Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Podemos suponer que debido a la serenidad conferida por los años el veterano director holandés Paul Vehoeven (“Robocop”, “Invasión”, “La Lista Negra”) ha encontrado su camino como un narrador que apuesta a los mismos temas adultos que conjugaron su idiolecto hace décadas pero diluyendo la estridencia a favor de la deliberación a veces sesuda, a veces visceral sobre la condición humana, tal cual lo demostró en la magnífica “Elle” (2016) con Isabelle Huppert y como lo hace ahora con “Benedetta”, una travesura con ribetes de realismo mágico que adapta la investigación histórica de la norteamericana Judith C. Brown titulado “Afectos Vergonzosos: Entre Santa y Lesbiana” sobre la religiosa Benedetta Carlini y su proceder nonsancto en un convento medieval italiano. La película parece estar diseñada para escandalizar por su constante imaginería erótica con guiños blasfematorios pero me cuesta trabajo creer que en este siglo y año, con la formación mediática y rotura de tabúes cortesía del internet y sus huestes sociales por no hablar del cine de explotación sobre monjas ya venido en años gracias a cineastas desparpajados pero honrados como Jesús Franco y compañía en los 70’s, esta película realmente incite algún gesto de ira. Pero tal vez sólo soy idealista rayando en lo ingenuo y no faltará aquél o aquella que encuentre algo por qué molestarse de un trabajo de ficción, pues como lo dijera el poeta Coleridge, uno tiene que rendirse a ella para verse afectado.

Benedetta Carlini es un personaje que desde niña está convencida de su vocación como esposa de Cristo por lo que su padre (David Clavel), un acaudalado conde, la lleva al monasterio de la comunidad de Prescia a modo de ofrenda por ser ella misma considerada un milagro, pues la niña en su momento estuvo en riesgo de morir al nacer y vivió para contarlo. Una vez ahí, la Madre Superiora, Felicitá (la siempre excelente Charlotte Rampling) la acoge con un precio (100 marcos de oro). 18 años pasarán y Benedetta (Virginia Effira) terminará salvando la vida de una joven llamada Bartolomea (Daphne Patakia), cuyo padre la brutaliza terriblemente, acogiéndola en la abadía. Más el arribo de esta joven analfabeta y rural despierta en Benedetta una concupiscencia que se agrava ante vívidas visiones de Jesucristo rescatándola de la injuria masculina como si de un héroe caballeresco se tratara y otorgándole supuestos estigmas o profecías a modo de posesión sobre el destino de Prescia y las religiosas ante la inminente llegada de la Peste Negra. Las intrigas no tardan en brotar y la Madre Superiora hará lo que sea con tal de acallar a Bendetta mientras que ella va moviendo las piezas necesarias que la llevarán hasta la cima del convento como líder convenciendo a sacerdotes y obispos de su íntima relación con Cristo hasta que la situación comienza a tomar rasgos más violentos y trágicos.

Verhoeven retoma la vena satírica y erótica de proyectos anteriores al confeccionar esta trama que bien pudo beber de los matices tortuosos y martirizantes en cuanto a figuras femeninas como Juana de Arco enfrentando los factores históricos y la doctrina cristiana de la salvación con un poética salvaje que construye su imaginario mediante anatemas visuales a los ojos píos como instrumentos de humor negro para puntualizar la naturaleza satírica de los eventos,como Jesucristo blandiendo espadas que decapitan a hombres lujuriosos o una Virgen María tallada en madera que sirve para orarle y como dildo. La exploración que sobre el cuerpo y su santidad realiza el cineasta es el tropo más recurrente y tal vez el menos logrado, ya que las estampas eróticas que se conjuran en la cinta sólo funcionan para sí mismas en el contexto que la escena requiera sin que tengan una funcionalidad macro más allá de lo escandaloso que pueda resultar ver a dos monjas fornicando, algo que desde los tiempos de Ken Russell y su cerebral cinta “Los Diablos” (1971) ya se ha manifestado y con mayor textura y profundidad.

Con los relativos toques de obviedad y alguno que otro momento de humor involuntario, “Bendetta” es un filme competente dirigido con cierta sabiduría por un director de colmillo largo y retorcido que supo hacerse de un reparto espléndido y unos toques de blasfemia que sabrán mantener a esta cinta en la memoria colectiva para bien…o para mal.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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