nuevo equipo de Castillo y Reyna está basado en componentes aprobados internacionalmente por las autoridades sanitarias, como el dispositivo conocido como AMBU (Airway Mask Bag Unit).
El aparato sustituye a la operación manual del AMBU, el cual provee al paciente de la cantidad de oxígeno necesaria.
Al iniciar agosto lograron ya el registro de la Cofepris, pero les falta el financiamiento privado o público para iniciar la producción.
“La idea es ayudar, no podemos donarlos, no tenemos todos los recursos para poder donar, pero sí podemos apoyar fabricándolos con un anticipo”, señaló Castillo, quien trabaja en la empresa Ingenics, firma de ingeniería alemana que también participa en la industria automotriz e incursiona en la de innovación médica.
Señaló que necesitan tener pedidos para empezar a producir.
Por ejemplo, explicó, comenzar con unos 10 equipos y una inversión del 50 por ciento, lo que sería ofrecer mejores precios que los desarrollados por Conacyt.
Serían 100 mil pesos por equipo, precisó.
“Si una persona compra 10 equipos en 100 mil pesos, gastaría un millón y si renta cada uno en 500 pesos al día, va a sacar 5 mil pesos diarios y va a recuperar su inversión en un año, con margen de ganancia del 80 por ciento”, detalló.
Con financiamiento, podrían empezar producir de 20 a la semana y aumentar la fabricación a 200, una vez que haya mayor financiamiento.