Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Copular, la frontera final

Por mucho que irritaran, contrariaran u ofendieran al público mainstream, los personajes animados Beavis y Butt-Head siempre fueron un correcto espejo de la audiencia que los adoraba en la lejana década de los 90’s pero filtrados por la coladera de la sátira manejando entre líneas una crítica muy dura sobre el estilo de vida norteamericano que se camuflaba entre procacidades, escatologías y palabrotas varias. Estos adolescentes de exagerados rasgos y enervante risa encapsulaban de maravilla el extravío formativo y existencial en que se encontraba su generación a través de su incapacidad para conocer un mundo allende la pantalla de su televisor y entregarse a una vivencia meramente sensorial donde fornicar y la música heavy metal eran los únicos elementos capaces de activar su consciencia. Por ello, la serie nunca fue vista con buenos ojos por los padres de familia y lo mismo ocurrió con un subsecuente largometraje titulado “Beavis y Butt-Head Recorren América” (1996) y seguramente ocurrirá lo mismo con “Beavis y Butt-Head Recorren el Universo”, secuela que arriba 25 años después a aquella producción sin rebasar alguna caducidad, pues su creador, el guionista, director, productor y actor de voz para ambos personajes en inglés Mike Judge encontró la forma no sólo de mantener fresca la presencia de los dos tarados más famosos de la cultura pop después de Bill y Ted sino generar relevancia en su proceder mediante un retruécano muy socorrido hoy en día: el viaje temporal con un asomo al ya popular Multiverso. El resultado es una película que divierte a raudales con algunas limitantes manteniendo el tenor sardónico y satírico sin forzarlo y dándole sus respectivas palizas a la ideología de izquierda, derecha y políticamente correcta de forma antitética a lo que representan estos personajes, o sea inteligente.
Estamos en 1998 y Beavis y Butt-Head terminan en una corte de justicia después de incendiar el gimnasio de su escuela. El juez, creyendo que les hace un favor, los envía a un campamento de inducción en la NASA, donde demuestran ser particularmente aptos para el manejo del sistema de acoplamiento del transbordador espacial (claro, sólo porque su estructura fálica al ingresar en la escotilla semeja un acto sexual). La capitana de la misión, una mujer hispana de nombre Serena, y los oficiales al mando creen que son unos prodigios, por lo que deciden llevarlos al espacio para que se encarguen precisamente de la unión entre la nave y un poderoso telescopio diseñado para observar un abismo negro, mas ellos creen que tendrán sexo con la astronauta. Una vez en el espacio todo sale inevitablemente mal y Serena, harta de su ineptitud, los despacha al infinito y más allá, sólo para ser absorbidos por el abismo negro que en realidad es un agujero de gusano (“agujero…je je, je je, je je”) que los transporta al 2022. Ya en nuestra época el dúo se topará con varios factores que pondrán a prueba su limitada capacidad neuronal, incluyendo los iPhones, el moderno feminismo y la ideología del Privilegio Blanco o Caucásico mientras buscan a Serena, ahora toda una gobernadora que busca su reelección y que ve en la existencia de estos dos un peligro si su intento por asesinarlos en el espacio sale a la luz. Perseguidos por Serena, su lambiscón asistente y una facción del gobierno que cree que ambos son extraterrestres, serán ayudados por una versión inteligente de ellos provenientes de una dimensión alterna para que atraviesen otro portal temporal o de lo contrario el universo será destruido.
La acidez invectiva con que Judge urde esta trama funciona muy bien, porque la manera con que Beavis y Butt-Head lidian con su anacronismo es natural y honesta. La secuencia en la Universidad de Texas donde ambos terminan inmiscuyéndose en una clase sobre Derechos de Género es soluble y graciosa, así como todos los golpes que atestan a la Norteamérica conservadora y conformista sin panfletear o adoctrinar, nada más utilizando la ineptitud y unidireccionalidad mental de sus protagonistas para mofarse un rato de la nación más tonta del mundo. “Beavis y Butt-Head Recorren el Universo” encuentra su camino incluso en vías dramáticas (la película pone en entredicho por primera vez la unión de éstos dos mequetrefes) mediante un guion que allana su discurso a puntos básicos pero concisos sin sacrificar el humor imbécil, pero honesto que caracteriza a este universo, constituyendo un divertimento no ajeno a lecturas y muy sólido (Je, je, je, je, “sólido”).

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