Mircea Mazilu

Estimados lectores, con motivo de la fecha que se acerca, hoy hablaremos de un acontecimiento muy especial en la historia de México. El próximo 5 de mayo se conmemora el día de la Batalla de Puebla, el primer y el más conocido combate ganado por este país frente a un enemigo extranjero. En esta acción militar, llevada a cabo en 1862, las tropas mexicanas dieron un ejemplo de valentía, al conseguir vencer al ejército francés, el más poderoso de aquel entonces.
Después de conseguir su independencia, México entró en una época de convulsiones políticas y conflictos internos, además de sufrir invasiones de países extranjeros. La Guerra de Reforma, que se llevó a cabo entre 1858 y 1861, había devastado la nación, sometiéndola en una profunda crisis económica y pobreza. Además, gran parte de sus recursos económicos estaban destinados a pagar las deudas externas, por lo que el país tenía dificultades para iniciar su reconstrucción.
Ante esta situación, en junio de 1861 el presidente Benito Juárez decidió suprimir el pago del adeudo por un período de dos años. Esto provocó de inmediato el descontento de Inglaterra, España y Francia, los principales países que habían concedido préstamos a México. Con el objetivo de exigir el reembolso, estas tres potencias europeas formaron una Alianza tripartita y enviaron sus flotas a Veracruz, a donde estas últimas llegaron a partir de diciembre de aquel mismo año.
Una vez aquí, fueron recibidos por los negociadores mexicanos, a la cabeza de los cuales se hallaba el ministro de exteriores Manuel Doblado. Las conversaciones entre ambas partes trajeron como resultado los Tratados Preliminares de la Soledad (19 de febrero de 1862), por medio de los cuales se llegó a un acuerdo pacífico que obligaba a los extranjeros a respetar la soberanía territorial de México. Los ingleses y los españoles zarparon de regreso hacia Europa, sin embargo, los franceses permanecieron aquí.
Es más, los galos tomaron como pretexto la interrupción de la paga de las deudas para invadir y ocupar el territorio mexicano. Esta decisión se explica por la ambición de Napoleón III, emperador de Francia desde 1852, de formar un “imperio latino” en América, que pusiera fin a la influencia y la expansión de Estados Unidos en este continente. Es por este motivo que las tropas francesas declararon la guerra a México y comenzaron su avance hacia la capital de la república.
El 28 de abril de 1862 se produjo en Acultzingo, Veracruz, el primer enfrentamiento importante entre los invasores y las fuerzas nacionales. Después de ganar este combate, conocido como “la Batalla de las Cumbres”, las tropas francesas prosiguieron la marcha. La siguiente cita entre ambos bandos se produciría en la ciudad más importante antes de llegar a la capital: Puebla.
Fue allí donde aconteció la famosa batalla del 5 de mayo, en la cual los europeos sufrieron una terrible y humillante derrota ante los mexicanos. Las fuerzas francesas, comandadas por el conde de Lorencez, estaban conformadas por un gran número de veteranos de guerra, mientras que las locales eran dirigidas por el general Ignacio Zaragoza y estaban integradas en su mayoría por voluntarios que carecían de adiestramiento militar. Los primeros, confiados en su superioridad militar, decidieron atacar de frente a los autóctonos. No obstante, esto supuso un grave error, provocando en gran parte el fracaso de los invasores. La victoria en la batalla de Puebla de los mexicanos fue de gran importancia, ya que aplazó un año más la caída de México en manos francesas.
Después de este combate, Napoleón envió 30 mil soldados más para proseguir la guerra y ocupar México. En marzo de 1863 el ejército francés volvió a atacar Puebla y, tras un sitio de dos meses, consiguió finalmente tomar la ciudad (17 de mayo), abriéndose de esta forma paso a la capital. Ante esta situación, Benito Juárez se vio forzado a trasladar su gobierno, primero, a San Luis Potosí y, más tarde, a El Paso (actualmente, Ciudad Juárez). En el mes de junio los franceses tomaron la Ciudad de México y, a continuación, las demás poblaciones importantes del país.
Tras ocupar la “Ciudad de los palacios”, los europeos convocaron una asamblea de notables, la cual se encargaría de proclamar el imperio, en julio de 1863. El trono fue entregado a Maximiliano, el archiduque de Austria, quien llegó a México el 28 de mayo del año siguiente. Éste regiría el país hasta el 19 de junio de 1867, cuando fue fusilado por los republicanos al pie del Cerro de las Campanas, Querétaro. Con su muerte se ponía fin al Segundo Imperio y la segunda intervención francesa en el territorio nacional.

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