Buena vecindad

Por J. Jesús López García

Con los edificios, así como con las personas, hay buena o mala vecindad. Usualmente el carácter bueno o malo de la proximidad en que se vive en una ciudad radica en cualquiera de las siguientes variables: la indolencia de una de las partes, lo cual causa irritación entre uno o más vecinos, o bien lo contrario, una abierta falta de respeto hacia el otro, que se traduce en intolerancia, o peor, un encono directo, molesto, y hasta en algunos casos, agresivo. Esto sucede también entre los inmuebles que componen el conjunto arquitectónico de una metrópoli, o bien, de un pequeño distrito dentro de ella.

En la Secretaría de Desarrollo Urbano en nuestro municipio capital,  hay  dispuesta para el efecto de mitigar los impactos negativos de una vecindad difícil, una área encargada de regular la imagen urbana; esto que es para toda la mancha urbana, se aplica con mayor fuerza en el centro de la ciudad de Aguascalientes, ya que las edades de los edificios pueden variar desde unos pocos meses atrás, hasta alrededor de dos o tres siglos. Y es que, precisamente la diferencia de edades en las construcciones, trae consigo disimilitudes en materiales y formas, y sobre todo, maneras de ser habitados, utilizados y apreciados; a ello hay que agregar la multiplicidad de dimensiones, volúmenes, disposiciones y usos del espacio público y privado. Por ello esa área sanciona anuncios excesivos, tipografías estridentes o formas inverosímiles que atentan contra la relativa unidad de un entorno que por su naturaleza heterogénea, es difícil de mantener.

Es por ello que por mucho control que se quiera implementar, sigue siendo difícil continuar con el paso, a lo que de manera cotidiana se demuele, se construye, se reforma, se remoza o se retira, y es así como en las inmediaciones de edificios que consideramos con un gran significado comunitario aparecen vecinos que pueden parecernos ajenos al sitio, no pertenecientes a él o enteramente agresivos. Sin embargo todo esto ocurre en un lógico marco de subjetividad en que incluso la apreciación de un contexto depende en muy buena medida del bagaje personal de quien lo vive. Lo negativo de ello no sería tener una opinión del cómo se percibe esa parte de la urbe en que nos desenvolvemos, sino la ausencia de una opinión lo cual sólo denotaría lo extraño de uno o varios edificios de su entorno, pero más que nada, el desarraigo que manifiesta la gente respecto a su ciudad.

Con todo ello podemos establecer ciertas pautas de lo que un contexto armónico puede ofrecer en la ciudad, como las construcciones que rodean la Plaza de la Patria en el centro de Aguascalientes, donde al lado de edificios de los siglos XVII y XVIII que ordenan ese primer cuadro -el Palacio de Gobierno y la Catedral, respectivamente-, existen edificios del siglo XX y también de nuestro naciente siglo; el conjunto es articulado por el jardín de la plaza y el contexto que no es perfecto, si expresa un ambiente agradable con fincas cordiales o al menos no estridentes o agresivas.

La calle Carranza muestra esa vecindad afable entre sus fincas también, de entre las que destacan por altura y forma los templos, mientras que los demás siguen un nivel homogéneo y un alineamiento en sus fachadas, con excepción de los chalet y dos residencias modernas que ahí se encuentran.

Pero también hay buena vecindad arquitectónica en puntos donde la activida intensa en la calle a veces no nos deja apreciarla, como en un pequeño segmento de la calle Guadalupe Victoria y de la calle Guadalupe, en las inmediaciones del mercado Juárez con fincas construidas alrededor de los años 50 o 60 que poseen un frente reducido y una altura importante de tres niveles.

Estos inmuebles poseen formas que proceden del Art Déco hasta las propias de la modernidad tardía o bien del neobarroco; como el caso de los edificios ubicados en los números 116 y 118 de la calle Guadalupe: dos vecinos que comparten las dimensiones del ancho de su frente y su altura; uno de ellos con rasgos modernos y también Déco -en las esquinas redondeadas de sus balcones- y el otro con rasgos modernos -su ventana horizontal en el primer piso- y su remate mixtilíneo con ventanas en cuadrifolio propias del neocolonial.

No obstante las diferencias en su plástica, estos dos inmuebles, como algunos más cerca de ellos, como en una buena vecindad arquitectónica donde los rasgos comunes de su disposición vertical, les unen mucho más que sus particularidades formales. Al final como en la coexistencia humana, son los puntos en común los que hacen de dos personas diferentes socios, cómplices o amigos dentro de una buena vecindad.

Los edificios analizados son parte de un conjunto más amplio en esta zona particular de la ciudad, en donde conviven múltiples codificaciones formales con distintos materiales de construcción y soluciones arquitectónicas, sin embargo al recorrer este ámbito percibimos una unidad que ha existido durante decenios y que posiblemente no la hayamos notado ni vivido.