Josemaría León Lara

Cada época en la historia de la humanidad se ve marcada por determinados acontecimientos, que provocan una clara diferenciación entre una y las demás. En ocasiones una etapa puede conformarse de varios siglos como también únicamente por décadas; y en este entender es necesario hacer un análisis reflexivo sobre lo que de manera contemporánea nos está tocando vivir, donde las señales claramente anuncian el inicio de una nueva era tanto a nivel de pensamiento, como en lo social y por supuesto en lo político.

Utilizando como ejemplo el siglo pasado, mismo que de manera fáctica dio inicio con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, situación que desencadenaría en el estallido de la Primera Guerra Mundial; queriendo decir que el siglo XX habría de iniciar de manera real catorce años después de “inicio” hablando en sentido estricto. Y es justamente lo que está pasando en el despertar de este nuevo siglo, donde en la última década no tuvieron lugar hechos que habrían de cambiar el panorama mundial.

En vísperas del 2017 por fin damos la bienvenida real al siglo XXI, situación derivada de dos hechos que cada uno en lo particular ha labrado el final de una época y el inicio de otra. La primera de ellas es históricamente significativa al devolver la esperanza y la visión de futuro a los habitantes de la mayor de las Antillas; y la segunda es el inesperado triunfo de un candidato mucho más allá de lo convencional y que ha puesto en duda al sistema democrático como es conocido hasta ahora.

El fallecimiento de Fidel Castro es sin lugar a dudas la noticia más importante del presente año, lo que ha significado una evidente separación de opiniones sobre su persona y por supuesto su gobierno. Para muchos considerado como la mismísima personificación del mal, cuando para muchos otros sigue y seguirá siendo considerado como un héroe. Sus mismas palabras “la historia me absolverá”, pone entre dicho su entonces legítima revolución en contra de un dictador, para terminar convirtiéndose exactamente en todo aquello que pretendió destruir.

Me parece irresponsable en este momento hacer una crítica fundamentada en la vida y obra del líder de la Revolución Cubana, sin embargo es menester dejar en claro que por ninguna razón, motivo o circunstancia es aceptable la imposición y por ende la existencia del socialismo, ese sistema político tan retrógrada y perverso que solo aquellos que lo han vivido en propia piel pueden describir y ejemplificar la miseria del ser humano.

Castro ha muerto y sus ideales ahora insostenibles también, solo queda abrir de manera definitiva esa ventana de Cuba hacia al mundo, y del mundo hacia Cuba. Podríamos entonces decir que el sueño comunista quedará como una marca de terror en las páginas de los libros de historia, esperando que la lección se haya aprendido de verdad y no volvamos estúpidamente a cometer los errores del pasado.

En el segundo caso en cuestión, con anterioridad en este mismo espacio se ha procurado hacer una crítica y a su vez una reflexión al hecho de que Donald Trump haya sido electo para gobernar a los Estados Unidos de América; y es importante recalcar que la forma de concebir la política tanto a escala local como mundial ya ha cambiado, sin embargo el camino a seguir permanece sin ser escrito.

(Cabe aclarar que permanece el mil veces absurdo de Corea del Norte, manteniendo la esperanza que pronto termine la opresión y el sufrimiento del pueblo norcoreano).

Aprovecho el espacio y de manera breve para ofrecer una disculpa a mis lectores, por no haber publicado la semana pasada.

jleonlaradiaztorre@gmail.com

@ChemaLeonLara

 

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