Moshé Leher

So riesgo de parecer -y ser- tautológico, de la trigonometría diré que, siendo en sentido estricto y hasta etimológico la medición de los triángulos, es la ciencia, o la rama de las matemáticas, que estudia las razones trigonométricas, dicho lo cual aclaro que no, por supuesto que no, pienso aquí abundar en tan peliaguda disciplina, cuyos rudimentos ya olvidé y que a mí, como seguramente a usted, le tienen sin cuidado.

Lo que pasa es que tenía que empezar este artículo simulando que se trata de un texto de utilidad, que yo escribo y usted lee no como un egotista gesto de neoliberalismo luciferino, sino como un asunto de utilidad, para no molestar a nuestros nuevos policías del pensamiento, que con la lógica medieval de que el placer es pecaminoso, recomiendan, o más bien demandan, que los dos lectores que quedan en este país no se den a la molicie y muy capitalista (por burguesa, supongo) costumbre de darse a la lectura por el puro gusto.

Y pasando a este asunto, insisto: no vaya a sentir usted ninguna inclinación en leer este texto como algo, si no placentero siquiera divertido (y si no divertido, entretenido por lo menos); en tanto, yo que suelo escribir por puro placer culposo, haré como que estoy escribiendo un artículo de lo más útil, con el único y exclusivo propósito de engrandecer a la Patria.

A propósito, y me disculpo por escribirlo, ayer nueve de agosto, no sé en virtud de qué se celebró el Día Mundial del Amante de los Libros, lo que conmemoré desde temprano, no sólo comenzando a leer (lo mío ya raya en lo criminal: admito que lo hice por puro gusto), ‘Sombras sobre el Hudson’ de Singer, no contento con lo cual (por lo que ya es definitivo que me esperan las llamas del infierno), me puse a hojear mi preciosa edición de ‘Leer’, con las fotografías de Andor Kertész que muestran, y que Yahvé me perdone, ¡gente leyendo!

Este librito, del fotógrafo húngaro (no confundir con Imre Kertész, el Nobel de literatura: que ardan él y todos los escritores en las llamas del averno), incluye, entre otras imágenes de malvados leyendo (en París, en Tokio, en Buenos Aires), a un pequeño de la calle, tal vez un voceador, sentado a las puertas de un bistró, sentado en una pila de periódicos, regodeándose de placer, el muy canalla: el pérfido escuincle no sólo está leyendo, con evidente despreocupación, un diario, sino que además está comiéndose un helado.

Luego viene la absurda polémica tras el despido de Jorge F. Hernández como agregado cultural de la embajada mexicana en Madrid, muy a la manera de la bien amada y añorada Inquisición española, por atreverse a publicar un texto, luminoso y placentero para más inri, en respuesta a un tal Marx Arriaga, el aprendiz de sátrapa, que me entero trabaja en la SEP y que, en el tono del nuevo gran moralizador de la vida pública (la nuestra, por cierto), dijo que eso de leer por gusto es ‘un acto individual de goce’ (vaya crimen) y, peor que eso, ‘un acto capitalista’.

De aquí al maoísmo (y eso que el tipo se llama Marx) y a nuestra versión vernácula de la Revolución Cultural, hay un paso.

No deja de ser curioso (y no se ya si esto lo escribo en broma o en serio), que nuestro asno trágico, que se deslinda de sus responsabilidades en materia económica, sanitaria, de seguridad y etcétera, pretenda ocuparse de que no tengamos un segundo par de zapatos, tras lo cual es normal que le salgan émulos, como el citado Arriaga, que ya estaba prefigurado en el personaje el bombero incendiario, el capitán Beatty, de ‘Fahrenheit 451’ de Bradbury, esa distopía donde los libros, objetos malditos donde los haya, eran pasto de las llamas, como corresponde a toda sociedad decente.

Eso es ser de tal talla intelectual y moral, nadie es adorador de AMLO en vano, que se puede cargar desde Homero y Ovidio a Joyce, Dos Passos, Vargas Llosa y Bellow, pasando por el doctor Johnson, Quevedo, Shakespeare y Cervantes, de dos frases; y si no sigo por este sendero luminoso (nunca mejor dicho), es porque espero que con lo escrito esté yo contribuyendo (con mi humilde grano de arena) al bienestar de la nación y porque, como dijo aquel, ya me cansé, materialmente.

Mazel Tov.

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