Eugenio Pérez Molphe Balch

En estos tiempos el término “Biotecnología” comienza a hacerse común. Ya no aparece solo en escritos científicos o documentos de carácter técnico, sino que lo vemos en las noticias, en las secciones de divulgación de la prensa escrita o digital, en programas de televisión, y en la infinidad de fuentes de información disponibles en internet. Esto se debe increíble desarrollo que ha tenido esta disciplina en este siglo XXI, el cual ya ha impactado de forma tangible a una buena parte de la humanidad. Quizá el ejemplo más claro de esto fue la reciente pandemia de COVID-19, la cual afectó negativamente a todas las sociedades del planeta. Un aspecto notable de esta pandemia, a diferencia de otras ocurridas en el pasado, es la rapidez con la que la humanidad pudo detenerla. El arma que nos permitió derrotar a esta pandemia, y que desafortunadamente no estaba disponible en pandemias anteriores, fue precisamente la Biotecnología. Las herramientas tecnológicas que permitieron identificar muy rápidamente al virus causante de la enfermedad, conocer la forma en que ataca al cuerpo humano, identificar sus nuevas variantes muy poco tiempo después de que aparecieron, o incluso predecir los nuevos tipos de variantes antes de su surgimiento, son Biotecnología. También las técnicas de laboratorio que permitieron diagnosticar rápidamente la infección y el desarrollo en un tiempo récord de las vacunas, a las que seguramente muchas personas deben o debemos la vida, son Biotecnología.

En su definición original, la Biotecnología no es más que el uso de seres vivos para transformar materias primas de bajo valor en productos más apreciados o útiles. Por ejemplo, se pueden usar levaduras, que son hongos microscópicos, para transformar la harina en masa, que luego con calor será pan, o el jugo de uva en vino, o el cocimiento de granos en cerveza. Las bacterias se pueden usar para convertir la leche en yogur u otros productos similares. Como puede verse, los procesos mencionados surgieron junto con la civilización, por lo que la Biotecnología fue quizá el primer desarrollo tecnológico de la humanidad.

Hace aproximadamente 75 años, Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick dilucidaron la estructura del ácido desoxirribonucleico o ADN. A partir de ese momento, y gracias a la labor de miles de científicas y científicos más, la humanidad no solo comprendió cómo funcionamos los seres vivos, sino que surgió la posibilidad de manipularlos, esto en el sentido de cambiar sus características. Así la Biotecnología pasó de solo tomar y aprovechar organismos existentes en la Naturaleza, a cambiarlos y adaptarlos, o aprovechar sus componentes, para el desarrollo de procesos cada vez más complejos. La Biotecnología moderna es por lo tanto la disciplina que permite el estudio integral, y el uso y manipulación de los sistemas biológicos, desde moléculas hasta organismos completos, con el fin de generar productos y procesos de interés y/o hacerlos más aptos para la satisfacción de las necesidades humanas. La Biotecnología moderna puede incidir positivamente en muy diversos campos, como la salud humana y animal, la agricultura y ganadería, el mejoramiento de los alimentos, la remediación de la contaminación ambiental o la conservación y uso racional de la Biodiversidad. Sin embargo, esta tecnología debe desarrollarse con ética y buscando siempre mejorar el nivel de vida de las personas, cuidando al mismo tiempo del medio ambiente. No debe usarse solo con el fin de generar riqueza. Sabemos que hoy en día hay disponible tecnología capaz de destruir a la humanidad completa en pocos minutos, las armas nucleares por ejemplo. Pero la única tecnología capaz de cambiar la naturaleza misma de los seres vivos, incluyendo a la especie humana, esto desde su esencia que es el ADN, es la Biotecnología.