Sara Gabriela Díaz Soriano

“El hambre y la necesidad me dieron la visión y las ganas de salir adelante”, señaló Bernardo Rodríguez, un pintor experimentado oriundo de Aguascalientes que en un momento de inspiración y locura, su arte dio un vuelco importante en beneficio del mundo de la tauromaquia y de él mismo.
Bernardo Rodríguez, desde hace ya 14 años dedica su tiempo a plasmar sus pinceladas en los capotes que los grandes toreros lucen en la fiesta brava.
Su trabajo artístico lo practica desde los 24 años, oficio que le ha regalado desde entonces un sin número de satisfacciones.
Sus inicios en los capotes, se dio por la necesidad de reducir el costo de los mismos, toda vez que al ser normalmente bordados en hilo de oro su costo era elevado, cuestión que con sus diseños además de reducirlo considerablemente en costo, se mostraban lucidores, llenos de color, lo que permitió entrar en el mercado como el único en su ramo.
La inspiración para la realización de sus pinturas, dice el mismo desconocer de donde proviene, trabaja sobre lo que la propia persona le transmite.
Una característica que tienen sus trabajos al óleo es la inclinación y fascinación que tiene para él, la simbología prehispánica, la cual investiga, documenta y por supuesto plasma.
Ante la llegada de la pandemia, su trabajo se vio seriamente reducido en cuanto a pedidos, pues su mayor auge viene con la Feria Nacional de San Marcos, lo que con pesar comparte le llevó a reducir el número de personas en su taller, para no morir en el intento y continuar con el poco trabajo que tenía pendiente, ya que dice eso le serviría de estrategia para cuando todo tome un nuevo rumbo, volver a contar con sus colaboradores y no prescindir definitivamente de ellos.
Su arte le ha permitido contar con el reconocimiento público, pues gracias a sus bellos diseños, muchos de ellos religiosos, se ha ganado a pulso un lugar privilegiado entre grandes figuras del toreo tanto local como del extranjero.
Entre sus mayores deseos para este año que comienza es “que Dios nos permita volver a abrazarnos y volver a ver tantas caras sonrientes sin cubre bocas, porque ahora solo vemos ojos tistes. Urge volver a vivir, queda claro que somos seres humanos de contacto, urge volver a empezar y seguir adelante; el mejor regalo de la vida es tener a la familia unida y con salud”