Salvador Rodríguez López

Así como en gustos se rompen géneros, en política ocurre lo mismo. Depende de lo que se pretenda hacer, pero invariablemente quien busca algo mejor o algo diferente no importa lo que tenga que hacer y a lo que deba enfrentarse, la cuestión es lograr los fines que se ha propuesto, así deba despegarse de sus pares e incluso, llegado el caso, desafiarlos.

Algo parecido se fragua al interior del Partido Acción Nacional ante el avasallamiento de una aspirante, para ello atisban su desarrollo varios partidos “para lo que se ofrezca”, lo que puede derivar en una lucha fraticida por hacerse de la gubernatura.

Los seguidores del senador Juan Antonio Martín del Campo están convencidos que en las actuales circunstancias no podrán arrebatarle la candidatura a María Teresa Jiménez, por lo que plantean que se la juegue por otro organismo. Fundamentan su postura en que por segunda vez el legislador podría quedar fuera de la postulación, luego que en 2016 cedió su lugar al actual mandatario Martín Orozco, por lo que ha llegado el momento de definir si espera otros seis años o cambia de carril.

Está más que cantado el apoyo que recibe Jiménez del actual jefe nacional Marko Cortés, por lo que será difícil que acepte que localmente se lleve a cabo la nominación, de ahí que consideran que lo mejor es liar bártulos y buscar el apoyo de otras siglas. De ocurrir así provocaría un boquete en el panismo que puede favorecer a quien represente los intereses morenistas y estarían al asecho los priistas.

El senador Martín del Campo no ha emitido un pronunciamiento sobre la actitud que asumiría si lo vuelven a dejar a la vera del camino. Entiende que posiblemente esta puede ser la última oportunidad que tiene de ser el titular del Poder Ejecutivo, aunque podría aguantar otros seis años y seguir haciendo talacha para hacer cumplir la frase de que “el que persevera alcanza”.

Quienes no están dispuestos a esperar más tiempo son sus simpatizantes, que miran como un desacierto que se pretenda dejarlo fuera, y menos que no le den la oportunidad de competir en una elección interna en que gane quien tenga más simpatías entre la militancia.

Mientras el legislador define su futuro, hay movimiento en una de las colectividades que se relamen los bigotes en sólo pensar que podrían dar el campanazo, logrando un triángulo con Jalisco y Nuevo León, aunque para ello tenga que prescindir de quien todavía sueña con volver a ser candidato, pese al revés que recibió cuando se fue por la libre y más recientemente al tratar de regresar por sus fueros a la alcaldía.

Alguien dijo que en política no está dicha la última palabra, por lo que todo puede suceder, sea que Juan Antonio Martín del Campo se discipline y acepte ser uno más de la tropa, o decida buscarla a través de otro partido, pero que el ambiente empieza a calentarse eso ni duda cabe.

ELUCUBRACIONES

Buena la armó la priista jubilada Lorena Martínez, al considerar que podría haber un acuerdo político con otros partidos, sin que necesariamente sea el PRI quien lleve la voz cantante. El virtual apoyo a la ex alcaldesa María Teresa Jiménez tiene un significado mayor del que se le dio en su momento, porque podría ir el tricolor en el cabús junto con el PRD, socio incondicional de los panistas, conformándose con lo que caiga de la mesa.

Por una parte el Revolucionario Institucional seguirá un año más con la misma directiva, impuesta por el Comité Ejecutivo Nacional y ratificada recientemente, pese a los funestos resultados que se tuvieron el pasado 6 de junio, por lo que sólo le queda la opción de fungir como camarero de quien alguna vez fue su principal adversario.

En radio pasillo se manejó la posibilidad que Lorena fuera otra vez candidata a la gubernatura y sin que lo desmienta menciona que podría darse un convenio en que el PRI participe en apoyo de quien cabalga en yegua de hacienda, lo que reeditaría el acuerdo nacional de las pasadas elecciones federales, en la que fueron juntos PAN, PRD y PRI y ratificado con miras a los trabajos que harán en la Cámara de Diputados.

Aunque se había mantenido alejada de las actividades públicas luego que declaró en 2017 que se consideraba una política en retiro, finalmente reapareció en una visita al comité estatal, mismo que alguna vez presidió, en la que planteó los propósitos que la animan para salir del aislamiento, con lo que se cumple un comentario que hizo en los últimos días de su mandato el fallecido gobernador Miguel Ángel Barberena Vega, de que un político nunca deja de hacer política.

Se desconoce qué temas trató con el actual delegado del CEN y presidente en funciones del CDE, pero debió ser algo trascendente como para que se hubiera animado a salir del enclaustramiento, porque después de esta reunión hizo alusión al triunvirato partidista.

Independientemente de que se cumpla ese propósito, es lamentable la situación en que se encuentra el PRI, que lejos de trabajar por rehacer sus cuadros prefiere mirar los toros desde la barrera y hacer lo que otros partidos sin pasado, conformarse con las migajas que quedan en el mantel azul. Resulta difícil de entender, que aún cuando conserva su estructura no sea capaz de cambiar, modificar, corregir o evolucionar, simplemente su dirigencia está por rutina, sólo esperando la mesada que envía el Instituto Estatal Electoral.

CONVENCIDO

El ex gobernador José Refugio Esparza Reyes fue un priísta que demostró con hechos que la militancia no tiene que ser de dientes para afuera, ni transitoria y menos por conveniencia, sino con fidelidad, entrega, lealtad y sinceridad. Sin estos elementos lo que se hace es falsear una participación, mirando por el interés y el beneficio propio. Fue una persona ejemplar y tan fue así que hace unos días el Gobierno del Estado le rindió un homenaje por el centenario de su nacimiento. El mandatario estatal panista Martín Orozco Sandoval reconoció que fue “congruente de principio a fin”, por lo que es de los seres que dejan huella, que son un ejemplo a seguir y que ha sido inspiración en la actual administración. Para el ciudadano común que lo conoció y trató fue un modelo de ciudadano, que después de haber concluido su sexenio continuó su rutina, por lo que durante varios años fue común verlo sentado en una banca de la plaza de armas junto con su esposa María de Jesús Reyes de Esparza. Le agradaba ver el paso de las personas y a los niños correr, era como el alimento que nutría a este matrimonio que por décadas fueron maestros de escuela y ya retirados disfrutaban de la vida. En su sencillez estaba la nobleza de su espíritu y cuando se requería no dudaba en reconvenir a un conocido que desviaba el objetivo de su función, además en sus pláticas denotaba que estaba al día de los sucesos que registraban Aguascalientes y el país, por lo que siempre estaba al tanto. Digno homenaje a un hombre que dejó muy en alto la carrera magisterial y supo ser un político entregado, sin llegar al apasionamiento.