César Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Con el ambicioso proyecto “La Escuela más Grande del Mundo”, Isabel Navarrete busca acercar el internet a todos los alumnos que lo necesitan y así puedan tomar sus clases en medio de la pandemia de Covid-19, y aún después de ello.
La idea es sencilla: crear una red de personas, empresas, negocios o cualquier institución que estén dispuestos a compartir su conexión a internet con estudiantes, para que éstos puedan acercarse y realizar sus tareas si no tienen el servicio en sus casas.
El proyecto inició en Zihuatanejo, Guerrero, con 7 puntos compartidos el pasado 2 de septiembre, luego se sumó un negocio más.
Actualmente, “La Escuela más Grande del Mundo” tiene presencia en dos ciudades más de Guerrero: Petatlán y Técpan de Galeana.
Los puntos compartidos ya están también en el puerto de Veracruz, en Mérida, Yucatán, y en Tehuantepec, Oaxaca.
Quienes se han sumado al proyecto son negocios, notarías, despachos contables, casas particulares y parroquias.
Isabel Navarrete explica que la idea surgió después de ver fotos de niños buscando internet en la calle para tomar sus clases.
“Justo después me llegó una imagen de una persona que puso en una cartulina ‘comparto mi internet con estudiantes’, me pareció la idea fenomenal y pensé que todos tendríamos que hacer eso”, cuenta en entrevista.
“Esto está basado en la empatía y en la solidaridad”.
A través del fondeo en internet juntó 40 mil 98 pesos, con lo que levantó la página de internet, rentó el hosting del sitio web, creó la base de datos y desarrolló la idea.
Según los datos recabados por Isabel, en México sólo el 27 por ciento de los estudiantes en áreas rurales tienen acceso a internet en sus casas.
Navarrete asegura que en este primer mes del proyecto han notado que a los estudiantes les da pena acercarse a pedir la clave de internet a los negocios.
Por ello, cuando una persona agrega un nuevo punto de acceso compartido se le da un imprimible que lo distinguirá como un sitio en el que los estudiantes pueden acercarse sin pena.
“Yo estoy con la conciencia de que si salvamos a un estudiante de la deserción escolar, ya hicimos una gran labor”, agrega.